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lunes 4 de enero de 2010

LOS ELEMENTOS DEL REINO - ULTIMOS APORTES

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Video: Antoni Tápies - Obra referida

ÚLTIMOS APORTES

En este número

Paul Johnson: Al diablo con Picasso Gabriel Fuster: Texto sobre Palmeras Borrachas de sol

de Mariana Pazos Ignacio García Vigilaré tu sueño

EVENTOS EN EL PUERTO

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LOS ELEMENTOS DEL REINO

Gabriel Fuster: Texto sobre Palmeras borrachas de sol de Mariana Pazos

Gabriel Fuster Texto sobre Palmeras borrachas de sol de Mariana Pazos PALMERAS BORRACHAS DE SOL Un arpa es un piano desnudo, como un piano es un arpa en un ataúd. Doña Leticia Figueroa ha heredado una gran suma de dinero, lo que la pone en la situación de cumplir sus caprichos, precisamente uno muy ambicioso. Toda su vida ella quiso tocar el arpa en una gran fiesta, con selecciones de Mozart. El hecho de no saber leer música no la detiene. Ella compra un arpa del s. xvii, la afina con la llave que abre su casa, sin alterar la colocación de los muebles y los cuadros, y toma inspiración sobre los cuatro horizontes verticales. En el primer intento, los dedos se le enredan entre las cuerdas y queda prisionera como una mosca dentro una telaraña. En el segundo intento, la diva da a pulsar una misma cuerda constante, la cuerda de Sol. Al tratar el regreso de la escala, da clara cuenta del nivel de dificultad en el instrumento. Sin la apropiada guía del atril, sus intentos provocan la suficiente cacofonía para hacer caer las orejas, luego decide regresar a la cuerda primera y mantener el sonsonete, hasta que el fino hilo da de sí. En el tercer intento, el corazón se encoge y anhela su propia ventana, permitiendo a la vegetación animar con sus palmas, cuando escuchan un poco de Debussy y Ravel, desde un balcón. La mujer se desenvuelve en la obscuridad. No importa. ¿Cómo cambia una diva una bombilla? Se agarra del foco y el mundo entero gira alrededor de ella. Los débitos del testamento, incapaces de soportar un punteo más, deciden dar fin al concierto con un cocotazo. Pasado el golpe, el rostro de la artista se contorsiona y pregunta: Muy bien, ¿Quién interrumpió mi recital? Las palmeras borrachas de Sol, Sol, Sol, Sol, Sol, Sol. Si.

Ignacio García: Vigilaré tu sueño

Foto: Germán Herrera
VIGILARÉ TU SUEÑO Ignacio García
Para Ana Alesi, finalmente Un día me darás la otra orilla de tu vida, aún cuando hoy no la tienes todavía. Quiero vigilar tu sueño, en vigilia o a bengala nocturna Cerca de tu cuerpo, la flama en el oído: esa explosión perfecta al interior de tu alma A objeto elegido, sin titubeos ni tardanza, a tiempo abierto besaré tus labios para caer donde Dios labró tus juramentos A puerta cerrada y un mechón de luz como cobija, te quiero vigilar a hurtadillas, sin ánimo ni espera quemar tus ojos con vehemencia y hacer de esa luz hinchada y un vacío un eje para encenderte a lo largo de mi poesía Quiero poner un clavel en tu estrella Uno sin piel, sin aroma y sin esencia (más lleno de pólvora y no de vino) Con una nota explosiva entre sílaba y comisura: --Es decir, un himno irreverente: ¡Cuánto me ha costado tu ausencia! Vigilaré, si quieres, la orquídea donde duermes, sueñas y escribes (entre álgebra, geometría y arlequines) de una espada y un paraíso, para así probar: “El hierro era anterior a tus letras y delirios” (Es decir: a mis propios sueños de escriba)
Quizá es por ello que un despertar es como nunca haber vivido Quiero rondar la esquina de tus muslos, apostarme con fusil y pañuelo debajo de tus párpados No ya con ese amor secreto y sin objeto sino consciente de dónde he puesto en ti mis palabras Doblar tu piel y envolverme en ella, soñar así contigo hasta el cansancio, y saber que vigilé cada palabra tuya –a oído de sordo ojos ciegos, piel sensible, lengua ardiente (tinta, sal, vino y sangre): esquirlas hechas de amor que tanto de ti le pueden al corazón del Estratega

Paul Johnson: Al diablo con Picasso

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Hace algún tiempo publicamos una reseña del libro de Paul Johnson de título LOS INTELECTUALES. Del mismo autor, irreverente hasta el delirio, presentamos este texto en el que el autor arremete contra uno de los, considerados, más grandes pintores del siglo XX. El lector tiene la última palabra y la oportunidad de rebatir a Paul, el iconoclasta. (I.G.)

PAUL JOHNSON – AL DIABLO CON PICASSO

La semana pasada, Andrew Lloyd Webber admitió que fue él quien pagó 29 millones de dólares por el Retrato de Ángel de Soto (1903) de Picasso. Tal como viene se va: si uno amasa una fortuna escribiendo melodías que evocan otras que la gente oyó antes, ¿por qué no derrochar una parte en el estafador artístico de mayor éxito del siglo? Webber, asombrosamente, llegó a Picasso a través de los prerrafaelistas. Sólo vio el retrato tres días antes del remate de Sotheby, así que fue una compra impulsiva. Se propone colgarlo junto a Burne-Jones. Picasso declaró que admiraba a Burne-Jones y recibió gran influencia de su línea y su color. Pero Picasso dijo muchas mentiras, por diversos motivos, y creo que esto sólo era cháchara andaluza. No veo la conexión. Burne-Jones era un gran artista, que alcanzó su mejor actuación tardíamente, después de ingentes esfuerzos. Habría despreciado a Picasso desde el fondo de su corazón. Si yo colgara un Picasso al lado de mis cuadros de Burne-Jones, esperaría que alzaran una estridente objeción, tal como suelen hacer los buenos cuadros. Este retrato en especial siempre me hace reír. Es tan confuso que a menudo lo reproducen al revés. Ángel era uno de dos hermanos (el otro era escultor) a quien Picasso pintó en su época de Barcelona. Ángel era un sujeto haragán que fingía pintar pero en realidad no hacía más que beber e irse de juerga, ¿pero qué hizo para merecer esta caricatura? En ocasiones Picasso se dedicaba a hacer retratos de Ángel. Cuatro años antes del cuadro que compró Webber, pintó un triste boceto al óleo de Ángel con resaca-ahora en una colección privada- y hay un revelador dibujo en carbón del joven; este dibujo ha desaparecido, pero sospecho que ambos son bastante similares. Además, el Museu Picasso de Barcelona tiene dos dibujos de Ángel, bebiendo en un café y practicando una masturbación mutua con una prostituta. No tienen mérito pero son reveladores. El trabajo por el cual Webber ha pagado tanto, en cambio, no tiene nada de recomendable. Es un borrón torpe y no se sabe qué es más objetable, si el pésimo color, la perezosa chapucería de las pinceladas o el mal dibujo. Sé que los "expertos" dicen -y se repite hasta el hartazgo en los salones de moda- que Picasso era un bocetista consumado. Es verdad que algunos dibujos son mejores que otros. Pero la Barcelona de principios de siglo abundaba en magníficos bocetistas, y ningún trabajo de Picasso se aproxima a Casad, Rusiñol o Ribera, por mencionar sólo tres. No había nada de especial en los dibujos de Picasso, ni siquiera cuando se esforzaba, cosa que no hacía a menudo, y los resultados invitan al pastiche fácil. Conozco a una joven, una genuina maestra del boceto -sus sombras en sfumato provocarían cosquilleos a Sir Ernst Gombrich- que se mofa de sus amigos pretenciosos haciendo "Picassos" con una pluma sujeta a un vibrador. Los llama prickassos. En el mejor de los casos, los dibujos de Picasso no son recomendables, y el Ángel de Webber es horrible. Tal vez estaba ebrio. Para empezar, el cristal de la mesa está fuera de la vertical y un lado guarda poca relación con el otro. Su perspectiva provoca inquietud, y el brillo y las sombras no tienen sentido visual. (Si alguien quiere ver cómo se pinta esta clase de vaso, que mire el Aguador de Sevilla de Velázquez, que hoy se cuenta entre las naturalezas muertas españolas que está exhibiendo la National Gallery.) Luego está Ángel, pobrecillo. Su brazo izquierdo parece extenderse hacia el vacío y está sujeto al cuerpo por un milagro de cirugía plástica, pues no guarda ninguna relación con la anatomía. El brazo derecho parece más normal pero es torpe y demasiado grande. Ambas manos -Picasso no sabía pintar manos- tienen dedos de salchicha cruda, que dan ganas de pedir una sartén. El índice de la mano derecha es una garra monstruosa y el pulgar ha desaparecido misteriosamente, o está sujeto a la palma de un modo doloroso. Esto explica por qué Ángel tiene tantas dificultades para sostener la pipa, si es una pipa y no uno de esos palillos gigantes que se vendían en las Ramblas a fin de siglo. Si Ángel está contrariado, y obviamente lo está, ¿quién puede culparlo? Los ojos miran en diferentes direcciones y están incrustados dolorosamente en las órbitas. La mitad del pómulo izquierdo se ha podrido y parece tener un flemón gigante que le tuerce la comisura derecha de la boca y causa estragos en la mejilla. ¡Y esa oreja derecha! ¿Por qué se la cortaron de la cabeza y la pegaron al lado inferior de la mandíbula? Ninguna explicación. Pero le debió de doler mucho. John Richardson, hagiógrafo oficial de Picasso, explica todo esto diciendo que las "deformaciones" son deliberadas, y permiten al Maestro trascender las formas normales del retrato y "calar más hondamente en el carácter". Picasso había "aprendido a explotar su talento inherente para la caricatura profunda como modo de dramatizar los rasgos psicológicos y fisonominales [sic]". Esta obra, dice Richardson, nos dice todo sobre Ángel y además está "electrizada" con la "energía psíquica" del propio Picasso. El gran hombre "interioriza las cosas y produce una caracterización realzada de su modelo". En fin, en palabras de Mandy Rice-Davies, ¿qué otra cosa puede decir? Si presentamos a nuestro hombre como el mejor pintor de todos los tiempos, hay que acumular verborragia. El mercado del arte no se rige por la calidad sino por la rareza y la moda. La mayoría de los azules de Picasso ya están irrevocablemente encerrados en museos, y su Ángel era el primero en salir al mercado en cinco años. De ahí el alto precio con que se cotizó, aunque hasta los conocedores quedaron escandalizados por esa enormidad. Los marchands han preparado hábilmente el mercado Picasso durante tres generaciones y ello explica por qué el precio se mantiene alto. Lo mismo sucede en el negocio de los timbres postales. Algunos Penny Blacks y Cape Triangles no son más raros que los demás sellos pero alcanzan precios altos porque los vendedores les han dado celebridad. En su nuevo libro History Comes to Life: Collecting Historical Letters and Documents (Oklahoma University Press), mi amigo Kenneth Rendell, tal vez la mayor autoridad viviente en autógrafos y hológrafos, explica cómo y por qué el factor celebridad a menudo pesa más que el valor rareza. La moda Picasso hace que los compradores paguen más, así como el culto de Churchill transforma en oro su firma en una foto. El otro día vi una que se vendía por 12.000 libras. El pago de 29 millones de dólares por el retrato de Ángel nos dice mucho sobre la manía de los coleccionistas, pero no tiene nada que ver con el arte.

miércoles 30 de diciembre de 2009

Regina Brett:45 Consejos para comenzar

Tomado de la columna peridística de Regina Brett, 90 años, de "The Plain Dealer", Cleveland , Ohio. "Para celebrar la llegada a mi edad avanzada , una vez escribí las 45 lecciones que la vida me ha enseñado. Es la columa más solicitada que jamás había escrito. Mi odómetro llegó a los 90 en agosto, así que aquí les va la columna una vez más": 1. La vida no es justa, pero aún así es buena. 2. Cuando tengas duda, sólo toma el siguiente paso pequeño. 3. La vida es demasiada corta para perder el tiempo odiando a alguien. 4. Tu trabajo no te cuidará cuando estés enfermo. Tus amigos y familia sí. Manténte en contacto. 5. Liquida tus tarjetas de crédito cada mes. 6. No tienes que ganar cada discusión. Debes estar de acuerdo en no estar de acuerdo. 7. Llora con alguien. Alivia más que llorar solo. 8. Está bien si te enojas con Dios. El lo puede soportar. 9. Ahorra para el retiro comenzando con tu primer cheque de nómina. 10. Cuando se trata de chocolate, la resistencia es inútil. 11. Haz las paces con tu pasado para que no arruine el presente.. 12. Está bien permitir que tus niños te vean llorar. 13. No compares tu vida con otros. No tienes ni idea de lo que se trata su travesía. 14. Si una relación tiene que ser secreta, no debes estar en ella. 15. Todo puede cambiar en un parpadear de ojos. Pero no te preocupes, Dios nunca parpadea. 16. Respira profundamente. Esto calma la mente. 17. Elimina todo lo que no sea útil, hermoso o gozoso. 18. Si algo no te mata, en realidad te hace más fuerte. 19. Nunca es demasiado tarde para tener una niñez feliz. Pero la segunda depende de tí y de nadie más. 20. Cuando se trata de persguir aquello que amas en la vida, no aceptes un " no" por respuesta. 21. Enciende las velitas, utiliza las sábanas bonitas, ponte la lencería cara. No la guardes para una ocasión especial. Hoy es especial. 22. Preparate de más, y depués sigue la corriente. 23. Sé excéntrico ahora. No te esperes a ser viejo para usar el morado. 24. El órgano sexual más importante es el cerebro. 25. Nadie está a cargo de tu felicidad, más que tú. 26. Enmarca todo llamado "desastre" con estas palabras: "En cinco años, ¿esto importará?" 27. Siempre elige vida. 28. Perdónale todo a todos. 29. Lo que las otras personas piensen de ti no te incumbe. 30. El tiempo sana casi todo. Dale tiempo al tiempo. 31. Por más buena o mala que sea una situación, algún día cambiará. 32. No te tomes tan en serio. Nadie más lo hace. 33. Cree en los milagros. 34. Dios te ama por lo que Dios es, no por lo que hayas hecho o dejado de hacer. 35. No audites la vida. Sólo llega y aprovéchala al máximo hoy. 36. Llegar a viejo es mejor que la alternativa--- morir joven. 37. Tus niños sólo tienen una niñez. 38. Todo lo que verdaderamente importa al final es que hayas amado. 39. Sal todos los días. Los milagros están esperando en todas partes. 40. Si todos apilaramos nuestros problemas y vieramos los montones de los demás, rápido arrebataríamos de regreso los nuestros. 41. La envidia es una pérdida de tiempo. Tú ya tienes todo lo que necesitas. 42. Lo mejor está aún por llegar. 43. No importa cómo te sientas... párate, arréglate y preséntate. 44. Cede. 45. La vida no está envuelta con un moño, pero sigue siendo un regalo.

Alejandro Hernández López: El próximo combate del mundo

El próximo combate en el mundo. Alejandro Hernández López
Una cruzada contra el desequilibrio climático ha empezado ocupando su terreno más propio: el arte. La tierra está al borde de las lágrimas, hay lamentos y quejidos. En su defensa pretendemos un mundo de sumas mejoradas. SEVENMETERS (IN MEXICO), Art Project, ejecutado en Copenhague, Dinamarca por Jens Galschiot y adaptado para la ciudad de Xalapa, Veracruz, México, por el artista Emmanuel Cruz, se realizó en el paseo de los lago el sábado 12 de diciembre de 2009. “Si todo el hielo de Groenlandia se derrite el nivel del mar aumentará 7 metros. Esta es una de las consecuencias a largo plazo del calentamiento climático. Sevenmeters es un proyecto de arte que gira en torno al tema, nace en Dinamarca iniciado por el escultor y activista Jens Galschiot, su objetivo es crear un gran símbolo con una línea de luces rojas parpadeantes alrededor del Bella Center, lugar donde se llevará a cabo dicha reunión -del 7 al 18 de diciembre- estas serán colocadas a una altura de siete metros”. Una cosa si es verdad y de ella hay que partir: el cuerpo es la única vía de acceso al conocimiento. Aquí no se trató sobre las relaciones entre la percepción y el pensamiento, o la función del lenguaje. En el paseo de Los Lagos en la ciudad de Xalapa, durante el Performance Danza Aérea, nuestros cuerpos, los cuerpos de Javier Santos y Enrique Vásquez, entre luces rojas parpadeantes a siete metros de altura, como Jens Galschiot con “sencillez, con la dificilísima sencillez” colocaron nuestra atención en los problemas de sobrepoblación, agotamiento de recursos, deforestación y contaminación pandémica del agua, la tierra y el cielo. No hay duda de que toda muestra de arte resulta de la transmutación de la experiencia personal del creador. “¿Puedes cambiar el clima usando luces rojas? ¡No! – pero podemos crear un movimiento y simbolizar que estamos preparados para un cambio en nuestro consumo, y que creemos que los políticos no están haciendo lo suficiente”. Relámpagos rojos intervinieron el águila dorada y el palo volador, fueron el inició del sonido luminoso de los tambores de alerta, “traen nuevas lecturas”, dice Emmanuel Cruz, coordinador del evento desde Copenhague, Dinamarca. Es difícil encontrar una simbología que no establezca un juego de extremos que con su sola presencia trace ejes y coordenadas, y así haga posible la interpretación. Blanco / Negro, Luz / oscuridad, día / noche, opresión/ libertad, anotaba José María Espinasa y nos hacía entender “Muchas veces lo único que oye el poeta es el latido de su corazón llevando la cuenta de los minutos”. Una luz roja parpadeante es un símbolo de alerta, de precaución ante el peligro de la tierra. Su extremo: unirnos hasta que se revele la tinta invisible de la realidad. Alejandro Hernández López Escritor y promotor cultural Xalapa, Veracruz, México barrenador@yaho.com
Domingo 13 de diciembre de 2009

Gabriel Fuster: Texto sobre una imágen de Mariana Pazos

Gabriel Fuster Texto sobre una imágen de Mariana Pazos IGUANA VERDE
Yo necesitaba de un ritual para desplegar sonidos primitivos del vientre y evocar una forma de vida que en su fabulosa metamorfosis, fuera en búsqueda del origen hasta un grito de soles que se pierde en lo vasto, reconociendo el rostro ennegrecido de la expansión del universo con la visión de la iguana. Para encontrarlo, conduje mi jeep por un calor nunca soportado hasta las mesetas de Durango, acompañado de los probables descendientes del peyote en Avándaro. Desde el pasado de nuestros ojos, podríamos ser buenos amigos de los carrujos y los porros, cuando estos se nos acercan a pedir un aventón, pero es mucha vuelta para decir humildemente necesito amor. Finalmente, acorde a los laberintos de una línea, dejamos nuestros vehículos atrás y escalamos con mochila a la espalda hasta la cueva del gurú. En el interior, el maestro se ve tan iluminado que todos se reacomodan sus gafas de sol. -Deja que el viento y la tierra te hablen – comenta el gran chamán. Yo lo intento, elevándome a la repetición de mantras. -¿Bien, que te dicen? -No estoy seguro aún. No percibo nada –respondo -Estas razonando de nuevo, hijo. No pienses nada, deja tu mente en blanco. A ras de tus entrañas se halla el poder para entender. Yo me concentro de nuevo. Esta vez escucho las voces. -Ignora a ese estúpido brujo –me dicen ellas, en un susurro.

George Bataille: El lenguaje de las flores

GEORGE BATAILLE
EL LENGUAJE DE LAS FLORES
Es vano considerar en el aspecto de las cosas únicamente los signos inteligibles que permiten distinguir elementos diversos. Lo que afecta a los ojos humanos no determina solamente el conocimiento de las relaciones entre los diferentes objetos, sino también cierto estado mental decisivo e inexplicable. De modo que la visión de una flor denota, es verdad, la presencia de esa parte definida de una planta; pero es imposible detenerse en ese resultado superficial: en efecto, la visión de la flor provoca en la mente reacciones de consecuencias mucho mayores debido a que expresa una oscura decisión de la naturaleza vegetal. Lo que revelan la configuración y el color de la corola, lo que descubren las máculas del polen o la lozanía del pistilo, sin duda no puede ser expresado adecuadamente por medio del lenguaje; sin embargo, es inútil desatender, como generalmente se hace, esa inexpresable presencia real y rechazar como un absurdo pueril ciertas tentativas de interpretación simbólica. Que la mayoría de las yuxtaposiciones del lenguaje de las flores tienen un carácter fortuito y superficial es algo que se podría prever aun antes de consultar la lista tradicional. Si el diente de león significa expansión, el narciso egoísmo o el ajenjo amargura, vemos la razón con demasiada facilidad. Obviamente no se trata de una adivinación del sentido secreto de las flores, y de inmediato discernimos la propiedad bien conocida o la leyenda que se debió utilizar. Por otro lado, en vano buscaríamos aproximaciones que manifiesten de una manera contundente la inteligencia oscura de las cosas que estamos considerando. Poco importa, en suma, que la aguileña sea el emblema de la tristeza, el dragón de los deseos, el nenúfar de la indiferencia... Parece oportuno reconocer que esas aproximaciones pueden ser renovadas a voluntad, y basta con reservar una importancia primordial a interpretaciones mucho más simples: como las que vinculan la rosa y el euforbio con el amor. Sin duda, no es que esas dos flores exclusivamente puedan designar el amor humano: aun si hay una correspondencia más exacta (como cuando se le hace decir al euforbio esta frase: "Usted ha despertado mi corazón", tan conmovedora, expresada por una flor tan equívoca), es a la flor en general, antes que a tal o cual de las flores, a la que se ha intentado atribuir el raro privilegio de declarar la presencia del amor. Pero tal interpretación corre el riesgo de parecer poco sorprendente: en efecto, el amor puede ser considerado desde el principio como la función natural de la flor. De modo que la simbolización se debería también en este caso a una propiedad precisa, no al aspecto que afecta oscuramente la sensibilidad humana. No tendría entonces sino un valor puramente subjetivo. Los hombres habrían relacionado la eclosión de las flores y sus sentimientos debido a que en ambos casos se trata de fenómenos que preceden a la fecundación. El papel otorgado a los símbolos en las interpretaciones psicoanalíticas co-rroboraría además una explicación de ese orden. En efecto, casi siempre es una relación accidental lo que da cuenta del origen de las sustituciones en los sueños. Es bastante conocido, entre otros, el sentido dado a los objetos según sean puntiagudos o huecos. Nos libraríamos así fácilmente de una opinión según la cual las formas exteriores, ya sean seductoras u horribles, revelarían en todos los fenómenos algunas decisiones capitales que las decisiones humanas se limitarían a amplificar. De modo que se debería renunciar inmediatamente a la posibilidad de sustituir la palabra por el aspecto como elemento del análisis filosófico. Pero sería sencillo mostrar que la palabra sólo permite considerar en las cosas los caracteres que determinan una situación relativa, es decir, las propiedades que permiten una acción exterior. No obstante, el aspecto introduciría los valores decisivos de las cosas... En lo que concierne a las flores, se advierte en primer término que su sentido simbólico no deriva necesariamente de su función. Es evidente, en efecto, que si se expresa el amor por medio de una flor, será la corola, antes que los órganos útiles, la que se vuelva signo del deseo. Pero también puede oponerse una objeción capciosa a la interpretación a partir del valor objetivo del aspecto. En efecto, la sustitución de elementos esenciales por elementos yuxtapuestos concuerda con todo lo que sabemos espontáneamente sobre los sentimientos que nos animan, ya que el objeto del amor humano nunca es el órgano, sino la persona que le sirve de soporte. Así sería fácilmente explicable la atribución de la corola al amor: si el signo del amor es desplazado del pistilo y de los estambres a los pétalos que los rodean, es porque la mente humana está habituada a realizar ese desplazamiento cuando se trata de personas. Pero aunque haya un paralelismo indiscutible entre ambas sustituciones, habría que imputarle a alguna Providencia pueril una preocupación singular por responder a las manías de los hombres: cómo explicar en efecto que esos elementos de ostentación que automáticamente sustituyen en la flor a los órganos esenciales se hayan desarrollado precisamente de una manera brillante. Evidentemente sería más simple reconocer las virtudes afrodisíacas de las flores, cuyo aroma y cuya contemplación despiertan desde hace siglos los sentimientos amorosos de las mujeres y los hombres. En la primavera algo se propaga en la naturaleza de una manera rebosante, de la misma manera que los estallidos de risa aumentan progresivamente, cada uno provocando o haciéndose eco del otro. Muchas cosas pueden transformarse en las sociedades humanas, pero nada prevalecerá contra una verdad tan natural: que una hermosa muchacha o una rosa roja significan el amor. Una reacción totalmente inexplicable, totalmente inmutable, atribuye a la muchacha y a la rosa un valor muy diferente: el de la belleza ideal. Existe en efecto una multitud de flores bellas, incluso la belleza de las flores es menos rara que la de las muchachas y es característica de ese órgano de la planta. Sin duda, es imposible dar cuenta por medio de una fórmula abstracta de los elementos que pueden darle esa cualidad a la flor. Sin embargo, no deja de ser interesante observar que cuando se dice que las flores son bellas es porque parecen conformes a lo que debe ser, es decir, porque representan, porque son el ideal humano. Al menos a primera vista y en general: en efecto, la mayoría de las flores sólo tienen un desarrollo mediocre y apenas se distinguen del follaje, algunas incluso son desagradables cuando no repulsivas. Por otra parte, las flores más bellas se deslucen en el centro por la mácula velluda de los órganos sexuados. De modo que el interior de una rosa no se corresponde para nada con su belleza exterior, y si uno arranca hasta el último de los pétalos de la corola, no queda más que una mata de aspecto sórdido. Es cierto que otras flores presentan estambres muy desarrollados, de innegable elegancia, pero si una vez más apeláramos al sentido común, notaríamos que esa elegancia es demoníaca: como ciertas orquídeas carnosas, plantas tan ambiguas que se ha intentado atribuirles las más turbias perversiones humanas. Pero aun más que por la suciedad de los órganos, la flor es traicionada por la fragilidad de su corola: de modo que lejos de responder a las exigencias de las ideas humanas, es el signo de su fracaso. En efecto, tras un período de esplendor muy corto, la maravillosa corola se pudre impúdicamente al sol, convirtiéndose así para la planta en una escandalosa deshonra. Extraída de la pestilencia del estiércol, aunque haya parecido escapar de allí en un impulso de pureza angelical y lírica, la flor parece bruscamente retornar a su basura primitiva: la más ideal es rápidamente reducida a un andrajo de inmundicia aérea. Porque las flores no envejecen honestamente como las hojas, que no pierden nada de su belleza aun después de que han muerto: se marchitan como viejas remilgadas y demasiado maquilladas y revientan ridículamente sobre los tallos que parecían llevarlas a las nubes. Es imposible exagerar las oposiciones tragicómicas que se destacan a lo largo de ese drama de la muerte indefinidamente representado entre tierra y cielo, y es evidente que sólo podemos parafrasear ese duelo irrisorio introduciendo, no tanto como una frase sino más exactamente como una mancha de tinta, esta empalagosa banalidad: que el amor tiene el aroma de la muerte. En efecto, pareciera que el deseo no tiene nada que ver con la belleza ideal, o más exactamente que se ejerce únicamente para ensuciar y ajar esa belleza que para tantas mentes sombrías y ordenadas no es más que un límite, un imperativo categórico. Concebiríamos así la flor más admirable, sin seguir el palabrerío de los viejos poetas, no como la expresión más o menos insulsa de un ideal angélico, sino todo lo contrario, como un sacrilegio inmundo y resplandeciente. Hay que insistir en la excepción que al respecto representa la flor en la planta. Efectivamente, en su conjunto, la parte exterior de la planta -si seguimos aplicando el método de interpretación que introdujimos aquí- reviste una significación sin ambigüedad. El aspecto de los tallos cubiertos de hojas suscita generalmente una impresión de potencia y de dignidad. Sin duda, las locas contorsiones de los zarcillos, los singulares desgarramientos del follaje, atestiguan que no todo es uniformemente correcto en la impecable erección de los vegetales. Pero nada contribuye más fuertemente a la paz del corazón, a la elevación espiritual y a las grandes nociones de justicia y de rectitud que el espectáculo de los campos y de los bosques, y las partes ínfimas de la planta, que manifiestan a veces un verdadero orden arquitectónico, contribuyen a la impresión general. Pareciera que ninguna fisura, podríamos decir estúpidamente que ningún gallo, perturba de manera notable la armonía decisiva de la naturaleza vegetal. Las mismas flores, perdidas en ese inmenso movimiento del suelo hacia el cielo, quedan reducidas a un papel episódico, a una diversión además aparentemente incomprendida: no pueden más que contribuir, rompiendo la monotonía, a la seducción ineluctable producida por el impulso general de abajo hacia arriba. Y para destruir la impresión favorable, haría falta nada menos que la visión fantástica e imposible de las raíces que hormiguean bajo la superficie , repugnantes y desnudas como lombrices. En efecto, las raíces representan la contrapartida perfecta de las partes visibles de la planta. Mientras que éstas se elevan noblemente, aquéllas, innobles y viscosas, se revuelcan en el interior del suelo, enamoradas de la podredumbre como las hojas de la luz. Hay que señalar además que el valor moral indiscutido del término bajo es solidario con esta interpretación sistemática del sentido de las raíces: lo que está mal es necesariamente representado en el orden de los movimientos por un movimiento de arriba hacia abajo. Es un hecho imposible de explicar si no se atribuye una significación moral a los fenómenos naturales, de los cuales se ha tomado dicho valor precisamente en razón del carácter evidente del aspecto, signo de los movimientos decisivos de la naturaleza. Por otra parte, parece imposible eliminar una oposición tan flagrante como la que diferencia el tallo de la raíz. Una leyenda en particular comprueba el interés mórbido que siempre existió, más o menos acentuado, hacia las partes que se hundían en la tierra. Sin duda, la obscenidad de la mandrágora es fortuita, como lo son la mayoría de las interpretaciones simbólicas particulares, pero no es casual que una acentuación de ese orden que tiene como consecuencia una leyenda de carácter satánico se refiera a una forma evidentemente innoble. Por otro lado, son conocidos los valores simbólicos de la zanahoria y del nabo. Era más difícil mostrar que la misma oposición aparecía en un punto aislado de la planta, en la flor, donde adquiere una significación dramática excepcional. No puede presentarse duda alguna: la sustitución por formas naturales de las abstracciones generalmente empleadas por los filósofos parecerá no solamente extraña, sino absurda. Probablemente importe bastante poco que los mismos filósofos a menudo hayan debido recurrir, si bien con repugnancia, a términos que toman su valor de la producción de esas formas en la naturaleza, como cuando hablan de bajeza. Ninguna obcecación estorba cuando se trata de defender las prerrogativas de la abstracción. Esa sustitución correría además el riesgo de llevar muchas cosas demasiado lejos: en primer lugar, de allí resultaría una sensación de libertad, de libre disponibilidad de uno mismo en todos los sentidos, absolutamente insoportable para la mayoría; y un escarnio perturbador de todo aquello que, gracias a miserables elusiones, aún es elevado, noble, sagrado... Todas esas cosas bellas, ¿no correrían el riesgo de verse reducidas a una extraña puesta en escena destinada a consumar los sacrilegios más impuros? Y el gesto inquietante del marqués de Sade encerrado con los locos, que se hacía llevar las más bellas rosas para deshojar sus pétalos sobre el estiércol de una letrina, ¿no cobraría en tales condiciones un alcance abrumador? Extraído de Bataille, Georges (2003): La conjuración sagrada: ensayos 1929-1939, Buenos Aires, Adriana Hidalgo. (Subido a Factor Serpiente por Isaías Garde)

lunes 28 de diciembre de 2009

María Isabel Lorenzo: POEMAS

MARÍA ISABEL LORENZO
DOS POEMAS
LUISITA Maite tiene un vacio que le ocupa todo el pecho entre el desarraigo y tu ausencia ha tocado las puertas del infierno Desgajada de todo, se vuelve piedra, canto, roca, mece palabras, repite deseos donde ahogar sus miedos En la oquedad, lacrado con tus besos su corazón inexpugnable exhala tu nombre, impregna el ambiente ecos de llagas invisibles, dentelladas lacerantes del monstruo anidado en tus entrañas, reloj atornillado en el pasado, manecilla irreversible del dolor acumulado. A pesar de ello no llora; intuye tu presencia en las paredes, sobre la cama donde duerme, la miras a través de las fotos Sabe que al fin descansas sin las angustias de tus últimos tiempos, libre cómo debiste serlo siempre, ajenos esos fantasmas de metal dolor inmenso que te dejó lo fatuo realidad desoladora. Cántaro lleno de lágrimas huella profunda de tu amor impreso pase divino al infinito moneda única para lograr la gloria Todo lo demás lo olvidaremos juntas. Guerreras Mis amigas son eso: espadas de acero, saetas que rasgan el destino diapasón oscilante entre el amor y los sueños futuro incierto o profundo compromiso, entereza que no doblega el tiempo. Quizá nos estrujó la vida sin permiso hasta llorar como niñas abrazadas aquel día infausto , cuando nos desgajó la muerte; pero también brindamos por la vida en cada parto nuevo, en cada acierto del destino, aniversario agregado al calendario. De vez en vez celebramos hasta la madrugada la amistad que nos une savia de hermandad libre celos raíz profunda adherida al corazón, no nos separa el Dios de cada una, ni el estatus social, ni tan siquiera la distancia Aquí estamos plantando cara al viento Forjadas en destinos adversos hasta el final del tiempo.
Maria Isabel Lorenzo/ Diplomada en Literatura por la Escuela de Xalapa, Diplomada en periodismo Cultural por CONACULTA, así como Diplomada en Promoción Cultural. Incluida en dos antologías por Gobierno del Estado Veracruz ( Reunión de Poetas en 1998) ( Máscaras 2009) Plaquets de poesía ( A Corazón Abierto Editoral Nosotros) ( Amando en Sepia y Sólo para Íntimos de Isaverpc). Ha publicado en varios diarios del Puerto de Veracruz y Xalapa. Colaboradora durante tres años de la Revista Vida Veracruzana Editada por Gobierno del Estado. De vocación promotora Editó de año 2003 al 2008 la Revista Cultural Ventana de Papel que difundió la obra de los escritores y plásticos asentados en la zona. En narrativa cuenta con un original infantil (Cuentos Infantiles en Ventana de Papel) Ilustrado por los mejores Plásticos Veracruzanos. Como Promotora Cultural con carácter social se presentó en el Puerto a la Orquesta TLATZOTZONALLI de la comunidad Indígena de San José Independencia situada en la Sierra de Zongolica, con el apoyo del Ayuntamiento de Veracruz Ver y Gobierno del Estado, así como la sociedad civil./ Correo electrónico Isaverpc@hotmail.com y Ventana_de_papel@hotmail.com

lunes 14 de diciembre de 2009

Esteban Peicovish: Entrevista a Robert Graves

Robert Graves Nota Introductoria y Entrevista Por Esteban Peicovish NOTA INTRODUCTORIA En sus Memorias (“Adiós a todo eso”) Robert Graves recuerda haber sido alzado en brazos para observar el paso de la reina Victoria en la celebración de sus bodas de diamante, en 1897. Eso fue en Wimbledon, donde Graves nació en 1895. En el ahora de esta fotografía va de mi brazo por Mallorca, a sus 83, y con mayor fragilidad que la de aquel bebé decimonónico del primer recuerdo. Es que sobre el último Graves cayó la sombra de la amnesia. O la mudez que es toda amnesia. Y la confusión.Por instantes escapará de ella, su mano apretará mi brazo y con temblada voz, mientras mira a lo alto, me dirá: –Sol. Sol. Sol. Me instalo en el tiempo presente de esta foto. “Sol” es la palabra (en inglés) que más repite. Su cuerpo no tiene autonomía. Tampoco la tuvo los cuatro días que pasó agónico sobre una pila de cadáveres en una trinchera de Francia, en 1915. Un camillero que oyó el quejido lo rescató. Tras año de hospital y dada la belleza de su rostro y talla de dos metros, fue elegido para posar como modelo de la estatua al Soldado Desconocido de la Primera Guerra Mundial. Ya era un joven poeta reconocido. De aquel a éste (que a su pedido estoy paseando entre olivas, naranjales y vides que el plantó) hay la obra de un genio. Autor de “La diosa blanca”, “Yo, Claudio”, Graves escribió 140 obras. En ellas resaltan algunos de los mejores poemas de amor de la literatura inglesa. Fue, en el siglo 20, el último poeta isabelino. Un inglés “mediterráneo” que en 1950, polémico e incorrecto, huyó de la niebla y el acartonamiento londinense para asentarse en Mallorca. En Deyá, aldea en donde también tuvo su casa Cortázar y cercana a Valldemossa donde Chopín y Jorge Sand se amaron a los gritos. En Mallorca sólo nievan los almendros. Seis millones de almendros que cada primavera echan sobre la isla una alfombra de nubes. O de nieve (según sea el humor de quien los mire). Arribé al cortijo de los Graves con emoción parecida a la que de niño sentía durante la misa. Iba al encuentro de un dios de carne y hueso al que amaba desde que lo leí. Su mujer Lucía me telefonéo a Madrid diciendo que estaba recuperado y que podía visitarlo. Era la entrevista soñada. La sumaría al ramo donde cohabitan Borges, Odysseus Elytis, Anthony Burgess…. Pero el misterio hizo de las suyas. No bien presentado, Graves se aferró a mi brazo y no me soltó durante horas. Con señas (traducidas por Lucía) pidió salir a mostrarme su obra natural. Olivos (de darle 200 litros de aceite), uvas (grandes como ciruelas) y buganvillas de diez colores pasteles. Y lo que me mostró con más entusiasmo: un caminito de piedra de 300 metros que descendía hasta el mar y una precisa roca. Desde ella (y hasta los 70 años, según Lucía) se zambullía un Graves sano, y desnudo, desde 3 metros de altura. Y en mitad de este trayecto, un milagro griego. Un anfiteatro para cien espectadores al cual cada julio (durante veinte años) acudían sus amigos: los Redgrave, Olivier y Vivien Leigh, John Gielgud, Alec Guiness, Peter Ustinov y otros, a celebrar el cumpleaños del poeta. Graves los esperaba con poema dramático nuevo. Y así, vestidos con túnicas y salidos del tiempo, el grupo huía de la incómoda realidad para vivir en la Atenas que imaginaban propia. (Y con razón). Lo que no imaginaba yo era que mi entrevista acabaría en naufragio. Alterado por la visita, Graves entró en sombra verbal (o lucidez sublime, según) y ya no fue posible diálogo alguno. Salvo algún intercambio del inicio, cada vez que abría la boca para una pregunta el Gran Dios Blanco Graves elevaba su mano derecha, estrechaba mi izquierda y decía, como en trance: “Sun, sun, sun”. Así hasta el final de la tarde en que me despidió con un beso en la mejilla y diciéndole al oído a su mujer: “Que vuelva otra vez”. Esta es la foto de esa entrevista. La que más quiero de las 2000 hechas. Tiene el sol de Graves. No se apaga nunca. FICHA BIBLIOGRÁFICA Robert Graves nació en Londres en 1895, hijo de padres con ascendencia anglo-irlandesa y alemana, y asistió a la escuela de Charterhouse antes de entrar, en Francia, a la Royal Welch de Fusileros, en la Primera Guerra Mundial. Sirvió ahí hasta que lo hirieron en 1917. Al término de la guerra, asistió a Oxford; en 1926 empezó un breve período como profesor de inglés en la Universidad Egipcia de El Cairo. Escrito durante este tiempo, Adiós a todo eso (1929), un registro de sus experiencias durante la guerra, tuvo tanto éxito comercial que le permitió a Graves instalarse en Deyá, Mallorca, y seguir escribiendo. Excepto por ausencias durante la guerra civil española y la Segunda Guerra Mundial, Graves ha vivido ahí desde entonces. La primera colección de poemas de Graves fue Poems 1914-1927 (1927). Sus poemas fueron reunidos otra vez en 1938 y 1961. Desde entonces ha publicado New Poems (1963), Poems 1965-68 (1969) y Poems About Love (1969). Sin embargo, Graves ha sacado de su prosa para vivir, incluyendo un número considerable de novelas históricas como Yo, Claudio (1934), Wife to Mr. Milton (1943), The Golden Fleece (1944), King Jesus (1946), y La hija de Homero (1955). Graves es también el autor de varios libros de crítica literaria, incluyendo A Survey of Modernist Poetry (1927), La Diosa Blanca (1948) y Oxford Addresses on Poetry (1962).Ganó el premio Russell Loines de poesía en 1958 y la medalla de oro de la asociación nacional de poesía de América en 1960. En 1961 se le dio el Profesorado de Poesía en Oxford, donde trabajó hasta 1966, cuando regresó a Mallorca. Esta entrevista con Graves fue tomada del libro Writers at Work, Fourth Series, editado por Penguin. Forma parte de la serie que los editores de The Paris Review comenzaron en los cincuenta. Con el título El oficio de escritor, la editorial Era publicó en español una selección de las mismas. Sobre los editores y entrevistadores del Paris Review hay una formidable crónica de Gay Talese: "En busca de Hemingway", publicada en español por Grijalbo en un libro que esta editorial tituló Fama y oscuridad. Los entrevistadores de Graves son Peter Buckman y William Fifield. ENTREVISTA Vestido con pantalones de pana, suéter de marino, chamarra negra (piel de caballo), y con una bufanda colgándole hasta la cintura, Robert Graves forjaba sus propios cigarros y fumaba uno tras otro a lo largo de la entrevista. Sostenidos de un listón que se le enredaba con frecuencia en el pelo, de su cuello colgaba un par de anteojos para leer. Alto, desgarbado, Robert Graves ha sido siempre, en lo físico, un hombre fuerte, pero a consecuencia de un accidente de alpinismo durante sus días escolares no puede girar la cabeza, y de ahí que utilice un portalibros para leer —fijándolo estratégicamente enfrente de él, sobre el escritorio, mientras conversa. Sobre el escritorio hay latas de puros holandeses, botes de tabaco, canicas, lápices, y payasos de porcelana. Sobre el piso hay un dibujo aprisionado en las esquinas. Al lado de la chimenea, un estante con las obras de T.E. Lawrence; encima de ella, figurillas griegas, romanas, orientales y africanas. Gertrude Stein fue la primera que le habló a Robert Graves sobre Mallorca. Exceptuando los años de la guerra civil, ha vivido en Deyá desde 1929. El y Laura Riding construyeron la casa de piedra que ahora ocupa Graves y vivieron juntos en ella hasta 1936. Hay una huerta con quince especies distintas de árboles frutales, un extenso plantío de verduras, y un prado estilo inglés con pasto de Bermudas. Robert Graves ha escrito más de cien libros, además de un número considerable de trabajos anónimos, que consistían en reescribir textos de varios amigos. Su obra en prosa más importante es La Diosa Blanca, una historia del mito poético: "el lenguaje del mito poético... era un lenguaje mágico enlazado con las ceremonias religiosas populares en honor de la Diosa de la Luna, o Musa... y éste sigue siendo el lenguaje de la poesía `verdadera'... en el sentido de que es el original improbable, no un sustituto sintetizado". El poeta verdadero rinde culto a La Diosa Blanca, o diosa de la creación; la devoción absoluta y constante hacia ella es el único camino del poeta. El poeta "se enamora, absolutamente, y su amor verdadero es la encarnación de la Musa". La Musa actual de Graves es cincuenta y dos años más joven, que él —"pero tenemos la misma edad... Estoy en el tope de mi ciclo frenético porque las buenas cosas le están ocurriendo a ella justamente ahora". Ella es una bailarina de danza clásica en una ciudad alejada de Mallorca. Muchas veces, en las diferentes sesiones que permitieron la entrevista, Graves se dedicaba a ordenar la mesa, corregir un manuscrito, checar referencias, cortarse las uñas con un enorme par de tijeras, recolectar zanahorias, cantar canciones folclóricas y preparar frijoles. No es un hombre que se esté quieto fácilmente. Graves: ¿Notan algo extraño en este cuarto? —No. Graves: Bueno, pues todo está hecho a mano, con una excepción: este desagradable archivero triple de plástico que me regalaron. Voy a ponerlo aquí dos o tres semanas, por cortesía, y luego lo desaparezco. Casi todo lo demás está hecho a mano. Ah, sí, los libros han sido impresos con máquinas, pero muchos de ellos también han sido impresos a mano —de hecho yo mismo imprimí algunos—. Aparte de las instalaciones de luz eléctrica, todo lo demás está hecho a mano; hoy día muy poca gente vive en casas donde todo esté hecho a mano. —¿Incide esto directamente en su trabajo creativo? Graves: Sí: para pensar con claridad es preferible que todo lo que te rodea esté hecho a mano. —Usted escribió una vez que "el poeta-Musa debe morir por la Diosa como el Rey Sagrado lo hizo cuando fue una víctima divina". A pesar de todo usted ha sobrevivido; ¿aún sostendría lo anterior? Graves: Sí. Lo que ocurre con más frecuencia es que la Musa siente ya imposible sostener el amor de un poeta y se une por elección propia con un poeta postizo, aunque sepa que no es el verdadero poeta. Escoge a alguien con quien pueda jugar el papel de madre. Di todo el cuadro de eso en un poema que se llama "El impostor". El proceso vuelve a empezar cada vez que el amor muere, algo tan doloroso como la muerte real. Siempre hay un asesino alrededor, siempre hay un personaje "impostor". El rey o el poeta representan el crecimiento, el rival o doble representan la sequía. —Pero seguramente los muchos años de servicio a la Musa tienen su recompensa. Graves: Con el tiempo la recompensa va siendo encontrar a alguien que no sea "asesina". No quiero hablar sobre eso porque no quiero tentar a mi suerte. —Por definición, su búsqueda de la Musa será siempre insatisfactoria. ¿Qué es lo que ella le ha dado? Graves: Me ha traído cada vez más cerca hacia el centro del fuego, por así decir. —Sus poemas, sobre todo sus poemas de amor, se vuelven cada vez más intensos conforme usted sigue escribiendo. ¿Se debe a la edad o a la experiencia? Graves: Uno llega al corazón del asunto mediante una serie de experiencias que se dan todas con el mismo molde, pero vertidas con dolores distintos. —En otras palabras, uno no aprende nada nuevo, sino que obtiene un entendimiento más profundo. Graves: Sí, eso es. Un entendimiento de lo que son las ordalías del poeta. Los poemas de amor deben ser lanzados dependiendo de la luna. Las lunas varían. Si uno ama a una Musa-mujer diferente uno obtendrá un poema diferente. —¿Qué puede decirnos sobre ese simple apetito, la concupiscencia, que usted ha atacado? Graves: La concupiscencia encierra una pérdida de virtud, en el sentido de poder físico. La concupiscencia está apropiándose de algo que le pertenece a alguien más. Quiero decir que el acto amoroso es una metáfora de la compañía espiritual, y si tú llevas a cabo el acto amoroso con alguien que significa poco para ti, estás apropiándote de algo que pertenece a la persona que amas o podrías amar. El acto amoroso pertenece a dos personas, en el mismo sentido en que un secreto puede compartirse. Los abrazos y los besos son permisibles, pero en cuanto empiezas a sobrepasarte con lo que podría llamarse el mandalote —yo inventé la palabra, del griego; viene de mandalós (que es como el tornillo con el que aseguras el socket) y significa el beso-lingual o, por definición de diccionario, "un beso erótico y lujurioso"—; en fin, uno debería reservar tales familiaridades sólo para las personas que realmente ama. Con varias amigas yo me entiendo en términos de simples abrazos-y-besos. Eso está bien. Pero la promiscuidad no es, al parecer, para los poetas, aunque yo no se la niegue ni la envidie a cualquier hombre que no sea poeta. —¿Puede dar alegría la experiencia de la Musa? Graves: Realmente no. ¿Pero qué diferencia hace? La alegría y el dolor alternan siempre. La Musa sirve como un foco orientador y como un desafío. Ella provee felicidad (happiness). Aquí estoy usando la lengua inglesa con la mayor precisión que puedo: hap, happening, suceso. Ella da el hap; provee el suceso. La tranquilidad no tiene utilidad poética. (El primero que usó y sintió la palabra Musa en el sentido de Diosa Blanca fue Ben Jonson, luego decayó al ser identificada con la débil auto-inspiración de los jóvenes). Después de tener la experiencia de la Musa intranquila uno puede ser desplazado hacia la Diosa Negra, —porque el color negro es posible en el Oriente y representa sabiduría. ¿Puede una Musa Blanca volverse una Musa Negra, o deben estar separadas? Eso es difícil de responder... —Todas ellas tienen una edad determinada... Graves: Como regla la Musa viene de un padre que ha dejado a su madre cuando ella era joven; para ella, por tanto, el encanto patriarcal está roto, y odia el patriarcado. Puede llegar a ser muy inteligente, pero a la edad de catorce o quince años todavía está muy reprimida emocionalmente. —¿Cómo reacciona la Musa hacia el poeta? Graves: De algún modo, para un poeta reconocido resulta embarazoso escribir poemas a una muchacha. Ella puede quedarse resentida por haber entrado a formar parte de la historia literaria. En Francia es distinto. Muchas mujeres quieren ser conocidas como la última muchacha que durmió con Víctor Hugo... Me opongo por completo a la historia literaria. A veces ahí está la razón de que un "gran poema", de los que aparecen en todas las antologías, sea malo. Por lo general resulta interesante examinar su historia. —¿Quiere usted decir que es un poema fabricado con el fin de que sea un acontecimiento? Graves: Sí. —La Diosa Blanca es un manual y un refugio en el que todas las preguntas pueden ser respondidas. ¿Cree usted necesario dar una definición última del nivel en que están esos libros en relación con usted? Graves: La Diosa Blanca y The Nazarene Gospel Restored son dos casos extraños. Escribí el primero para definir el elemento no-judío en el cristianismo, especialmente el elemento céltico. Y escribí el segundo, con la ayuda del fallecido Joshua Pedro, para llevar el mito griego y romano aparte de lo que era puramente un acontecimiento judío. Lo extraño del resultado es que hay una Sociedad Cristiana Primitiva que alguien fundó en Cambridge y que está basada en el Nazarene Gospel; y comenzaron a aparecer, en los estados de Nueva York y California, varias religiones alrededor de la Diosa Blanca. Según me dicen, fuera del Establishment (donde los hippies detienen a los policías en la calle y les dicen: "Lo adoro, oficial"), hoy día soy un héroe del culto al-amor-y-las-flores. También recibo muchas cartas donde algunas brujas me participan la celebración de un aquelarre y me solicitan ungüento para volar, recetas mágicas, e información esotérica. —En el "Colophon to Love Respelt" habla usted de que el campo de batalla ha sido abandonado. ¿Quién ganó? Graves: Quise decir que ya no tenía caso seguir escribiendo poemas sobre el tema... La secuencia histórica de los poemas de un hombre guarda una semejanza general al orden en que fueron escritos. No obstante, con frecuencia uno escribe un poema mucho tiempo antes, o mucho tiempo después, de que ocurra una cosa. La autobiografía no se corresponde exactamente con la secuencia poética. —¿Le ha ocurrido que tiene, por ejemplo, una idea para hacer un poema, y luego la vida se apropia de el un la realiza? Graves: O alternativamente: uno omitió, alguna vez, registrar una experiencia poética determinada, y ésta ocurre después. Las palabras ya están fijas en el almacén de la memoria. El poema está ahí, en su origen, pero en el séptimo nivel de la conciencia, y asciende gradualmente a través de cada repaso o repetición. La relectura descarga el estado hipnótico original, pero la expresión se amplía. —¿Se amplía en qué sentido? Graves: Por ejemplo, mediante los sueños nocturnos, que son el modo real en que la mente primitiva interpreta los sucesos del día previo. Así con un poema. Un poema ya está presente desde la concepción, desde el primer germen que cruza por la mente —debe ser desenterrado, debe exhumarse. Hay un elemento de intemporalidad. El otro día el científico que encabeza las investigaciones atómicas en Australia estuvo de acuerdo conmigo en que el tiempo realmente no existe. El poema terminado ya está antes de ser escrito y de que uno lo corrija. El poema final sólo dicta lo que está bien y lo que falla. —¿Por qué usted no escribió poemas de guerra, de su experiencia en las trincheras en la Primera Guerra Mundial como lo hizo su amigo Sassoon, y como Owen? Graves: Los hice. Pero los destruí. Eran periodísticos. Sassoon y Wilfred Owen eran homosexuales; aunque Sassoon quería pensar que no lo era. Para ellos, ver hombres asesinados eran tan horrible como para usted o para mí ver campos regados con cadáveres de mujeres. —Sus poemas parten de cosas completamente personales. ¿Nunca ha sido reticente en lo que revela? Graves: Uno dice más cosas a los amigos, sólo que no las entrega a la imprenta. —Pero su público... Graves: Nunca uses la palabra "público". La sola idea del público, a menos de que un poeta esté escribiendo por dinero, me parece errónea. Los poetas no tienen "público". Le están hablando todo el tiempo a una sola persona. Lo que está mal en alguien como Evtushenko es que les habla a miles de personas a la vez. Todos los que son considerados "grandes artistas" estaban tratando de hablarle a demasiada gente; Y de algún modo, no le estaban hablando a nadie. —¿De ahí sus opiniones sobre los poetas ingleses, que usted criticó seriamente cuando tenía su lugar como profesor de poesía en Oxford? Graves: Hay quince poetas ingleses —estoy hablando con precisión— registrados en la historia de la literatura inglesa que eran poetas verdaderos y que no estaban jugando a serlo. —¿Le importaría mencionarlos? Graves: No sería cortés. —¿Qué tienen en común? Graves: Su fuente es primitiva. Se ubica en lo pre-racional. —Cuando trabaja en un poema, ¿de algún modo siente usted que se encuentra siempre a su nivel? Graves: Lo que sucede es esto: un hipnotista te dice: "mira este anillo" y quedas hipnotizado por mirar el anillo; si vuelve a sacar el anillo en cualquier ocasión posterior, vuelves a caer bajo su influencia. De modo que, si estás escribiendo un poema y regresas a él al día siguiente, siempre vuelves a hipnotizarte de inmediato y te encuentras de nuevo en el nivel anterior. —¿Tiene que ver la circunstancia externa? ¿Este cuarto? Graves: No, no es el entorno. El entorno puede ayudar. Pero todo está en el impulso real, que eres tú mismo. Ese es el anillo hipnótico. —¿Y qué ocurre si usted "no cae otra vez bajo el influjo"? Graves: Justo ayer me sucedió. No puedes forzarlo intelectualmente. Echas a perder el poema. Lo enredas. Cuando ya trabajaste en el verdadero nivel poético, las conexiones que va estableciendo cada simple palabra con la otra están muy lejos del arreglo intelectual. Una computadora no podría hacerlo. No es mero sonido y sentido con lo que debes entenderte, sino la proveniencia de las palabras, los ritmos cruzados, la interrelación de todos los significados —un completo microcosmos. Nunca lo obtienes de inmediato; pero sí puedes obtenerlo casi de inmediato, el poema se aísla a sí mismo a tiempo. Así es como viajan los verdaderos poemas. —Uno siente que su poesía se ha vuelto más y más urgente, sobre todo en los últimos textos amorosos. Graves: No olvides que yo soy un producto de la era victoriana; tuve que librarme de muchísimo. Mi sistema poético concuerda con el irlandés del siglo VIII D.C., que Roma no tocó para nada y que con el tiempo cruzó hasta Gales. ¿De dónde vino? Del Oriente. La correspondencia con la poesía sufí es inmensa. Eso habla de mi interés por Omar Khayám —un poeta muy noble y tan mal trabajado por Fitzgerald. —Por lo demás, uno gradualmente deja de tomar en cuenta a los críticos. —¿Quién hizo que usted viniera a las Islas Baleares? Graves: Gertrude Stein. —¿Qué piensa usted de ella? Graves: Ella tenía ojo. Solía decir que había sido la única mujer en la vida de Picasso, que ella lo había formado. Tal vez era cierto; las otras mujeres sólo estuvieron cerca o alrededor de él. —El poema que me acaba de mostrar, "Lo por decir", parece recapitular muchas cosas. Graves: Incluso Lo por decir, en el cual trabajo ahora, que es sobre la necesidad de volver a los orígenes y trata a la revisión obsesiva como una enfermedad de la edad, lleva diez revisiones hasta ahora. Sí. Lo por decir hay que decirlo. —Este inmenso, abrupto cambio. La última poesía... Graves: Sí, eso me vino cuando escribía La Diosa Blanca (escribí ese libro en seis semanas. Me tomó diez años revisarlo. Y casi tripliqué su extensión). Súbitamente estaba yo respondiendo viejas preguntas galesas e irlandesas que nunca habían encontrado respuesta, y yo no sabía cómo ni por qué. Eso me aterró. Creí volverme loco. Pero aquellas soluciones no han sido refutadas. Alguien me envió un artículo sobre el árbol del alfabeto irlandés, y la nota al pie se refería a Graves, pero no a mí: ¡era mi abuelo! Y yo no tenía noticia de que él hubiese estudiado esas cosas. Creo en la herencia de conocimientos y destrezas, herencia de la memoria. Ahora han descubierto que si un caracol se come a otro adquiere la memoria del segundo caracol. —¿Cómo reunió tantos detalles en sus conclusiones? Graves: No lo hice. Lo sabía al comenzar y entonces corroboré. —Ciertamente usted escribe poesía "de musa" y manifiesta gran desprecio por lo apolíneo, que supongo es el materia lógico y utilitario, pero ¿acaso sus novelas no son apolíneas? Graves: Mi escritura en prosa ha estado siempre en la línea de mi pensamiento. En el fondo siempre estuve yo. por ejemplo, They Hanged My Saintly Billy pretendía mostrar cómo fue realmente la Inglaterra victoriana: cuán corrupta y criminal, en contraste con la versión generalmente aceptada. Con todo, tenía una pareja de personajes buenos, además de los malos. —Usted escribe novelas cuando algún problema histórico lo estimula. A partir de ahí ¿qué hace usted? Graves: No lo sé. Algunas personas tienen ciertos talentos como un amigo mío que puede balancear un vaso en su dedo y hacerlo girar con sólo fijar en él la vista. Yo tengo el don de ponerme ocasionalmente en el pasado y ver qué está sucediendo. Así es como deben escribirse las novelas históricas. También tengo una excelente memoria para las cosas que quiero recordar, y ninguna para recordar lo que no quiero recordar. Wife to Mr. Milton —mi mejor novela— comenzó cuando mi mujer y yo hacíamos la cama en 1943 y yo dije de pronto: "¿Sabes? Milton debió ser un tricomaniaco" —refiriéndome al fetichismo por el pelo. La observación surgió de pronto de mi boca. Descubrí la frecuente que era su imaginería tricomaniaca. Así que leí todo lo que pude en contra sobre él y estudié la historia de sus matrimonios. Yo siempre odié a Milton, desde niño, y quería encontrar el motivo. Lo encontré: sus celos. Están presentes en todos sus poemas... Marie Powell tenía una larga cabellera con la que él no podía competir. —Creo que usted describe precisamente eso en la novela cuando cabalgan en el brezal... Graves: El tenía la enfermedad del maestro de escuela, estreñimiento. —¿Lo dice literalmente? Graves: ¡Sí! ¡Por supuesto que lo digo literalmente! Conocemos todos los indicios que dejó sobre eso. Bueno, yo siempre me olí algo y entonces todo se me hizo evidente de una vez, escribí Wife to Mr. Milton. Encontré una gran cantidad de cosas acerca de él, quién sabe cómo, que nunca han sido refutadas. —¿Cuánto tiempo le llevó escribir Yo, Claudio? Graves: Yo, Claudio y Claudio el dios me llevaron ocho meses... Necesitaba terminar pronto el trabajo porque tenía una deuda de 4,000 libras. Me aproximé tanto al personaje que me acusaron de haber hecho investigaciones que nunca realicé. —¿Dictó usted la obra? Graves: No. Tengo una mecanógrafa pero no dicté. Si usted emplea sólo las fuentes principales, y conoce el período, un libro se escribe solo. —¿Cuántas horas al día le tomó el trabajo? Graves: No lo sé. Deben haber sido siete u ocho. La historia llegó a tener 250,000 palabras. Había hipotecado la casa y quería perderla. —¿Por qué eligió la novela histórica? Graves: Bien, por aquello que anoté en mi diario uno o años antes: que los historiadores romanos —Tácito, Suetonio y Dión Casio, pero sobre todo Tácito— habían tratado obviamente mal a Claudio, y que algún día yo tendría que escribir un libro acerca de él. Si no lo hubiera hecho, no estaría usted bebiendo en esta casa. —¿Qué tenía usted en mente al terminar Claudio el dios? Hay un cambio distintivo en Claudio. Uno se pregunta qué ganaba usted como novelista. Graves: Yo no creía estar escribiendo una novela. Trataba de encontrar la verdad acerca de Claudio. Y había cierta confluencia entre Claudio y yo mismo. Descubrí que yo era capaz de saber muchas cosas que sucedieron sin tener bases, excepto que yo sabía que eso era cierto. Es cuestión de reconstruir una personalidad. —No existen muchas fuentes directas, aunque él escribió copiosamente. Graves: Está su discurso a los Edonios, su carta a los alejandrinos y varios registros de lo que dijo en Suetonio y otras partes. Ahora sabemos exactamente qué enfermedad padecía: la enfermedad de Little. Todo el cuadro es tan sólido que uno siente conocerlo en persona, si simpatiza con él. Pobre hombre —sólo ahora, al fin, la gente comienza a olvidar esa mala imagen que le dieron los historiadores de su tiempo. Ahora es considerado uno de los pocos buenos emperadores entre Julio César y Vespasiano. —Al final, no obstante, se decepcionó. Graves: Vio que no podía hacer nada. Tuvo que rendirse. —Se desintegró y casi se convirtió en otro Calígula o Tiberio. Graves: Bueno, veamos: Calígula nació malo. Tiberio fue un hombre maravilloso, pero lo presionaron demasiado y él previno al senado de lo que iba a suceder. Previó un severo quebrantamiento sicológico. Si uno siempre ha sido extremadamente limpio —siempre se ha lavado los dientes y hecho la cama— y llega a un punto intolerable de stress, uno se quebranta y desarrolla lo que se conoce como comportamiento paradójico: desarregla la cama, hace las peores cosas. Tiberio fue notable por su castidad y sus virtudes viriles, hasta que se vino abajo. Ahora siento la mayor simpatía posible por Tiberio. —¿No estaba usted convirtiendo a Livio en la novela en el manipulador de la verdad para conseguir cierto efecto? Graves: Es una especie de hábito familiar. Mi tío abuelo fue Leopold von Ranke, llamado el "padre de la historia moderna". Mi madre me lo mostró como el primer historiador en la historia que decidió decir la verdad. —¿Eso instigó su pesquisa, las ideas establecidas que, para consternación de muchos, usted trastornó? Graves: Ya ve, hay gente que no puede dejar de creer ciertas cosas. De pronto se enfrenta a algún hecho extraño, como por ejemplo que Dios, en el Sagrario de lo Sagrado, tuvo una esposa. Mi amigo Raphael Patai ha trabajado sobre esto en su Diosa hebrea. Es más de lo que ellos pueden soportar, pero deben admitirlo. —¿Que Dios tuvo una esposa? ¿En verdad quiere decir eso? Graves: De veras eso dice él. Está en el Talmud. Por supuesto los judíos lo han ocultado siempre. Al principio El era Uno, pero luego vino la división. Debe haber siempre un punto focal. Dios era una deidad masculina y el punto focal era obviamente una mujer. El no pudo hacer lo que hizo sin uno. —¿Cuántos libros ha publicado? Graves: Ciento veintiuno, pero muchos son recopilaciones. Además he escrito libros para otras personas. —¿Por qué lo ha hecho? Graves: Porque tienen algo que decir y no pueden escribirlo. —¿Ha dejado de escribir ficción? Graves: Puede volver a ocurrir. Lo dudo, pero no sé. Uno nunca sabe. —Después de escribir The Reader Over Your Shoulder con Alan Hodge en 1942 —su manual para escritores de prosa en inglés— usted dice que su propio estilo cambió completamente. ¿Por qué, o más bien, cómo? Graves: Quien piense sobre la lengua inglesa e intente descubrir sus principios, y además, aniquile a otros escritores mostrándoles lo mal que escriben, no puede evitar escribir mal él mismo. En 1959 reescribí completamente Adiós a todo eso —cada frase— pero nadie se enteró. Algunos dijeron "Qué buen libro es éste, después de todo, qué bien ha perdurado". No había perdurado en absoluto. Se trata de una obra enteramente nueva. Uno de esos análisis de estilo por computadora tal vez no podría decidir que mis novelas históricas fueron escritas por la misma mano. Son completamente distintas en vocabulario, sintaxis y nivel lingüístico. —Considerando su vista producción y las revisiones ¿cuanto tiempo pasa escribiendo? ¿Escribe todo a mano? Graves: Sí. Ahora bien, Nazarene Gospel Restored me tomó dos años. Son ochocientas páginas de escritura cerrada. Si he escrito aproximadamente dos libros al año durante cincuenta años. No es mucho. No tengo otra cosa que hacer. Este año llevo seis. —¿Considera que puede recordar la vasta investigación que ha reunido? Graves: Sé dónde buscar. —¿No es una dificultad vivir tan lejos de las bibliotecas? Graves: Nunca he trabajado en bibliotecas. —¿Dónde consigue toda esa información? Graves: No sé. Llega. No soy un erudito. En términos generales ni siquiera soy particularmente ilustrado.Simplemente estoy bien informado en ciertas áreas de mi interés. —Usted debe conocer las fechas... la pronunciación de las palabras galesas. Graves: Conseguí un diccionario galés. He reunido una gran biblioteca de clásicos. —¿Diría usted que las ideas medulares llegan primero y luego investiga? Graves: Uno tiene una visión global del asunto, y luego nada más corrobora. La causa no necesariamente determina el efecto; bien puede el efecto originar la causa —una vez que se tiene todo el asunto bajo control. —¿Qué hace usted exactamente? Graves: Reviso el manuscrito hasta que ya no puedo leerlo más, y consigo alguien que me lo mecanografíe. Entonces reviso la versión mecanografiada. Luego se vuelve a mecanografiar. Sigue un tercer mecanografiado, que es el último. Para entonces no debe quedar nada que ofenda la vista. —¿Esto es para la prosa? Graves: Sí. Pero eso no evita que en diez años se lea mal. Uno no sabe lo que puede ocurrir con el tiempo. —¿Y la poesía? Graves: En ocasiones, uno sabe: "Esto está bien, esta es una cosa que sirve". Siente que hay ciertos poemas que deben ser escritos. Uno no sabe qué son, pero los siente: este es uno, este es otro. Como la relación entre las joyas y su matriz de cuarzo (quijo). Las joyas vienen de su matriz, luego hay una matriz para probarlo. Muchos poemas parecen más matriz que Joyas. —¿Qué quiere decir exactamente? Graves: La matriz de cuarzo es parcialmente una joya. Y muchos poemas son así. Son los que el público disfruta más: los que no son completamente joyas. —¿Es porque esos poemas son una transición entre las vivencias generales y su vivencia personal? Graves: Algo así. —¿Más accesibles? Graves: Sí. —¿Sigue experimentando con alucinógenos? Graves: Tuve dos viajes con hongos mexicanos por ahí de 1954. Ninguno desde entonces. Y nunca con LSD. Primero que nada porque es peligroso y en segundo lugar porque el ergot, con lo que se fabrica el LSD, es una sustancia enemiga de la humanidad. El ergot es un minúsculo hongo negro que crece en el centeno, o crecía por lo menos en la Edad Media y los pueblos que comían pan de centeno tenían visiones maniacas, particularmente los alemanes. Dicen que el ergot afecta los genes y que puede deformar a la siguiente generación. Se me ocurre que esta podría ser una explicación del fenómeno del nazismo, una forma de histeria masiva. Los alemanes comían centeno, a diferencia de los ingleses que comían trigo. El LSD me recuerda a los visones que escapan de las granjas y se crían en el bosque y se vuelven peligrosos y destructivos. El LSD se ha escapado de las fábricas de drogas y se hace ahora en los laboratorios de los colegios. —Usted dijo haber tenido una visión de conocimiento total a la edad de doce años... Graves: Probablemente usted tuvo una visión similar y la ha olvidado. No necesita ser la visión de nada especial, en tanto que se trata sólo de una probada (foretaste) del Paraíso. Blake tuvo una. Todos los poetas y los pintores que tienen esa "cosa" extra en sus obras parecen haber tenido esa visión y nunca permitieron que la educación se las destruyera. Esto es lo que importa. —Acaba usted de terminar una nueva traducción del Rubayat de Omar Khayám. ¿Por qué escogió el Rubayat y no la obra de un poeta sufí más puro como Rumi o Sahadi? Graves: Fui invitado a participar en la traducción de Omar Ali Cha, cuya familia es la poseedora del manuscrito original, desde el año 1153 D. de C. Por eso. Estaba en el hospital, muy contento de que ese trabajo me apartara de la rutina del lugar. El poema original de Khayám fue escrito en celebración del amor de Dios y sazonado con sátiras de los musulmanes puritanos de la época. Fitzgerald se equivocó en todo: creyó que Khayám era en realidad un borracho y descreído, no un hombre que satirizaba a los incrédulos. sorprendente a cuántos millones ha engañado Fitzgerald. La mayoría odiarán ser desengañados. —Usted ha dicho que los críticos que escriben sobre su visión del Rubayat no aciertan a comprenderlo porque no son sufís. Graves: Como le dije, no puedo asumir el crédito por el trabajo. Trabajé sobre una versión literal hecha por Omar Ali Cha, que es un sufí. No sólo eso, sino que su familia desciende en línea directa del Profeta —y ellos alegan que Mahoma era un sufí y les entregó a ellos el secreto de su doctrina. —Me parece que su versión de Khayám es más clara y penetrante intelectualmente mientras que la de Fitzgerald... Graves: Mire, Fitzgerald era uno de esos irlandeses de la época en que la gente se avergonzaba de ser irlandesa y lo mantenía en silencio. Y se volvió con el tiempo una especie inglés diletante. Rompió con la tradición poética de Irlanda que es una de las más poderosas del mundo. Yo diría que la más intensa, después de la persa. —¿Habla usted de la tradición poética irlandesa original? Graves: ¡Sólo hay una! —Usted me explicó alguna vez que esa era originalmente sufí. Graves: Antes de que fuera griega milesia sobreimpuesta a la cultura libia arcaica del año 2500 A. de C. Los milesios vinieron a Irlanda a través de España y trajeron con ellos la tradición de Ogham —la cual es una forma temprana de alfabeto que nos remite a los días en que las letras se originaban en la observación del vuelo de las cigüeñas, y así. Pero Irlanda siempre permaneció en contacto con la Antioquía de lengua griega, no con Roma, lo cual fue importante. —Lo importante es que Ogham fuera preclásico? Graves: Exacto. Anterior a Platón. Antes de que los griegos se desviaran. Como usted sabe, los judíos tienen un dicho: "De las diez medidas de la locura los griegos tienen nueve". Estaban bien en todo hasta por ahí del siglo sexto antes de Cristo. Por la época de Alejandro el Grande ya se habían hecho pedazos. —¿En qué sentido? Graves: Quisieron desacreditar el mito. Trataron de sustituirlo con lo que hoy llamaríamos conceptos científicos. Trataron de dar una explicación literal. Sócrates bromea con los mitos y Horacio se burla de ellos. Puesto en el camino, Sócrates podía aclarar el mito de tal modo que le arrebataba todo su sentido. Simplemente no tenían lugar para el pensamiento poético. La lógica opera en un muy alto nivel de la conciencia. El académico nunca duerme lógicamente, siempre está en vigilia. Y al hacerlo se priva del sueño. Así pierde todo el secreto, ve usted. El sueño tiene siete niveles, el más alto de los cuales es el trance poético: ahí tiene usted acceso a la conciencia sin perder contacto con el sueño... con los fragmentos mayores del sueño... su propia memoria... la imaginería pictórica como la conoce el niño y como fue conocida por el hombre primitivo. Ningún poema vale la pena si no tiene origen en un trance poético, del cual se puede despertar como de un sueño. En realidad es la misma cosa. —¿Pero de dónde viene el trance? Graves: De ti mismo, bajo la dirección del tú que te rebasa y que está formado por tu relación con la persona a la que estás adherido todo el tiempo. Si todos fueran realmente observadores, podrían tomar un poema y trazar el retrato de la persona a que está dirigido. —¿Cómo se siente frente a los honores y los premios? ¿Si se le ofreciera un premio nacional como poeta lo aceptaría? Graves: No respondo a preguntas montadas en conjeturas. No quiero ningunos honores, pero no me importaría gran cosa recibir distinciones por haber escrito novelas que se venden en el extranjero y ganar dinero para Inglaterra. Escribir poemas es distinto. Obtener un premio por ser poeta sería absurdo. Pero el gobierno trata de ablandar y atraer a escritores conocidos hacia el establishment; eso lo hace sentirse ilustrado... Rechazo los doctorados porque sugieren que uno ha pasado una prueba académica. Aceptar, la cátedra de poesía en Oxford fue distinto: es una elección libre. —En su última conferencia en Oxford, la más violenta, dijo usted que no había cánones poéticos establecidos. No son frecuentes en usted las generalizaciones de este tipo. ¿Cree usted que la poesía "pop" es contradictoria con la dedicación a la Musa? Graves: Lo que dije, creo, es que no había cánones establecidos de versificación. Las genuinas canciones folclóricas son bienvenidas, pero ¿por qué habrían de serlo esas canciones de protesta? Hay muy pocos ahora, si alguno, que vaya realmente a la raíz del asunto. Cada vez menos, en realidad, desde la muerte de Cummings y Frost. —¿Y qué hay de sus propias influencias poéticas, aparte del poeta Tudor Skelton y Laura Riding? Graves: "Influencia" es un término muy vago. Suena como si uno estuviera siendo dominado por alguien más. Hasta donde sé, nunca escribí nada en el estilo de Laura Riding. Más que a versificar, lo que aprendí de ella fue una actitud general ante las cosas. —¿Es eso lo que usted obtuvo de las sucesivas encarnaciones de la Musa? Graves: Sí, pero en la forma de advertencias más que como instrucciones. —¿Puedo preguntarle sobre la forma en que trabaja? ¿Tiene usted alguna rutina? Graves: Ninguna. Sólo admito un cierto sentido de prioridades entre las cosas. Esta mañana, por ejemplo, me levanté a las siete. Me sentí atraído por el cenicero donde quemo papeles inútiles y rescaté las monedas y otros objetos que estaban ahí por error. Luego puse las cenizas en la pila del abono. Después regué el huerto de zanahorias, de modo que puede sacar algo de ellas. Luego revisé mi pieza de los "monstruos"... —Usted escribe a mano, en una especie de atril... Graves: Es porque tengo roto el cuello. Cuando el doctor le preguntaba cómo, no podía contestarle hasta el otro día que lo recordé. Estaba escalando el Snowdon en 1913. Estaba amarrado en una barranca cuando el líder de la operación zafó una gran piedra: me golpeó en la cabeza y perdí el sentido. El otro día tuve casi exactamente la misma experiencia entonces recordé la ocasión. Ahora mi cuello está... bueno, escribí un poema sobre el asunto: Cuello roto. —¿La mayor parte de sus ingresos proviene de las novelas? Graves: No lo sé. Nunca estudio la procedencia de mis regalías. —Usted ha dicho que sólo lee para obtener información. ¿Qué lee y cuándo? Graves: Antes leía de noche; ahora voy directo a la cama. No por placer. El otro día tuve que revisar The Nazarene Gospel Restored para su publicación en Hungría, lo cual significó muchísima investigación. —Usted ha dicho: "No preveo ningún cambio para bien en el mundo sino hasta que todo empeore". Bueno, ya ha empeorado. ¿Qué podemos hacer al respecto? Graves: Los poetas no pueden hacer marchas de protesta cosas por el estilo. Creo que es contra las reglas y que no tiene caso. Si la humanidad quiere una buena explosión final obtendrá sin duda. Pero uno no debe protestar contra nada a menos que su protesta tenga un efecto. Las manifestaciones no lo tienen. Uno debe permanecer silencioso o ir directo a la cabeza. Una vez esta aldea estuvo sin electricidad por tres meses porque el sistema se había averiado y la compañía local temía poner una torre en la tierra de un viejo miembro de la nobleza, cuyo hijo era capitán general. El viejo decía que el lugar estaba consagrado a Santa Catalina Tomás, la patrona de la isla. Fui a Madrid a ver al ministro de Información de Turismo y le dije: "Los hoteles de Mallorca estarán vacíos este verano por falta de electricidad". El ministro amablemente le informó a nuestro gobernador civil que la torre debía ser instalada sin reparar en los sentimientos de la santa. Pero es distinto si uno no puede ir directo a la cabeza. Lamenté la guerra de Vietnam, pero las manifestaciones no la detuvieron y no había ninguna persona que pudiera, sola, controlar la situación como lo hizo con la nuestra el ministro de información de Madrid. —¿Le molesta eso? Graves: La civilización ha ido cada vez más y más allá del llamado hombre "natural", el que utiliza todas sus facultades percepción, invención, improvisación. Está condenada a terminar en la quiebra de la sociedad y la reducción de la raza humana hasta un tamaño manejable. Así son las cosas siempre han sido así. Mi esperanza es que permanezcan intocadas unas cuantas reservaciones culturales. Lugares adecuados podrían ser ciertas islas del Pacífico y algunos trechos de Siberia y Australia, de modo que cuando el lío de hoy termine, la carrera del hombre pueda restaurarse desde estos centros. —¿Quién estará en las reservaciones? ¿Quién decidirá? Graves: La gente que ya está ahí. Podrían ser los melanesios por ejemplo y los paleosiberianos. —¿Su vida aquí en Deyá, al lado de lo que usted llama la moderna civilización mecanárquica, lo ha conducido gradualmente a la maestría poética? Graves: Alguna vez viví aquí por seis años sin moverme, sin salir. Fue entre 1930 y 1936. No fui ni siquiera a Barcelona. Aparte de eso, para mí siempre ha sido importante viajar. Uno tiene que salir porque no puede vivir totalmente sobre sí mismo o sumergido en la tradición del pasado. Uno debe percatarse de cómo es realmente la sórdida vida urbana. —¿Pero recoge muchas menos cosas por ósmosis que si fuera T. S Eliot en el banco? Graves: Obviamente sí. —Usted está constantemente revisando sus poemas, ¿Por qué? Graves: De tiempo en tiempo caigo en la cuenta de que ciertos poemas fueron escritos por las razones equivocadas y me veo obligado a quitarlos; me provocan un sentimiento de enfermedad. Sólo deben quedar los pocos poemas necesarios. No tienen nada misterioso: si uno es poeta, tarde o temprano sabe cuáles son. Aunque, desde luego, el poema perfecto es imposible. Si pudiera escribirse, el mundo terminaría.

Eduardo Galeano: El libro de los abrazos

El libro de los abrazos
(Fragmentos)
Eduardo Galeano
La función del arte /1 Diego no conocía la mar. El padre, Santiago Kovadloff, lo llevó a descubrirla. Viajaron al sur. Ella, la mar, estaba mas allá de los altos médanos, esperando. Cuando el niño y su padre alcanzaron por fin aquellas dunas de arena, después de mucho caminar, la mar estallo ante sus ojos. Y fue tanta la inmensidad de la mar, y tanto su fulgor que el niño quedo mudo de hermosura. Y cuando por fin consiguió hablar, temblando, tartamudeando, pidió a su padre; - ¡Ayúdame a mirar!
La función del lector /1 Cuando Lucía Peláez era muy niña, leyó una novela a escondidas. La leyó a pedacitos, noche tras noche, ocultándola bajo la almohada. Ella la había robado de la biblioteca de cedro donde el tío guardaba sus libros preferidos. Mucho caminó Lucía después, mientras pasaban los años. En busca de fantasmas caminó por los farallones sobre el río Antioquía, y en busca de gente caminó por las calles de las ciudades violentas. Mucho caminó Lucía, y a lo largo de su viaje iba siempre acompañada por los ecos de los ecos de aquellas lejanas voces que ella había escuchado, con sus ojos, en la infancia. Lucía no ha vuelto a leer ese libro. Ya no lo reconocería. Tanto lo ha crecido adentro que ahora es otro, ahora es suyo. La función del lector /2 Era el medio siglo de la muerte de César Vallejo, y hubo celebraciones. En España, Julio Vélez organizó conferencias, seminarios, ediciones y una exposición que ofrecía imágenes del poeta, su tierra, su tiempo y su gente. Pero en esos días Julio Vélez conoció a José Manuel Castañón; y entonces todo homenaje le resultó enano. José Manuel Castañón había sido capitán en la guerra española. Peleando por Franco había perdido una mano y había ganado algunas medallas.
El lenguaje del arte El Chinolope vendía diarios y lustraba zapatos en La Habana. Para salir de pobre, se marchó a Nueva York. Allá, alguien le regaló una vieja cámara de fotos. El Chinolope nunca había tenido una cámara en las manos, pero le dijeron que era fácil: - Tú miras por aquí y aprietas allí. Y se echó a las calles. Y a poco andar escuchó balazos y se metió en una barbería y alzó la cámara y miró por aquí y apretó allí. En la barbería habían acribillado al gangster JoeAnastasia, que se estaba afeitando, y esa fue la primera foto de la vida profesional de Chinolope. Se la pagaron una fortuna. Esa foto era una hazaña. El Chinolope había logrado fotografiar la muerte. La muerte estaba allí: no en el muerto, ni en el matador. La muerte estaba en la cara del barbero que la vio.
Celebración de la fantasía Fue a la entrada del pueblo de Ollantaytambo, cerca del Cuzco. Yo me había desprendido de un grupo de turistas y estaba solo, mirando de lejos las ruinas de piedra, cuando un niño del lugar, enclenque, se acercó a pedirme que le regalara una lapicera. No podía darle la lapicera que tenía, porque la estaba usando en no sé qué aburridas anotaciones, pero le ofrecí dibujarle un cerdito en la mano. Súbitamente, se corrió la voz. De buenas a primeras me encontré rodeado de un enjambre de niños que exigían a grito pelado, que yo les dibujara bichos en sus manitos cuarteadas de mugre y frío, pieles de cuero quemado; Había quien quería un cóndor, y quien una serpiente, otros preferían loritos o lechuzas, y no faltaban los que pedían un fantasma o un dragón. Y entonces, en medio de aquel alboroto, un desamparadito que no alzaba más de un metro del suelo, me mostró un reloj dibujado con tinta negra en la muñeca; - Me lo mandó un tío mío que vive en Lima -dijo. -¿Y anda bien? -le pregunté. - Se atrasa un poco - reconoció.
La burocracia /1 En tiempos de la dictadura militar, a mediados de 1973, un preso político uruguayo, Juan José Noueched, sufrió una sanción de cinco días: cinco días sin visita ni recreo, cinco días sin nada, por violación del reglamento. Desde el punto de vista del capitán que le aplicó la sanción, el reglamento no dejaba lugar a dudas. El reglamento establecía claramente que los presos debían caminar en fila y con ambas manos en la espalda. Noueched había sido castigado por poner una sola mano en la espalda. Noueched era manco. Había caído preso en dos etapas. Primero había caído su brazo. Después él. El brazo cayó en Montevideo. Noueched venía escapando a todo correr cuando el policía que lo perseguía alcanzó a pegarle un manotón, le gritó: ¡Dese preso! y se quedó con el brazo en la mano. El resto de Noueched cayó un año y medio después, en Paysandú. En la cárcel, Noueched quiso recuperar su brazo perdido: -Haga una solicitud - le dijeron. Él explicó que no tenía lápiz: -Haga una solicitud de lápiz -le dijeron. Entonces tuvo lápiz, pero no tenía papel: -Haga una solicitud de papel - le dijeron. Cuando por fin tuvo lápiz y papel, formuló su solicitud de brazo. Al tiempo le contestaron. Que no. No se podía: el brazo estaba en otro expediente. A él lo había procesado la justicia militar. Al brazo, la justicia civil.
Los nadies Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba. Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos. Que no son, aunque sean. Que no hablan idiomas, sino dialectos. Que no profesan religiones, sino supersticiones. Que no hacen arte, sino artesanía. Que no practican cultura, sino folklore. Que no son seres humanos, sino recursos humanos. Que no tienen cara, sino brazos. Que no tienen nombre, sino número. Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local. Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.
Avisos Se vende: - Una negra medio bozal, de nación cabinda, en la cantidad de 430 pesos. Tiene principios de coser y planchar. - Sanguijuelas recién venidas de Europa, de la mejor calidad, a cuatro, cinco y seis vintenes cada una. - Un coche, en quinientos patacones, o se cambia por una negra. - Una negra, de edad de trece a catorce años, sin vicios, de nación bangala. - Un mulatillo de edad de once años, con principios de sastre. - Escencia de zarzaparrilla, a dos pesos el frasquito. - Una primeriza con pocos días de parida. No tiene criatura, pero tiene abundante y buena leche. - Un león, manso como un perro, que come de todo, y también una cómoda y una caja de caoba. - Una criada sin vicios ni enfermedades, de nación conga, de edad como de dieciocho años, y asimismo un piano y otros muebles, a precios cómodos. (De los diarios uruguayos de 1840, veintisiete años después de la abolición de la esclavitud.)
Dicen las paredes /1 En el sector infantil de la Feria del libro, en Bogotá:
El locóptero es muy veloz, pero muy lento. En la rambla de Montevideo, ante el río-mar: Un hombre alado prefiere la noche. A la salida de Santiago de Cuba: Cómo gasto paredes recordándote. Y en las alturas de Valparaíso: Yo nos amo. Amares Nos amábamos rodando por el espacio y éramos una bolita de carne sabrosa y salsosa, una sola bolita caliente que resplandecía y echaba jugosos aromas y vapores mientras daba vueltas y vueltas por el sueño de Helena y por el espacio infinito y rodando caía, suavemente caía, hasta que iba a parar al fondo de una gran ensalada. Allí se quedaba, aquella bolita que éramos ella y yo; y desde el fondo de la ensalada vislumbrábamos el cielo. Nos asomábamos a duras penas a través del tupido follaje, de las lechugas, los ramajes de apio y el bosque del perejil, y alcanzábamos a ver algunas estrellas que andaban navegando en lo más lejos de la noche.
La noche /1 No consigo dormir. Tengo una mujer atravesada entre los párpados. Si pudiera, le diría que se vaya; pero tengo una mujer atravesada en la garganta.
La noche /2 Arránqueme, señora, las ropas y las dudas. Desnúdeme, desdúdeme.
La noche /3
Yo me duermo a la orilla de una mujer: yo me duermo a la orilla de un abismo.
La noche /4 Me desprendo del abrazo, salgo a la calle. En el cielo, ya clareando, se dibuja, finita, la luna. La luna tiene dos noches de edad. Yo, una.
Celebración de las contradicciones /1 Como trágica letanía se repite a sí misma la memoria boba. la memoria viva, en cambio, nace cada día, porque ella es desde lo que fue. Aufheben era al verbo que Hegel prefería, entre todos los verbos de la lengua alemana. Aufheben significa, a la vez, conservar y anular; y así rinde homenaje a la historia humana, que muriendo nace y rompiendo crea. Celebración de las contradicciones /2 Desatar las voces, desensoñar los sueños: escribo queriendo revelar lo maravilloso, y descubro lo real maravilloso en el exacto centro de lo real horroroso de América. En estas tierras, la cabeza del Dios Eleggúa lleva la muerte en la nuca y la vida en la cara. Cada promesa es una amenaza; cada pérdida un encuentro. De los miedos nacen los corajes; y de las dudas las certezas. Los sueños anuncian otra realidad posible y los delirios otra razón. Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos. La identidad no es una pieza de museo, quietecita en la vitrina, sino la siempre asombrosa síntesis de las contradicciones nuestras de cada día. En esa fe, fugitiva, creo. Me resulta la única fe digna de confianza, por lo mucho que se parece al bicho humano, jodido pero sagrado, y a la loca aventura de vivir en el mundo.
Crónica de la ciudad de México Medio siglo después del nacimiento de Superman en Nueva York, Superbarrio anda por las calles y las azoteas de la ciudad de México. El prestigioso norteamericano de acero, símbolo universal del poder, vive en una ciudad llamada Metrópoli. Superbarrio, cualunque mexicano de carne y hueso, héroe del pobrerío, vive en un suburbio llamado Nezahualcóyotl. Superbarrio tiene barriga y piernas chuecas. Usa máscara roja y capa amarilla. No lucha contra momias, fantasmas ni vampiros. En una punta de la ciudad enfrenta a la policía y salva del desalojo a unos muertos de hambre; en la otra punta, al mismo tiempo, encabeza una manifestación por los derechos de la mujer o contra el envenenamiento del aire; y en el centro, mientras tanto, invade el Congreso Nacional y lanza una arenga denunciandolas cochinadas del gobierno.

Enrique Patricio: El condenado azar

De Enrique Patricio para Los Elementos del Reino
EL condenado azar
Muy cordialmente les invito a que se sumen a esta muy azarosa aventura, a manera de ejercicio reflexivo, pero que sea como que con un algo más vital que solamente una lectura común. Para que de esta forma intentemos juntos una somera aproximación al azar. De éste vamos a decir que dejaremos desde un principio fuera otros (sus también) nombres “muy particulares” , para no confundirnos, como digamos: suerte o fortuna (por “buena” o “mala” situación), milagro (por, lo inverosímil hecho realidad), accidente (por, un inevitable acontecer), coincidencia (por, creíble aunque inesperada), revelación (por, impronta resolución), paralelismo (por, “un” camino que se está dando a su vez en otro lugar), y mejor le paramos ahí y lo dejamos en etcétera, que no pretenderíamos crear aquí una “suerte” de gótica aforísmica. No obstante, lo que hemos querido sí expresar con lo anterior, es que podemos considerar que todos al azar lo “conocemos” de un modo u otro. El asunto en trámite es, no la de ser o no ser del azar, sino más bien es la de tener presente la vistosa cualidad potencial que presenta de existir y no a un mismo tiempo. Y aclarando también desde estas líneas iniciales que voy en este escrito, amén de glosar a muy grosso modo, a delinearlo atípicamente y no con un punto de vista cientificista aunque en un primer bloque, el del Tema, se haga alusión a ella, a la ciencia o, más precisamente se hable en torno de ella), pongamos por caso el que fuéramos a partir dialécticamente con una tesis, siguiendo con la antítesis y finalizando en síntesis, no, repito que no lo consideraría así, con el método científico, sino antes bien, mejor propongo para tratar de penetrar este aspecto por su lado sutil, utilizar entonces como acontece para todo drama clásico, un Tema, el consabido Nudo y su fatal desenlace. Veamos:
-- TEMA --
La palabra azar –siguiendo al diccionario— proviene del árabe y, lo que su significado nos refiere es, un dado para jugar. El tratado nos remite también a: Casualidad, caso fortuito. // 2. Desgracia imprevista. // 3. En los juegos de naipes o dados, carta o dado que tiene el punto con que se pierde. // 4. En el juego de trucos o billar, cualquiera de los dos lados de la tronera que miran a la mesa. // 5. En el juego de pelota, esquina, puerta, ventana u otro estorbo. //Salir azar. fr. fig. y fam. Malograrse o salir mal una cosa. Pues bien, hasta aquí la cita, de modo que una vez transcrito ello, hemos de reconocer no obstante, que no encontramos ahí todo lo necesario ni siquiera lo suficiente para nuestro tema, o bien vale decir que no nos auxilia mucho el diccionario como para poder apoyarnos de él en adelante según es nuestra finalidad. Pero dejaremos nada más, antes de iniciar formalmente con la exposición, que desde el punto de vista histórico sabido es que el dado cúbico (de seis caras puntuadas) más antiguo conocido hasta el día de hoy (entiéndase que, antes del de los griegos y del de los romanos) fue hallado en lo que en nuestros días es territorio iraní. Mas, de ese dado, desconocemos el cómo era utilizado en sus días con exactitud. Especulemos; si por un lado sería con fines lúdicos, en el sentido en que hoy reconocemos todo entretenimiento –algo informal— o, quizá como algo más que un inocente pasatiempo –más formal—y, tal vez hablaríamos entonces de toda una organización para satisfacción de los ludópatas, donde se experimentarían igualmente las apuestas, pero sea cual fuere esa utilización dicha por nosotros, ambas formas estarían caracterizadas por lo infraconciente --dado un uso moderado de la inteligencia en juego—; o, ya entonces, diríamos también por otro lado, que si acaso fuese usado con el “objetivo” de una misión oracular, en toda lógica de pensamiento pues, con un sentido adivinatorio --y lo cual pudo muy bien haber sido más serio y formal en su momento—y, en todo caso, este otro uso sería ya de un carácter más bien supraconciente. Ahora que, siendo así (de este tamaño) nuestro desconocimiento histórico, tan al detalle del azar, no podríamos por lo tanto nosotros otorgarle arbitrariamente una valoración en términos únicamente contemporáneos a ese “dado para jugar”. Así pues, dando por concluido así este aspecto de significado del término, entremos de lleno al tema (y aquí no vale aquello de que al buen entendedor pocas palabras). Empecemos tanteando alrededor de la ciencia desde dos ángulos; 1) los temas azarosos aislados; los que son excepción; y, 2) la idea de que el azar no es un juego; y aquí cabría recordar lo dicho por Einstein: “Nunca creeré que Dios juega a los dados con el mundo”. Sin embargo, no trataremos de efectuar mañosamente de nuestra parte una “novedosa” versión bifronte, de algo así como “la otra historia de la ciencia”. Pero, sí hacerle “así”, es decir, para que nos sirva en la idea de poder revisitar algunos “viejos” tópicos, un tanto empolvados, o sea, algunos planteamientos “olvidados”, así como recordar de paso a algunos de sus paradigmáticos personajes. Ahora bien, ¿menester será concentrarnos más en la solución al “problema” azar o, es más importante concentrarnos aquí mayormente en el “problema” que en la solución del azar? (Antes y muy brevemente, como de rozón, abrimos un paréntesis y vemos un asunto que tiene que ver: ¿qué probabilidad existe de que en México se repitiese en el año 2010 un suceso histórico-social relevante, como los ocurridos en 1810 y en 1910? Pues bien, desde el punto de vista numérico de los ciclos, por ejemplo --y esto lo saben hasta los encuestadores--, sí es factible, utilizando para el caso determinadas variables; empero, ¿lo es desde el punto de vista que dijimos, el histórico-social, político, económico de hoy, también? Que quede en el aire este asunto concerniente a la relación teoría-praxis; para no llegar a comentar cosas de la calle, como sería la de que desde hace ya bastante rato que mucha gente cree a pie juntillas, por como han estado dándose las cosas en el país, que sin necesidad de ningún tipo de “ayudadita” sí se cumplirá la tripleta el próximo año. Ahora bien, ¿pudiera ser una trama no basada en hechos pero en teoría correcta?, ¿intervendría la voluntad, la intención, o sería la suerte? o, ¿serían ambas? y, ¿dónde quedaría la teoría de los ciclos? y, si se tratase de una “fuerza oculta”, ¿cómo sería ésta? Mas, no nos detendremos en “resolver” este asunto en lo particular –sobre el que ya se han vertido chorros de tinta en papel y lanzado escritos electrónicos, sobre todo en política--, mejor sigamos con nuestra reflexión general).
Esta paréntesis fue sólo para justificar la mira, o en otra palabras, el decir que vamos a concentrarnos totalmente aquí en este primer bloque (el tema) en el escudriñamiento de la problemática azar y no en la solución del azar, dentro (o, ¿fuera?) de la teoría y de la práctica científicas. Y pues bien, viéndole desde ese ángulo, que es el hipotético, según los más avanzados estudios en varias disciplinas, el azar más bien “pareciera” que se encuentra plenamente “organizado”, aunque de alguna desconocida manera para nosotros. O séase que faltaría, desde luego, el saber cómo abordarlo científicamente para conocer el cómo funciona; todo hacia allá parece apuntar. (Sobre todo si lo corroboramos con, la que por su muy dinámica evolución que últimamente ha tenido, la astrofísica, por ejemplo, desde el “boom” del otrora famoso Big Bang hasta chocar con otras propuestas más recientes de lo mismo en otro sentido –-y justamente se cumple este año el cuatrianiversario de la que conocemos como astronomía moderna-- ).Pero, como el azar no pertenece completamente al mundo nuestro estandarizado ni puede estarlo bajo la lógica seguida hasta nuestros días, pues todo así lo hace suponer (¿qué tan lógico nos resulta suponer que lo que llamamos ilógico pueda tener su propia lógica?), no obstante había sido (¿todavía?) rechazado aun hasta hace muy “poco tiempo” por el conocimiento así llamado racional, al no ser cabalmente comprendido. (Esto cuando dicho conocimiento racional, presumimos, debería ser incluyente, es decir, uno que estaría dando cabida a todas las posibilidades, presto a indagar, a promover la curiosidad y, en resumidas cuentas, abierto a todas las ideas por más locas que éstas parezcan a primera vista). Entre otros Khun ya decía acerca de esos paradigmas científicos que eran sustentados (¿todavìa?) por aquel conocimiento dizque racional, que de una manera sistemática se iba negando ontológicamente todo lo que no caía dentro de sus limitadas y arbitrarias reglas de juego. Y sabido es que con declaraciones de esta envergadura invariablemente se pone el dedo en la llaga. De ahí que nos vamos a atrever a insistir aquí en este orden de ideas, aduciendo un contranálisis. Índole que cabría considerar, para nuestro propósito, de suma importancia para hablar del azar; aunque, claro está, tocante a esa ciencia sería como decirle “y peor aún”. Pero, y ¿qué le vamos a hacer, no? Bástenos por ahora con recordar esto, y para no largar tanto la lista de esos “denostadores” y sí, en cambio, poder detenernos --o extendernos, según se aprecie mejor— un poco más “minuciosamente” respecto de este “detractor” autor que acto seguido abordaremos, uno por citar, dados sus flamígeros señalamientos y que no es otro que Charles Fort con su "Libro de los condenados", mismos que estipulaba en contra de los dogmas científicos que privaban a inicios del siglo XX, que podríamos decir habituales en la “Razón” llamémosle “oficializada y oficializante” de entonces, esa que rechazó uno a uno innumerables hechos azarosos de una manera contradictoria, es decir, sin razón aparente. Y Fort, con esta rotunda obra irrumpió con una “sonora”, potente voz discordante en el medio científico. Ya reflexionaba, ya cuestionaba, ya disgregaba, ya criticaba, ya extrapolaba, ya proponía…, iba y venía de un lado a otro. Arribó así, amén de contestatariamente, con ese peculiar estilo dentro de una narración científica (nada ortodoxo y más bien una suerte de neo-Dadá en la ciencia), o sea, ni más ni menos que todo un auténtico subversivo de esa formalidad de la ciencia asumida en su época (¿todavía?). En efecto, justamente lo hizo así, básicamente con humoradas, no tomándosela aparentemente tan en serio, rompiendo todo tipo de esquemas, puesto que lo que estaba afirmando sin cortapisas con esa aguerrida literatura científica suya era, “que hay otra cosa”. Ya citaremos textualmente algo de él más adelante. Sólo que antes habrá que reconocer, en torno de una figura de la talla intelectual de Fort, que evidentemente él fue algo más que el citadino sabelotodo del –por aquel tiempo—burgués Bronx neoyorquino, fue –en su descargo—un más que singular científico empírico más, un locosabio tal vez, quien por sus amplios conocimientos resultó verdaderamente genial en todas sus acometidas (y alguien por ahí podría argüir que fue en realidad todo un científico serio, todo un científico-científico, como hay pocos. Y para abundar en lo dicho, existe una especie de trilogía, es decir, además con Lo! y Talentos insólitos --edición esta última, post mortem--). Fort adquirió información y formación naturalmente en la Biblioteca Municipal de Nueva York, en el Museo Británico y, así mismo, debido a una fluida correspondencia que sostuvo con otras importantes bibliotecas y con múltiples librerías alrededor del mundo. Este Libro de los condenados suyo a que hacemos mención en nuestro escrito, apareció en la ciudad de Nueva York el año de 1919 y suscitó entre la comunidad científica e intelectual americana gran revuelo. Obteniendo entonces comentarios críticos muy diversos, tales como: “El apóstol de la excepción” (Ben Hecht). “Sus sarcasmos coinciden con las críticas más válidas de Einstein y de Bertrand Russell” (Martin Gardner). “L a más grande figura literaria desde Edgar Poe” (Theodore Dreiser). “Leer a Charles Fort es cabalgar un cometa” (Maynard Shipley). “En esta obra se hallan los gérmenes de por lo menos seis ciencias nuevas” (John W. Campbell). “Una de las monstruosidades de la literatura” (Edmond Pearson). “Una ‘Rama dorada’ para delirantes” (John T. Winterich)… Y es que Fort, industrioso como pocos, entró con todo en química, en sociología, en psicología, en magnetismo, en astronomía y otras tantas ciencias y artes más; fue abarcante. Y no fue el suyo nada más un colosal esfuerzo enciclopédico (fórmulas, principios, leyes, etc.) sino que idénticamente lo fue, titánico en cuanto a información (que supo ser “formal” a su estilo). Documentó fenómenos raros ocurridos en distintos países y diferentes épocas, y que son de lo más variopinto, como: Inscripciones “sobre” de meteoritos. E xtrañas desapariciones. Nieve negra. Bolas de fuego. Lunas azules. Soles verdes. Lluvias de ranas, de lodo, de carne, de azufre. Ruedas luminosas en el mar. Aguaceros de sangre. Cataclismos inexplicables… Es decir, él nos habló con toda naturalidad de prácticamente lo “real maravilloso”, de aquellos hechos que pertenecen a ese gran dominio de lo desconocido (rara avis in terris) o, en su defecto, de ese constante suceder que conturba –todavía hoy—el espíritu de toda esa civilizada gente cuando se lo topa de frente, esa que “cree” tener la certeza de saberlo todo (y más con “nuestra” internet); nada nuevo. Aunque, desde luego que para Fort (y otros más, como sabemos) no era ningún extraño enigma a descifrar, lo “misteriosa” que se comportaba la ciencia, cuando no consideraba dentro de su temática los hechos enigmáticos, extraños, misteriosos…, eso era hacer trampa, decía. Los “condenados” fueron para él, sí, bajo tal práctica, los hechos insólitos, los hechos “fantásticos” que sencillamente eran echados a un lado por la todopoderosa Ciencia de hace un siglo, desairados sin más, o también los que eran no muy seriamente estudiados, o desvirtuados en su análisis o, los que con una tremenda simpleza, por no decir torpeza, fueron “examinados”. Partía en su tesis por considerar que todo ese conocimiento científico al que aludía no era objetivo (al no tomar en cuenta al nunca bien ponderado azar, diríamos), proponiéndonos entonces en su trabajo, un “cierto número de experiencias en materia de estructura del conocimiento”. En su idea central sobresale el que no se rechace ningún hecho, con motivo de que contrariarían los razonamientos establecidos. Y ésta es una clase de contrarespuesta a una lección (dolorosa, sí, sin dudad, pero…) corroboradamente, obligadamente aprendida, acerca de que la cosa tenía que ser únicamente así: la experiencia versus el azar. Y es por esto precisamente que Fort, diríamos, contraatacó. Porque, efectivamente, sabemos que la experiencia científica, buena o mala, verdadera o falsa, permanece; pero, y ¿del conocimiento del azar, qué hay? Nada. Y por supuesto que Fort, que no era ningún fantasioso, estaba viendo más allá, y veía la superestructura, atestiguaba que había una mentalidad maliciosa endémicamente inserta en la academia de su tiempo y la cuestionaba: “En la topografía de la inteligencia –aseveraba—el conocimiento podría definirse como ignorancia envuelta en risas”. Es evidente que resultaba mucho muy cómodo no tomar a consideración el azar, que tratar de comprender los mecanismos como entra en función, o en otras palabras, debemos decir que esa ciencia se sustrajo a una tarea que le correspondía igualmente trabajar. Era, académicamente pues, muy “fácil” mantener el estudio del azar alejado de la “ciencia” en dicha época. Aun así, Fort a llegó a atisbar una ciencia futura con un espíritu no crédulo… Y bueno, ahora, tras esta muy pequeña introducción, pasemos a considerar brevemente parte de su pensamiento con algunos extractos al azar (para no decir escogidos, que podría venir a ser lo mismo en un momento dado) de la mencionada obra. “Por condenados entiendo los excluidos. Pero también considero excluidos a todos aquellos que un día excluirán a su vez. En efecto, el estado que común y absurdamente se denomina existencia es un ritmo, de infierno y de paraíso. Los condenados no seguirán siendo tales, pues la salvación precede a la perdición y nuestros malditos harapientos serán un día ángeles melosos que mucho más tarde aún volverán a partir del mismo lugar donde habían venido. “Pienso que nada puede intentar ser, sin tratar de excluir algo, y que lo que se llama comúnmente “ser” es una diferencial entre lo que se ha incluido y lo que se ha excluido. “Estimo también que no hay diferencias positivas. Que todas las cosas son como el insecto y el ratón en medio de su queso. Insecto y ratón. Nada más diferente que estos dos seres. Permanecen allí una semana o un mes y después no son más que transmutaciones del queso. Creo que todos nosotros somos insectos y ratones y sólo diferentes expresiones de un gran queso universal. “O también que el rojo no es positivamente distinto del amarillo, sino otro grado de esa vibración de la cual el mismo amarillo es un grado; que el rojo y el amarillo son contiguos o que se funden en el naranja. De modo que si la Ciencia debiera de clasificar, sobre la base de lo rojo o lo amarillo, los fenómenos que incluyen a todas las cosas rojas por verdaderas y excluyen a todas las cosas amarillas por ilusorias, la demarcación sería falsa y arbitraria, pues los objetos naranja constituyen una continuidad y se hallarían a ambos lados de la frontera propuesta. “Surgiría entonces que nunca se ha concebido una base más razonable de clasificación, inclusión o exclusión, que el rojo o el amarillo. Al recurrir a diferentes bases, la Ciencia ha incluido o excluido innumerables datos. Por lo tanto, si lo rojo y el elemento amarillo, si toda base de admisión y toda base de exclusión son contiguas, la Ciencia debería haber incluido hechos que prolongaran a los mismos que aceptaba. En el rojo y el amarillo, que se funden en el naranja, quisiera tipificar todos los tests, todos los modelos, todos los medios de formarse una opinión. “Toda opinión posible sobre cualquier cosa es una ilusión basada en el sofisma de las diferencias positivas. La búsqueda de todo entendimiento tiene por objeto un hecho, una base, una generalización, una ley, una fórmula, una premisa mayor positiva; pero nunca se ha hecho otra cosa que deducir evidencias. Tal fue la búsqueda que no dio resultados. Y sin embargo la Ciencia ha actuado, reinado, ordenado y condenado como si esa búsqueda hubiese obtenido algún resultado. “Si no existen diferencias positivas, nada puede definirse como positivamente distinto de nada. ¿Qué es una casa? Una granja es una casa cuando se vive en ella. Pero si el hecho de habitar en ella es más la esencia de una casa que el estilo arquitectónico, entonces un nido de pájaro es una casa. La ocupación humana no constituye el modelo de juicio, pues los perros tienen su casa, ni la materia, porque los esquimales tienen casas de nieve. Y dos cosas tan positivamente distintas como la Casa Blanca de Washington y la conchilla de un cangrejo eremita resultan ser contiguas. Nadie ha podido definir jamás la electricidad pues nada es si se la distingue positivamente del calor o el magnetismo. Los metafísicos, los teólogos y los biólogos trataron de definir la vida. Han fracasado porque en el sentido positivo no hay nada que definir: no existe un solo fenómeno de vida que no se manifieste, en cualquier grado, en la química, el magnetismo o los desplazamientos astronómicos. “La diferencia entre tierra y mar no es positiva. En toda agua hay algo de tierra, en toda tierra hay agua. De modo que todas las apariencias son falaces, pues forman parte de un mismo espectro. La pata de una mesa nada tiene de positivo, sólo es la proyección de alguna cosa. Y ninguno de nosotros es una persona, porque físicamente nosotros somos contiguos de los que nos rodea, porque psíquicamente sólo nos llega la expresión de nuestras relaciones con lo que nos rodea. “Mi posición es la siguiente: todas las cosas que parecen tener una identidad individual son sólo islas, proyecciones de un continente submarino y carecen de contornos reales. Pero muchas de ellas son únicamente proyecciones y tienden a liberarse de esa atracción que les niega su propia identidad. Todo lo que se intenta considerar real o positivo, sistema absoluto, gobierno, organización, uno mismo, alma, inmortalidad, sólo puede llegar a serlo rodeándose de una frontera, condenando y excluyendo, huyendo de todas las demás “cosas”. Sin ello, no puede gozar de una apariencia de existencia. Pero si actúa así, actuará falsa, arbitraria, fútil y desastrosamente, como si se intentara trazar un círculo en el mar, incluyendo ciertas olas y declarando positivamente distintas a todas las demás contiguas de las primeras, o situando su vida en la diferencia positiva de los hechos aceptados y los hechos condenados. “Vivimos una seudoexistencia y todas sus apariencias participan de su irrealidad esencial. Pero ciertas apariencias se aproximan más que otras al estado positivo. Considero que todas las “cosas” ocupan gradaciones, etapas seriales entre la positividad y la negatividad, entre la realidad y la irrealidad. Ciertas apariencias son más constantes, justas, hermosas, armoniosas, individuales y estables que otras. “No soy realista ni tampoco idealista. Soy intermediarista. Nada es real, pero nada tampoco es irreal y todos los fenómenos son aproximaciones de una parte u otra entre la realidad y la irrealidad. Por consiguiente, toda nuestra casi-existencia es un estado intermedio entre lo real y lo irreal. Pero en esta suma prematura, la Realidad es un aspecto del estado positivo. “Por realidad designo lo que no se confunde con algo de otra cosa, lo que no es parcialmente otra cosa, lo que no es una reacción a alguna cosa o una imitación de alguna cosa. Un héroe real no sería parcialmente cobarde, o sus acciones y motivos no se confundirían con la cobardía. “Aunque lo local puede universalizarse, no es concebible que lo universal pueda ser localizado, pero aproximaciones de un orden elevado pueden transferirse de la intermediaridad a la realidad, así como, en un sentido relativo, el mundo industrial se produce mediante una transferencia fuera de lo irreal (o fuera de la imaginación de apariencia irreal de los inventores) de máquinas que, una vez instaladas en las fábricas parecen tener más realidad que la que poseían en el nivel de la imaginación. Si todo progreso tiende a la estabilidad, la organización, la armonía, la consistencia o la positividad, todo progreso es una tentativa de terminar lo real. En términos de metafísica general, estimo pues que lo que comúnmente se llama “existencia” y que yo denomino intermediaridad, es una casi existencia ni real ni irreal, pero expresión de una tentativa que apunta a lo real, o a la penetración de una existencia real. “Supongo que uno de mis grandes deseos e demostrar que en la casi existencia todo es absurdo –o intermediario entre lo absurdo absoluto y lo verosímil final--, que todo lo nuevo es aparentemente absurdo, que poco después se convierte en el orden establecido, el absurdo disfrazado. Y que finalmente, después de un tiempo, vuelve a ser absurdo. Todo proceso marcha de lo escandaloso a lo académico o a lo consagrado y luego vuelve a lo escandaloso aunque modificado por una tendencia a aproximarse cada vez más a lo inverosímil. A veces me falta la inspiración, pero creo que en la actualidad nos hemos habituado a la unidad de la totalidad y que los métodos de la Ciencia para mantener el dominio de su sistema son tan insoportables como los intentos de los condenados para volver a introducirse. “Considero que aunque la Ciencia se ha concebido generalmente en su especificidad, aunque resulta ser en sus propios términos locales una excavación de viejos huesos de insectos o magmas repugnantes, expresa efectivamente el espíritu que anima a la intermediaridad. Si la Ciencia pudiera excluir todos los datos, salvo los míos propios, asimilables a la actual casi organización, ella sería un verdadero sistema dotado de contornos positivamente definidos. Sería real. “Pero sólo parece acercarse a la consistencia, a la solvencia, al sistema, a la positividad y a la realidad, condenando lo irreconciliable o lo inasimilable. “Todo estaría bien. Todo sería admirable. Si los condenados quisieran seguir siendo condenados.” Y bueno, tras estos extractos de una obra de hace noventa años, sería bueno constatar el estado actual de cosas en la ciencia y poder entender quizás un poco más hoy a esos “incomprendidos” personajes en la ciencia; es decir, comprendemos que no es que no se les haya entendido científicamente, en cuanto a su propuesta, sino que supinamente fueran ignorados, desechados sus aportes, porque aquella “ciencia” de una manera acientífica no les quiso aceptar esa su posición científica, considerados de transgresores de unos principios científicos en cuestionamiento; sea tal vez, por querer poner un “orden” en el “desorden” científico establecido. Finalmente, de Libro de los condenados Fort mismo dijo: “Lo lamentable de esta obra es que me convertirá en un cínico.” Y advirtió a sus lectores: “Este libro es una ficción, como Los viajes de Gulliver, El origen de las especies y también la Biblia.” Y hasta aquí dejamos las citas textuales de Fort. Decíamos que si ya Khun (y otros también) habían puesto el dedo en la llaga, con Fort por ejemplo (hay otros), se dejaban las venas abiertas de muchos de los “temas tabú” científicos, establecíase así un código rojo, una alarma general, y se empezaba a diseccionar un cadáver, el de la “Razón” positiva. Aunque por otra parte, podemos vislumbrar en nuestros días, respecto a esa “reglas” que refería Khun seguía la ciencia, que afortunadamente para todos han ido paulatinamente cambiando; son ya otras las miras ahora. Sólo que, cabría destacar que ha sido en el terreno “filosófico científico” donde primero se fue dando un avance intensivo y extensivo, con una mayor libertad. Verbigracia; ya en Crítica de la razón pura Kant sortea “antes” al azar con esta antinomia, por ejemplo: el mundo tiene un principio en el tiempo y es limitado en el espacio; el mundo no tiene principio en el tiempo y es infinito en el espacio. Ahora que, siendo justos, que cuente igualmente aquí no sólo un progreso científico sobre el papel que se da, diríamos para ejemplificar con alguna disciplina, sea desde el momento en que el físico danés Niels Bohr logró superar la influencia del positivismo resolviendo alguno puntos en la inaugural mecánica cuántica, hasta llegar al abierto universo del teórico mundo cuántico actual, que es como una tirada de dados o el lanzamiento de una moneda, pues aunque el resultado es aleatorio es el mismo; es el azar. (Y aquí toda la experiencia científica da un vuelco porque, por ejemplo, detrás de la máscara de un juego –juego para nosotros--, detrás del truco, detrás de la broma comprobamos que está, simple y sencillamente funcionando de todas formas el azar: instrumentos materiales como las monedas o los dados funcionando solamente como el medio, enlace o conducto del mismo. ¿Es este un mundo paradójico? (el que quizá ya ha sido abordado por la ficción fantástica de alguna manera; aunque, tal vez, ésta sea superada por una realidad simplemente fantástica); ¿ es el mundo del ser y el del no ser al mismo tiempo?; como el vaso que puede estar medio lleno o medio vacío, y que no está ni medio lleno ni medio vacío; ¿el vacío puede estar lleno de sí mismo?: lo micro y lo macro son expresiones de una misma cosa. Vemos que es este un territorio de arenas movedizas del que huyen quienes prefieren pisar suelo aparentemente “más firme”. Pero, decíamos que cuente no sólo este progreso científico sobre el papel, sino que cuente igualmente el papel que ha tenido el desarrollo tecnológico aplicado. Un ejemplo de ello es la novísima tecnología inteligente utilizada en procesos generativos como en la nanociencia. En ésta, ya se puede llegar a “manipular”, lo más libremente posible, esos procesos que antaño eran más bien “dejados al azar”, o sea, por las anteriores generaciones de positivistas (obviamente otros, como los alquimistas, no funcionaron así), sí, decimos de las inverosímiles mutaciones (nuevas y también las por conocer, aparte de las ya conocidas) son --sí, hoy-- ya posibles. Eso mientras lleguemos (que ya llegamos)a la nanobiotecnología; pues acaso, ¿habrá límites? Actualmente parece dar respuesta con creces en este aspecto la biogenética (y su reciente tecnología también). La ciencia de hoy, vista en su extensión y por su variedad, por cantidad y por calidad, tiene contempladas no sólo en su seno, sino en su aplicación, implicaciones de mucho mayor alcance que antes, con todo lo que ello conlleva por que, por ejemplo, desde el punto de vista de la economía, da un efectivo ultimátum a numerosísimos empleos tradicionales (los más naturales, los más artesanales, sobre todo), por un lado, y por otro brinda una mayor oportunidad de colocación laboral, con nuevos quehaceres y generación de nuevos roles; serán las nuevas actividades económicas relacionadas con la tecnología. Pero, siempre hay un pero, desde la óptica redistributiva que acompañara a estas postmodernas ciencia y tecnología dentro del mundo global, sólo tendrían acceso real a las nueva oportunidades personas de “primer mundo” (en función de las necesidades de profesionalización de los consorcios trasnacionales, dentro de esa “internacionalización”), o bien, dentro de un enfoque regional actual (geoeconómicamente hablando) únicamente gente V.I.P. de algunos “países” por región: no tendrían, pues, cabida real no sólo los no tecnologizados, ni tan siquiera los neodependientes en la materia. Aunque todo está dispuesto en nuestros días de tal modo que pareciera que no necesitamos brújula alguna para llegar a buen puerto. ¿Qué o quiénes nos llevan, y hasta dónde? O, ¿es el azar? Y, ahora –luego de esta necesaria disgresión, desde mi muy particular punto de vista,--, podremos decir que hoy la ciencia está conectándonos ya no más en términos estrictamente humanos, sino que está llevándonos raudamente a un mundo posthumano, culturalmente desconocido, y por tanto sin tener ninguna referencia acerca de él: lo cual implicaría tener que efectuar todo un reaprendizaje de vida. (Abramos igualmente aquí un paréntesis para preguntarnos: A partir de una clonación de seres humanos –si ello en verdad, nada más con la ciencia práctica fuese posible--, ¿dejaríamos de ser mamíferos?, ¿dejamos la animalidad humana? y, ¿tendrían acaso “razón” alguna los señalamientos morales, los cargos jurídico-legales, etc., para el clon también?... Y muchas más son las preguntas, como esta otra, ¿el árbol para nuestro conocimiento, el ADN es, aunque no se quiera, un árbol del bien y del mal?... Cerramos el paréntesis. Y lo anterior, como argüíamos , mientras una buena parte de la humanidad no cuenta todavía con internet, medicina, seguridad, justicia…, la lista es larga. Mas diremos que, ya para concluir con el Tema y dar lugar al Nudo, a muy grandes rasgos nos hemos dado licencia nosotros mismos para colocar de entrada, como presentación de nuestro Tema esta sucinta retrovisión cultural alrededor del acontecer de la ciencia –o sea, trátase de algo “menor”, lo que es un decir, que hablar de la auténtica revolución científica y tecnológica que está generando “nuestro tiempo”-- con la finalidad central de intentar obtener de tal visión un muy breve panorama, más o menos aceptable (decíamos cultural y humano, aunque suene a pleonasmo) de lo que azarosamente está ocurriéndole, muy ampliamente en el mundo, es decir, también en torno a, en derredor de la gente, y que por lo tanto les incumbe igualmente aun sin las personas saberlo a ciencia cierta. Ahora, demos pie al siguiente bloque cuestionándonos lo siguiente:¿ Y esas azarosas repercusiones que producen los “azares controlados” por la ciencia en el mundo contemporáneo en todos esos entes que así mismo tienen cada uno conciencia individual, qué? Y es que si las mutaciones con la ciencia, que son vivificaciones de la materia se dan, habría que preguntarnos también, conectados con el azar, ¿cuáles son las del espíritu?. Vale decir, siendo justos, equilibrados, también han de contar las mutaciones del idealismo, las de la fé, etc., --que no decimos espiritismo, brujería, etc., y mucho menos fanatismo, superchería, charlatanería, ignorancia, etc.— así como algunas otras “mini creencias” humanas más (solidaridad, lealtad, etc.), las que seguramente son “irracionales” en algunos modelos (individualistas a ultranza) asumidos hoy día –económicos, sociales, políticos, culturales, hasta medioambientales y ecológicos gubernamentales, etc.--. Tan es así que, por ejemplo, ¿quién prestaría en nuestros días algo de su tiempo para los otros, de bona fide, sin verlo como una lección de superación personal; algunos ni siquiera lo brindan a sus propios hijos. A sí las cosas, ¿se “debería” o no de prestar voluntariamente nuestro tiempo a los demás? Luego entonces, si la respuesta es sí, ¿hemos de cambiar, de mutar integralmente como individuos socializados para verdaderamente ser mejores?, o acaso, ¿lo pertinente es seguir dejando todo, como pensábamos antes (o, ¿seguimos pensando?), “al azar”. -- NUDO -- Y bien, ¿es o no una problemática el azar? (claro está que desde la óptica de un practicante del zen y otras posiciones más bien filosóficas “afines”, y quizá también los “anarquistas de las ideas”, por supuesto que no la habrá, por otro lado diremos que, para los fines de esta nudosa parte que emprendemos, no podemos centrarnos en sólo el desarrollo de una posición así como tampoco ocuparnos de todas por razones de espacio). Por principio de cuentas hay que decir acerca de esta problemática, la cual va a ser vista muy en lo general, resaltando sólo algunas cosas, que es tanto un reto lógico como lo que quepa de su contraparte “ilógica” y algo más al seleccionar al azar. Así pues, partamos considerando que habrá algo de él (del azar) que no será posible “controlar” de manera científica, es decir, aquella parte que se ubica completamente fuera de un universo físico, la que se manifiesta en el mundo etéreo de la energía pura, podemos ejemplificarlo con: llegar a perder lo que más amamos. Y en este orden de ideas es, al parecer, Oriente quien le lleva “ventaja” a Occidente. Ahora, para nosotros, el azar ¿simplemente Es? Acaso, ¿únicamente son golpes de fortuna e/o infortunio? (porque ciertamente ”afecta”; valga considerar que así como nada hay que sea total y absolutamente bueno ni malo, entonces que por lo mismo el azar afecta no obstante nuestras vidas, es decir, ya para nuestro “bien” o ya para nuestro “mal” en un momento dado) ya escudriñaremos. Pero antes, no se piense tampoco, por supuesto, que se trate ahora en este bloque de un ajuste de cuentas al desempeño científico teórico, no práctico, en este terreno hasta ahora poco pisado (y más bien pisoteado) tanto como tampoco se trata de “aceptar” (ora sí que nada más por aceptar), por ejemplo, a la magia, o a la parasicología, o a la clarividencia, o a la levitación y demás, pero no de aceptar que dos y dos son cuatro, por caso. Sin embargo, es de pensarse que no sean los números el único camino para acceder al conocimiento de ciertos fenómenos. Aun así que conste, desde luego, que no estamos afirmando que pueda prescindirse de ser “interpretados” los azares (si no enteramente, cuando menos parcialmente) numéricamente. Tan sólo quisimos dejar asentado que variadas son las vías para “conocer” acerca de esos “otros” hechos; y, en otras palabras, decir que no existe nada más una lógica (la del “pensamiento”) para acercarnos. “Otra” ruta se vislumbra cuando, por ejemplo, en el quehacer profesional –le nombre cada quien como le nombre— se habla de: “premoniciones”, “intuición”, “musas”, etc., para el caso pudiera muy bien ser un artista; o, de un “hallazgo”, un “descubrimiento”, etc., acá muy posiblemente sea un científico; o, de “corazonadas” efectivas, más allá del amor, cualquier persona… Decimos que es, el hecho “no natural” --en nuestro intento por hacernos entender—causado por el “accidente” laboral, o por aquella cosa que llamamos “iluminación”, que hace cambiar de súbito nuestra percepción de las cosas; puesto que se “abre un mundo”. Se presenta, pues, un camino “distinto” (y no) o como dice Borges, “es la senda futura y recorrida”, no ajeno sino próximo; ahora, el que este camino sea, por ejemplo, “preciso” y/o “nuevo”, está más bien en relación a una valoración lógica; una que funciona igual cuando decimos, “venturosamente”, no obstante, el camino se abrió. Pero es en ese instante, cuando algo que no estaba dentro del(os) plan(es) “entra” (o sea, el azar) para conformar el “algo diferente y no “; una palabra puede ser, alguna pieza tal vez, quizá cualquier ordinaria cosa, pero que resulta de suma importancia para una obra, o en alguna realización (funciona como un Deux ex machina --cuando un medio maravilloso o sobrenatural resuelve algún enredo dentro de un drama--, es decir, en tanto a la tarea; pero, y ¿para el operario qué representa?). Y bueno, ¿qué pasó? Vamos a verlo de este modo, por decir, ¿actúa el azar cual si fuese un insondable “agujero negro” terrestremente (y/o no terrestre es esa especie que “absorbe” todas las situaciones que necesita?), ¿se “materializa” así? (tal vez sea ¿materia negra?); o, trataríamos de explicárnoslo como --pudiera ser así--, ¿un gran “cordón umbilical” invisible que une todo lo que está por venir o que ya pasó con lo que se está gestando simplemente para dar “sustancia” a una “existencia”?, opera cual una historia instantánea, y ¿la llegada de esa imprevista mentalidad traza una huella (cual si características dactilares tuviese) pero en el cerebro, dándose lugar, de tal “suerte”, el alumbramiento de ese “algo” (no importa si pequeño o grande, feo o bonito, etc.); finalmente energía y materia que dan forma a la creatura? Y, como lo podemos comprobar, estos ya son otros términos (occidentalizados sí, pero otros, otra la dimensión). Examinemos lo siguiente: Esto de saber cómo funciona el azar, la ciencia-ficción, por ejemplo, lo aborda, intenta descubrirlo a su manera, enuncia hechos, se “anticipa” a los fenómenos, etc., pero sólo parece orbitar en una definición que no tiene eco en “nuestras” definiciones corrientes y que, por lo tanto, cualquier intento de definición parece ser acertada. Pero, ¿en qué momento la ficción deja de ser tal y se convierte en realidad?, o bien, ¿en cuál, la realidad deja de serlo y se vuelve ficción? Por otra parte, nos dice Eco: “Las expresiones lingüísticas no interpretan el hecho y tampoco lo explican: lo “muestran”, indican, reproducen reflexivamente sus conexiones. Una proposición reproduce la realidad como una particular proyección suya, pero nada puede decirse acerca del acuerdo entre los dos planos: éste puede sólo mostrarse. Tampoco, aun concordando con la realidad, puede comunicarse la proposición, porque en este caso no tendríamos ya una afirmación verificable acerca de la naturaleza de las cosas, sino acerca del comportamiento de quien ha hecho la afirmación (a fin de cuentas, “hoy llueve” no puede comunicarse como “hoy llueve”, sino como “X ha dicho que hoy llueve”)”. De modo que son palabras éstas “distantes” a las vistas en nuestro primer bloque (el Tema), puesto que se trata ahora de hablar desde el ángulo ya no de la materia sino de la energía. De tal suerte, habrá que “excavar” de nuestra parte cerebro y mente (en lo físico y en lo etéreo, pues) para tratar de encontrar el “eslabón perdido”, justamente entre la materia y la energía, o podemos decir, entre la razón y el espíritu. Inquirirse sobre, ¿cuándo se extravió?, ¿cómo se perdió? y ¿por qué? Egipcios, chinos, incas, griegos, mayas…, las grandes civilizaciones de la antigüedad no tuvieron tal dilema. Comenzó todo con ¿la “tiranía” de las creencias?... bueno, dejemos a Oriente un tanto aparte, como decíamos al inicio de este segundo bloque… Un eslabón, mencionamos, que desde luego es prioritario reencontrar --hay que buscarlo ya--. (En algunos estudios de carácter histórico se le ha ido dando lugar a la oralidad con leyendas, mitos, también a rarezas en las tradiciones, a costumbres inusuales en la vida de los seres humanos, es decir, se han ido recuperando como alguna vez se comenzó con los jeroglíficos, esa parte del patrimonio histórico y cultural intangible de los pueblos, ya se toma en cuenta todo eso, se les da un lugar, su lugar en el concierto de la vida humana, pero hacen falta todavía más cosas a considerarse científicamente; realizar pues una nueva lectura de esas cosas. Hace medio siglo ya, en 1959, Umberto Eco publicó un ensayo titulado Zen y Occidente, en donde entre otras apreciaciones sobre lo indeterminado, decía: “La discontinuidad es, en las ciencias como en las relaciones corrientes, la categoría de nuestro tiempo: la cultura occidental moderna ha destruido definitivamente los conceptos clásicos de continuidad, de ley universal, de relación causal, de previsibilidad de los fenómenos; en resumidas cuentas, ha renunciado a elaborar fórmulas generales que pretendan definir el complejo del mundo en términos simples y definitivos. En el lenguaje contemporáneo han hecho aparición nuevas categorías: ambigüedad, inseguridad, posibilidad, probabilidad.” Tan claro como el agua. Hay hoy, toda una cosmovisión (o, mejor decir, ¿caosvisión?) del azar que impregna muchas áreas del conocimiento científico, no por suerte sino por convicción, por voluntad, en algunos científicos. Y si el azar anda, acompaña, está presente desde las cosas pedestres que suceden todos los días hasta las más complejas situaciones, es requisito estudiarlo. Y nosotros al azar por excelencia le conocemos sencillamente como “destino” (individual o colectivo). Se presume que es, el destino de cada uno de nosotros, tal como sería un libro abierto con sus hojas en blanco y agrguemos lo que dice Borges en El libro de arena acerca de las páginas: “ninguna es la primera, ninguna la última”, diríamos, in aeternum. Aun así, ¿quién de nosotros decidir libremente su destino? Sabemos, sí, que todos podemos decidir libremente sobre nuestros actos --al menos cuando lo hacemos conscientemente--, o sea, que esto no es lo mismo. Pero, ¿regir enteramente nuestro destino?... Esta imprevisibilidad la han conocido desde tiempo remoto montones de anónimos seres humanos, por supuesto, hasta los casos conocidos por todos nosotros --y más si hubo inquisidores de por medio--, tales como: Copérnico y Galileo, o las “brujas” de Salem, o Günter Grass y Salman Rushdie, etcétera. Ahora bien, llegados e este cardinal punto, abramos un pequeño paréntesis para anotar a continuación que, prácticamente así arrancamos, es decir, desde la introducción, azarosamente --¿lo recuerdan?--, hasta este punto azar o ¿destino? y, sin ser esto dramaturgia tenemos nuestro Tema, un Nudo e iremos por un Desenlace también, siguiendo este camino del azar “controlado”. Dice así una antiquísima máxima esotérica: “Nosotros creamos nuestra propia realidad”. Algo más maravilloso y sobrenatural que esto no creo que haya. En los dramas clásicos --esto lo sabían muy bien los griegos--, al dar vida a sus creaturas concedían suma importancia en sus representaciones a la anagnórisis, porque un destino –que es todos los destinos—estaba en juego. No se trataba pues, de recetas de superación personal para gente muy ocupada ni desocupada. Diremos también que la preocupación en este segundo bloque (el Nudo) no es escribir sobre algún tema religioso, que si bien orando, rezando, meditando, se practica la elevación espiritual, no obstante sabemos de la existencia de otros vehículos para ello ..y en algunos casos desconcertantes sobremanera—para obtener conocimiento incluso más allá de lo espiritual, por decirlo burdamente, y de los cuales valdría la pena hablar, antes que del torcido mundillo de los fanático doctrinarios, por ejemplo, los de los dogmas de fés y lo de los dogmas cientificistas, sean pues aquellos que siguen más que rigurosamente –según que “al pie de la letra”—las pautas trazadas, verbigracia, de un lado las del creacionismo y del otro lado las del evolucionismo (por ejemplo, los arrebatados “fans” de un supuesto darwinismo al que mal “recrean” y más bien estereotipan), respectivamente. Sin darse estos fanáticos del pensar cerrado, protagonistas de una supina ignorancia, la oportunidad de escudriñar tanto los pensamientos de uno como de los otros, ya de apreciar juiciosamente obras –sin satanizar—como, por citar, Ciencia y Fé de Theillard de Chardin, cuando menos. Así pues, la idea central nuestra aquí seguirá siendo no caer en los clásicos extremos (ultracientificistamente, para el primer bloque; o, ultrarreligiosamente en el segundo), dado que así se desecha de antemano toda posición que no se ala propia. Y bien, terminando con este breve apunte de repaso, “a su debido tiempo” (?), pasemos ahora a ver algunos otros vehículos de conocimiento, como decíamos. Antes comencemos con la siguiente frase recortada que la recojo de una amplia cita que he visto y que me parece apropiada para este nuestro propósito, dice el alquimista Roger Bacon (y que de derecho pertenece a su Opus tertium): “Yo no debo ir contra la voluntad de Dios ni contra el interés de la ciencia…”. Anotaríamos nosotros, Dios o como cada quien prefiera llamarle, y también que así más o menos lo han visto figuras de enorme peso intelectual, tan disímbolas como semejantes, verbigracia: Albert Einstein, quien conjeturó “irracionalmente” acerca de una divinidad primigenia; o Mario Roso de Luna, un ecléctico científico español, autor entre otras obras de La Biblioteca de las Maravillas, quien dijo: “La ciencia por sí sola es estéril si no la alimenta el sentimiento trascendental de que hay algo por encima de nuestros pobres conocimientos y nuestro mísero mundo”. Para este hombre todos los contrarios no son más que ideas relativas integradas por una Unidad Suprema y la única ley efectiva que perdura a través del tiempo y el espacio, es la Ley del Amor, en su sentido más amplio…; o, el mismo Charles Fort, que no era ningún idealista como comentábamos, decía que “todo está en todo”, y apuntaba: “Todo lo que nos rodea es una parte de algo que a su vez es parte de otra cosa: en este mundo nada es hermoso, sólo las apariencias son intermediarias entre la belleza y la fealdad. Sólo la universalidad es completa; sólo lo completo es hermoso”. Su posición cimera fue, pues, la unidad de todas las cosas. Efectivamente, para él la estructura de nuestra inteligencia de algún modo mística, es despertada en presencia de la Totalidad; y así con otros, pero para no llevarnos el espacio total en más citas, mejor por el momento lo dejamos aquí en etcétera. Pero ya que hemos tocado la puerta de la literatura alquímica con Bacon (alquimia, es una palabra que nos viene del árabe, pero de raíz griega; su significado exacto se pierde a través del tiempo), diremos que esta es una particular forma de escritura cuando es literaria porque es hermética (que sirve para el arte oculto y lo que ello conlleva), no apta para bárbaros (aunque gente como el químico Fourcroy, no obstante la han desdeñado: “La alquimia ha ocupado a muchos locos, ha arruinado a una multitud de codiciosos e insensatos y embaucado a otra multitud aún más grande de crédulos.”). Y esta literatura nos presenta curiosamente también casos de azar “controlado” (entre materia y energía es lo común, pero en la “escritura” misma, sobre el tema, es algo más que singular), como en uno de 1677, el Mutus Liber (Libro Mudo) atribuido a La Rochelle. Se trata de una obra visual que “habla”, que dice con ilustraciones (como los pictogramas aztecas nos narran historias; entre otros pueblos), más que al que está iniciándose a los verdaderos iniciados en este arte de Hermes (la inspiración suprahumana), acerca de su quehacer esotérico. Compuesto únicamente de imágenes simbólicas, mismas que servían en otras publicaciones de la época de “puente” (incluyendo, pues, no sólo a las de carácter esotérico estrictamente) para una mejor comprensión de los textos, y claro está que algunos grabados tenían un elevado valor agregado, artístico. Es decir, no hablamos de un ejemplar completamente visual cualquiera –como los que en nuestros días abundan--, uno más de tantos, sino que teóricamente exponiéndose en él están las distintas fases de la Gran Obra (no sólo alquímica, se entiende) explícita, o mejor dicho, implícitamente en sus quince planchas de que se constituye (quince ¿”faces”?) sin contener palabra alguna. Este libro es conseguible en idioma español como La Alquimia y su Libro Mudo, por Luis Cárcamo editor, Madrid (traducido de Libro Mudo, en francés). Trae explicaciones, y aunque no fue tirado éste en vitela se dice una copia integral –en cuanto al contenido pues-- del original. Y asimismo se comenta que sin los errores en las imágenes de otras ediciones; que en éste sí vienen tales imágenes como fueron desde un principio destinadas, digamos que en el “ordenado desorden” en que fueron dispuestas, en una suerte de mascarada editorial (si de azares “controlados” hablamos), o dejémoslo nada más en la manera en como fueron impresos por primera vez (“provocativamente” de forma azarosa); que del caos ha de nacer el cosmos, el orden, en el “inevitable” ciclo vital. Mas, existe igualmente otro caso, lo que podríamos denominar un “instrumento” para el azar, si de azares “controlados” hablamos, el Tarot (tarot de los bohemios o llamado también “libro de Thoth”). Dice Serge Hutin en La alquimia, Editorial Universitaria de Buenos Aires, acerca de él lo siguiente: “Dispuestas en un orden determinado, las veintidós láminas mayores ofrecen toda la cosmogonía hermética; el Caos, el Fuego creador, la división de la materia única y primordial en cuatro elementos, etcétera. Se vuelve a encontrar, del mismo modo, la teología solar, el conocimiento por iluminación (simbolizado por la “Papisa”), la simpatía y la antipatía, el dualismo sexual, el mal y la caída. En esas curiosas figuras, cuyo origen es sumamente misterioso, es posible encontrar las diferentes fases de la Gran Obra, si hemos de creer a algunos esoteristas.” Pero fuera de la materia alquímica tenemos un libro llamado el I Ching, el libro de las transformaciones (casi tan antiguo como las prácticas, aquí sí alquímicas, en China, calculadas en 4.500 años a.C.), es esa “forma” de azar que pareciera estar programado para reprogramarse a “sí mismo”, permítase la expresión, pues reprogramándose se programa al infinito (como la tecnología inteligente pretende hacer) en un continuo mediante formas arquetípicas preestablecidas que, al presentarse cambios (sociales, individuales, universales) en un momento determinado, puede ubicarse aleatoriamente su incidencia en varios aspectos a través de él. Este libro apareció en edición occidental (una más para Oriente) de una compendiosa versión, la de Richard Wilhelm (a manera de los grandes tratados occidentales sobre Oriente, con profundidad en su pensamiento filosófico) en el período de entreguerras. No sobra decir que la sabiduría desplegada en sus páginas ha deslumbrado las mentes más lúcidas en distintas áreas del conocimiento (con Jung a la cabeza) por su nivel, prácticamente sobrehumano, pleno de conciencia en torno al orden del universo y a la condición humana. De él, del “contenido transformador”, Jorge Luis Borges poetizaría aludiéndole como “libro del Tiempo” . He aquí al bardo con Para una versión del I Ching: El porvenir es tan irrevocable como el rígido ayer. No hay una cosa que no sea la letra silenciosa de la eterna escritura indescifrable cuyo libro es el tiempo. Quien se aleja de su casa ya ha vuelto. Nuestra vida es la senda futura y recorrida. El rigor ha tejido la madeja. No te arredres. La ergástula es oscura, la firme trama es de incesante hierro, pero en algún recodo de tu encierro puede haber una luz, una hendidura. El camino es fatal como la flecha. Pero en las grietas está Dios que acecha. El I Ching es un libro que será visto entonces --más allá de lo meramente “informático”--, como una entidad que cobra vida propia a cada lectura, en cada lector o consultante. Es visto, en otras palabras, como un contenedor mutante y supraconciente. Así, siendo por un lado el “libro” (el contenido) más antiguo de la historia universal y, a su vez, por otro el libro que lo dice todo, es equivalente a decir que va más allá de la “historia” al ir más allá en el tiempo. Pues bien, matemáticamente (por efecto combinatorio) hay en él sesenta y cuatro hexagramas (constituidos éstos por expresiones o, seis líneas horizontales enteras o partidas, composición, a su vez , de dos trigramas cada uno, ya colocados arriba o abajo para formarlos) que representan en determinada posición de “encuentro”, solución a situaciones singulares: en lo social histórico, las dos líneas inferiores (es lo material); en lo personal, las dos líneas intermedias (es lo humano); y, en el ciclo cósmico, las dos superiores (es la energía). Y la polaridad (el dos, el equilibrio) queda supeditada al movimiento, a la transformación. ¡Y todos los cambios en un solo bloque de información! ¡increíble! Arrojan pues los hexagramas un cálculo de 4.096 situaciones humanas posibles en total dentro de un contexto y un tiempo histórico determinado (a consultar). Es el hexagrama, visto así, un lenguaje simbólico matemático y su combinación una red informática compleja, al ser este libro en su conjunto un evaluador dinámico que puede internarse en el futuro incluso a partir de las leyes del tiempo y el devenir ahí “instauradas” y comunicadas de esta forma al consultante. Es el azar, y no, no hay indeterminación para una real solución; es su lenguaje, actuando en su propia lógica como para cuando “el rigor ha tejido la madeja”, como dice Borges. Hay, casi casi, leyes ¿fijas? Que estructuran respuestas a los acontecimientos, pues la base son patrones o arquetipos. Y, consultando el “libro del Tiempo”, aclaran cualquier situación “histórica”, en lo social, en lo individual y en lo espiritual. Es justamente en el Gran Tratado o el Tuan Chuan que Wilhem hace uso de un trabajo de exégisis, nos dice allí que antiguos sabios (hace más de cinco mil años, prácticamente la misma cifra que comentábamos para las prácticas alquímicas en el mismo territorio) “penetraron con su pensamiento el orden externo de las cosas hasta el fin, y la ley de su propia interioridad hasta el núcleo más profundo, arribando a la comprensión del destino”, todo esto para ofrecernos como regalo el I Ching, una ¿fuente?, un ¿medio?...; es decir que, éste así concebido, con unas leyes “inalterables” del porvenir queda situado, evidentemente, en lo que es su propio contexto, o sea, más allá del tiempo, pues poseedor es de nexos aparentemente universales o, en resumidas cuentas, se trata simple y sencillamente de una entidad supraconciente (que está viva). De esta manera podemos concluir con El libro de las mutaciones, que el destino es un movimiento sincrónico en el tiempo, que no es lineal y que por lo tanto enlace los efectos tanto del futuro como los del pasado, y relaciona esta conexión con los grandes ciclos del acontecer cósmico. Esta programado para poder “apropiarnos” del destino; en una palabra, ya modernamente hablando, estar en posesión de éste es estar conscientes del Gran Sentido, del Tao; estar conscientes de la armonía (la “auténtica”) y ser Uno con el Universo. Y bueno, hasta aquí “la eterna escritura indescifrable” (Borges dixit). Ahora pasemos, antes de caer por agotamiento tras pergeñar este Nudo azarosamente, directamente al Desenlace. -- DESENLACE -- Todo el planteamiento anterior no nos conduce por fuerza, pese a que todavía algunos puedan suponer que sí, a considerar de todas maneras en sus carias vertientes, “lógicamente” de un lado a la ciencia y a la tecnología --esto dentro de la globalidad de nuestros días--, y de otro lado, (a no considerar) a esa dimensión desconocida de los hechos fortuitos y lógicamente inexplicables, a lo mudable, a lo irrepetible, etc., o sea, a no quererse sopesar una “lógica ilógica” también. Que las primeras (ciencia y tecnología) --son de quienes vamos primeramente a comentar en este Desenlace, ese primer bloque ya leído—hacen hoy posible que tengamos un uso “controlado” de un azar hasta hace poco tiempo impensables de llevarse a cabo; de poderse tridimensionar algo azaroso para nuestro beneficio. Así lo que mero azar era antes hoy deja de serlo, sin tal vez nosotros darnos cabalmente cuenta de ello, es decir, pensamos (creemos que pensamos) como un hecho incontrovertible, que todo ha sido dado sin azar de por medio, sin tomársele en cuenta para nada. Y aquí cabría rescatar, dentro del campo científico, aquella idea de Popper en torno a que la ciencia progresa si se proponen (aunque algunas parezcan verdaderas locuras) hipótesis y modelos provisionales a verificar, viendo en cuanto a si son ciertos o falsos, mediante argumentos contrastados, sí, pero además hay que considerar –siguiendo su idea—que el principio de4 inducción es incapaz por sí solo de demostrar la veracidad de una ley. Y cabría igualmente observar con atención lo dicho por el filósofo materialista Engels: “Entre la inducción y la deducción existe una relación tan necesariamente estrecha como la que existe entre la síntesis y el análisis. En vez de ensalzar hasta las nubes una a costa de la otra, es necesario darle su lugar a cada una; pero tal cosa se puede lograr únicamente en caso de que no se pierda de vista la relación que existe entre ambas, que se complementan recíprocamente”. Y desde este ángulo de visión además, no se podría ver entonces tan fácil, entre dos teorías científicas por ejemplo, cuál tendría olímpicamente “la razón”, más vale dejar a un lado esos pleitos “racionales” y mejor tratar de encontrar trabajando un punto de intersección (sean la teoría de la relatividad especial y la Mecatrónica o cualesquieras otras). Y lo podemos ver también un poco “más allá”, es decir, tampoco se trataría de cientifizar lo espiritual ni de espiritualizar lo científico, sino de encontrar un punto de unión entre ambos, más que lo contrario, y finalmente un destino común entre materia y energía. Mas, esta búsqueda de puntos intermedios no es aún una realidad “real” del todo en la ciencia de nuestros días –en todavía muchos aspectos ella sigue siendo ortodoxa-- , aunque ya hoy científicos que paso a paso empiezan a cambiar las pautas preestablecidas. No se trató de ver aquí sí en teoría se ha seguido erróneamente un camino, sino más bien de que calibráramos una metodología cualificadora extraña que se ha atribuido la academia para sancionar algunos hechos de nuestra realidad (insistimos sobre “los otros”, lo que fueron injustamente “enjuiciados”, más que con severidad de muy mala fé, y exhibidos como demasiado “imaginativos”, tildados de chiflados y puestos en la lista negra de los malditos, los marginados, los condenados en la academia, tal vez por adelantados a su época; todos ellos científicos de carne y hueso y de gran talento, finalmente).Porque eso de los “juicios sumarios” no ha sido ningún “espejismo”, algo irreal, todo lo contrario (que la ciencia de algún modo también ha sabido actuar puritana y conservadoramente), Ahora que, y no es una justificante, lo que sí sabemos de cierto es que no es tan fácil dar un brinco así inesperado (como los que da todo azar), y en teoría pasar rápidamente de lo previsible a lo imprevisible, de lo determinado a lo indeterminado, etc., en los estudios y de un día para otro. Pero sí es indispensable por una parte, que prevalezca esa nueva mística entre los científicos contemporáneos –esa que ve y va más allá de su nariz—pero que así mismo se privilegie no sólo lo político-económico sino idénticamente lo ético, y por otra parte, igualmente es efectivo comentar que sabemos muy bien que la ciencia debe dejarse de engañar y engañar a los demás, dejar de ser “cómplice” en muchos de los daños causados globalmente; y lo digo no sólo por la aplicación que se hace ya desde hace rato en productos comercializados que contaminan, etc., sino simple y sencillamente por la persistente incapacidad hasta el día de hoy, no para prevenir sino para resolver, para combatir casos y/o cosas como, para ejemplificar: el salvarnos de una catástrofe (ya no provocada, como los desastres tecnológicos que han contribuido en dar al traste al medio ambiente, con un cambio climático, con un ecocidio, sino a lo natural, veámoslo con que cada vez son más y más frecuentes e intensos los huracanes, muchas las inundaciones que traen aparejadas, igualmente hay que contar por cientos los damnificados, heridos y muertos…, y así también se puede hablar acerca de los sismos, los tsunamis, etc.) . Y todo por no concebirse, desde hace mucho tiempo (no haber querido hacerlo) el lenguaje del azar. Y si contamos con que éste es inevitable e ilimitado en su recurrencia, una cultura para la protección civil tiene que comenzar por la ciencia, que no se puede seguir viviendo por siempre haciendo la obra de caridad para los necesitados, para las víctimas siniestradas, porque además a la larga es más que seguro que la gente se acostumbre, se habitúe a verlo ajeno, como si nada, a cualquier desastre de los que ocurren a diario en algún punto del planeta. No obstante, decíamos, es algo bueno el que comiencen a darse cuenta, aunque lentamente los hacedores de las ciencias y de las técnicas, que por sí solas ellas no pueden responder a todo como se ha venido implementando las cosas. Y ello sin estar hablando en términos políticos sino estrictamente de análisis teórico. Son los límites auto impuestos (la camisa de fuerza) por la academia, los que han hecho que permee una intoxicación intelectual entre muchos de sus miembros, y al parecer, por querer racionalizar todo el estado de cosas universales de una sola y muy cuadrada manera. Y llegados a este punto en el terreno científico, sería un obligado, un necesario debe y haber, que ha de realizar la misma ciencia, en donde se requeriría tener muy presente ya no el “tiempo perdido” sino a las múltiples voces que en su momento fueron acalladas sin razón (que al ser de justicia histórica hacerlo es, lo mismo de aprendizaje moral e intelectual). Y muy probablemente el balance final nos arrojaría un resultado fatal, el de que la ciencia no ha evolucionado, en términos reales, favorablemente del todo y en su conjunto porque no lo ha hecho ni sabia ni sanamente con la lógica enteramente positivista. Y es más que factible que, los señalamientos para un viable cambio de rumbo, tras esta preocupante radiografía, digan que no se puede fallar así porque sí, precisamente en contra de ese conocimiento de lo llamado “irracional”. Y un apunte final en cuanto a lo que correspondería al comenta este primer bloque señalado (el Tema) antes de proseguir con lo tocante al segundo, sabemos que hace un buen rato ya –la historia de la ciencia moderna así nos lo confirma—que la razón ha podido ir por un lado y la espiritualidad por otro, habría entonces que pensar seriamente en dejar de una vez por todas esa guerra a muerte declarada entre ambas a estas fechas y buscar mejor los puntos en que se crucen, liberándose las ataduras. Y si no véase que existe un dato curioso que todos conocemos, y es el de que cada vez son más los científicos y técnicos que dan públicamente a conocer sus rasgos espirituales o creencias sin menoscabo o demérito a su labor o interés en la ciencia. Y bueno, de esta manera terminamos nuestros comentarios en lo que atañe a ese primer bloque (el Tema) en este Desenlace. Ahora nos preguntaremos refiriéndonos entonces al Nudo, ¿qué mayor libertad puede haber que la que tiene el azar? En efecto, dentro de nuestra lógica de las cosas el “azar” goza de una total y saludable libertad de movimiento, en tanto que el “no azar” está sujeto por la cientificidad a ser siempre verificado como tal. Aun cuando en el plano espacio-temporal (no hay noticia en contra) puede que no existan realmente el uno sin el otro; que no estén “realmente” separados, que estén interconectados, se pudiera decir así. Entonces, si la aparición del azar es impredecible, y esto lo sabe cualquier estadígrafo, quiere ello decir que solamente es un lenguaje indeterminado expresado o no expresado; pero lo que no se puede medir estadísticamente hablando, lo que la probabilística no nos dice (porque no lo puede saber en esta forma) es, si en una situación acaecida será oportuna o inoportuna su llegada (sea pues, en términos de oportunidad –“la conciencia del tiempo”-- esa su aparición) en un acontecimiento dado. Su presentación es, o creemos que es, directa; mas, al no haber causa-efecto aparente, ese acontecer situacional tuvo un origen indirecto en “realidad” y , sin embargo, incide en ocasiones definitivamente en “una existencia”. Así tenemos que, cuando se llega a perder a quien más se ama, decíamos anteriormente, tenemos que considerar en el planteamiento la bifurcación de caminos, considerar a un azar en tránsito, y entonces pudiesen ser varias las posibilidades a tener presentes: este perder es, ¿cuando se distancia o se aleja lo que más se ama? O, ¿Cuándo somos nosotros quienes nos alejamos? O, ¿Cuándo se llega a odiar lo que más se ama? O incluso, ¿Cuándo se llega a matar por (o lo) que más amamos?... Y así seguiríamos, lo que daría muy probablemente un largo etcétera. Nada sencillo de contabilizar (?), de intentar comprender al infinito. Y he aquí la verdadera problemática del azar (su casi verdadero rostro), representada aquí sólo para una situación determinada (además de no contar con que cada cabeza es un mundo; por lo que no hay de donde agarrarse tan “lógicamente”). Y Borges ha dicho, “la firme trama es de incesante hierro”. Así que, si entendemos por un lado que el ser humano no es una simple “maquinaria relojera” (puesto que tenemos emociones, sentimientos, además de lo cerebral), sino que en su defecto es, como construcción neurobiológica en todo caso, una “máquina” inteligente y mucho más compleja que una supercomputadora de lo más inteligente de cualquier generación hasta hoy; a no ser que estuviesen conectadas a nosotros, y no al revés; y, por otro lado, ya dijimos acerca de lo dicho por Einstein, que no creía que Dios estuviera jugando a los dados con el planeta, ¿cierto?, ¿lo recuerdan?, pues sí, porque si concibiéramos que el azar es un juego, lo tendríamos que considerar sin duda, como un albur muy, pero muy serio. Y si contamos con que el azar es inevitable e ilimitado como ya hemos visto de alguna manera, entonces siempre habrá: con el infortunio, por un lado, quebrantos y sinsabores; y con la fortuna, por otro lado, alegrías y felicidad. Y será en el modo de conducirse en la vida ante ello, donde está la solución. Y en esta azarosa inteligencia podemos decir cosas como ésta; que el ir empeorando como vamos, por ejemplo socialmente hablando, no significa necesariamente ir para atrás, que nunca será suficiente retroceso el empeoramiento, porque éste puede catapultarnos a un gran avance, puede más bien representar la presente situación entonces, una enorme oportunidad que se nos abre para cultivar en muchos de los terrenos no cultivados hasta hoy, como los seres humanos culturales que somos (que valga la redundancia), como homo sapiens- sapiens de a deveras, como la especie que pretendemos conformar, pues. Mas no se piense tampoco nada más en lo cultural, en lo mental, no se intente caer en incongruencia o contradicción, piénsese igual en lo material; por eso es nudo. Veamos un ejemplo de cómo actúa el destino; verbi gratia: los monjes tibetanos lo habían resuelto (lo material) a su manera (y por todos es conocida la forma) y les funcionó una eternidad hasta que el régimen comunista chino los orillaba a trabajar para contribuir en la producción material de la nación, y al negarse y posteriormente exiliarse en otro país, ahora han tenido que comercializarse como lo que actualmente “son” para subsistir, o sea, se han convertido en un producto de consumo más en el gran mercado occidental, con giras por “este mundo” para conferencias, audicionar en vivo ritualmente, ya para programas de televisión, etc. (y sin tener que entrar en política, se entiende por eso que China está, materialmente donde está hoy, y los monjes tibetanos materialmente donde están; y ambos se encuentran en mayor o menor medida, espiritualmente afectados). Y si bien el acto material primario (aunque no sucede sólo en nuestra especie) es económico (puesto que hay que comer, hay que procurarse el alimento), aun así este acto no llena en nuestros días todas nuestras expectativas de vida (de otro lado, por todas partes se bota comida con tal de que suba su precio, por ejemplo). ¿Qué hacer para que se dé un nuevo orden económico internacional que pudiese mover al planeta en otra dirección muy distinta a la actual (ya no más como una economía preocupada en la acumulación neta del capital nada más), que cambiase el modus vivendi, o más bien su modo de operar en toda la población mundial, en torno a una economía verdaderamente de bienestar y ya no más consumista? Al parecer es menester que ese orden no sólo se funde, sino que además se sustente tanto en una ciencia como en una técnica mutantes (como motor de ese cambio económico) y que ya no más la producción esté bajo el yugo tasante del mundo financiero. Los neofactores productivos de esta era “postmoderna” están creando nuevos agentes económicos sustentados en la ciencia y en la técnica precisamente. Y estas incipientes relaciones de producción tecnologizadas podrían conseguir un profundo giro en las relaciones económicas, cuando esas transformaciones igualmente de la ciencia y de la técnica (de darse de una buena manera, porque sabemos que, una investigación se está llevando a cabo sí y sólo sí, cuando ella es redituable en metálico, es decir, que se persiga un resultado final coherente con esa inversión del mercado que le dio impulso y a la que debe de regresar –amén de que sí obtienen todo el presupuesto del mundo para la investigación las disciplinas en boga--; estamos hablando pues, de una lenta aunque progresiva mercantilización, que va invadiendo poco a poco a la ciencia aplicada; esto es para bien, si sirve para el bien común justamente, y sin embargo, también puede ser para mal, si privilegia una mayor concentración económica en base al conocimiento científico y/o bien, a desarrollar fórmulas y prácticas científico-oligopólicas) que se ha ido dando precisamente –esos cambios en la ciencia y en la técnica—por estar en relación directa en estos últimos años a esa planta productiva tecnologizada (exactamente cerramos el círculo) ya instalada (aunque se dice que aún por “instaurarse” legal y éticamente algunas de ellas, como es el caso de los transgénicos, decimos por ser el caso más popularmente conocido), es una relación en espiral entre la ciencia, la tecnología y la economía que tiende a fundirse (ya no se sabe quién jala a quién). De donde tendríamos entonces que de no ocurrir (¿concurrir?) una planeación y una ejecución de modificaciones económicas estructurales importantes a corto y mediano plazos para ello, para beneficiar el desarrollo científico y la nueva planta productiva o a la nueva planta productiva y al desarrollo científico que ya son prácticamente una y la misma cosa. Porque ya no se pueden esperar más crisis recurrente (¿prefabricadas?) bajo el sistema decadentemente imperante de acciones de mercado sobre la producción, que merma, que socava la puesta en marcha de una base productiva global (otro sistema, pues) que permita tener garantizado el alimento a la comunidad mundial (¿o será mejor irnos a colonizar otro planeta?). ¿Surgirá “otro más” neocapitalismo en Occidente? ¿Vendrá una economía social global? (aunque de todos modos es una visión muy corta en verdad, hablar, en términos ideológicos, por todavía un socialismo o un capitalismo). A ciencia cierta no sabemos que ocurra, pero sí sabemos que será necesario un reaprendizaje de vida. Pero aquí la pregunta es, ¿la ciencia y la técnica, desde el punto de vista teórico serían, sin los requeridos cambios económicos más creativas? y, tendrían mucha mayor libertad para investigar? Y las respuestas probables serían, sí, si se tienen en cuenta por una parte, cambios económicos y, por otra, una mayor presencia del azar (“controlado” y no), respectivamente. Y bueno, aquí no cabe aquello que algunos dirían, de que no se debería “culpar” igual en esto a la investigación científica que se hace con exiguos presupuestos estatales en el “mundo en desarrollo”, comparada a la que desarrolla el “primer mundo”; esta última investigación además, por muy abarcante que pretendiera ser, no lo puede todo. Así es, pues como diría Fort: “Las evidencias de culpabilidad son, por ejemplo, evidencias igualmente convincentes de inocencia”; ello es así, si tomamos en cuenta el enfoque de que cada significación es contigua de todas las demás; intermediación pues. De modo que sin querer hallar culpables específicos, todos sin embargo han puesto ya su granito de arena de todas maneras en nuevos edificios científico-económicos, teórico-mercantiles (pero si no llegasen a cambiar las cosas para bien…). Y, pasando a otra cosa, bueno será también, que pasemos a comentar aunque sea vuelo de pájaro, cómo le va en la sociedad de la información nuestra de cada día al internauta letrado, ello ante un constante flujo escritural a gran escala, sin una mayor elaboración textual de lo mínimo establecido en su mayoría, entendido en ese afán de esquematizar tanto nuestro conocimiento de las cosas (… que la gente ya no tiene tiempo para leer) que se vuelve superficial casi todo lo tocado; pues bien, esta clase de usuario culto, estudioso, dentro de la red de redes, para el caso un navegante científico, es parte, sí, pero sólo parte, de la tecnocultura (pues hemos de argüir que ésta no puede aplicar, al menos no en sentido estricto todavía, a todos por igual), y es que así como hay una joven generación completamente tecnocultural ya, en base a la construcción de un mundo de soporte electrónico, también hay esos otros, los que persiguen no ese fin en sí mismo, sino privilegian todavía los contenidos de los temas societarios y de las humanidades, antes que lo meramente informático. Así, no obstante siendo internet una fórmula ideal en nuestros días, pues es el más eficaz vehículo para una mayor y mejor distribución social del conocimiento, hay quienes aún se atreven a elevar una suerte de “condena inquisitorial” al mismo para sus trabajos, cuando el verdadero obstáculo a salvar en todo caso, para plasmar pensamientos críticos y reflexivos por dicho conducto es, precisamente (y esto es a mi entender), el “bajar” urgentemente a la ciencia de su pedestal discursivo casi “declamatorio” en su lógica, para acceder a “humanizar” un incuantificable número de cibernautas. Y en este sentido hablo no únicamente para un periodismo científico que dé cuenta del quehacer que así viene cubriendo (pero ahora digitalizadamente), por caso, sino también y cada vez más urgentemente, debe estar presente idénticamente el cambiar el lenguaje erudito, sesudo (“cerrado a” e “incomunicativo a los demás”) utilizado por el mísmisimo científico (e-book). Y podemos aventurar lo siguiente: de la hoy muy elaborada literatura científica en papel, ésta irá poco a poco apareciendo (como sucede en el post arte con fusiones de géneros y/o también novedosas creaciones) en ella, en esta escritura otras formas “literarias” científicas (o algo semejante) pero en pantalla visual. Piénsese si no, en el empleo de sólo un par de palabras (sólo tal vez dos, o una) que vayan acompañadas por un pseudo dibujo o pseudo diagrama y que prácticamente ello dijera toda una parrafada, una muy completa oración: lo cual sería debido al predominio del lenguaje gráfico imperante. Es evidente, ideogramas quizás –tal como es el idioma japonés—permitirían una mayor extensión en pantalla posibilitando el acceso al discurso en un lenguaje aún más plástico (que todo lenguaje tiene su plasticidad), sintetizado y no. Y, desde luego, éste aparecerá sin arreglo a academia lingüística alguna, puesto que es perteneciente al mundo virtual y sus reglas un lenguaje así. Y especulando un tanto, podríamos decir que serán las interconexiones neurolingüísticas (o ¿intraconexiones?) las que harán posible que un neocreador “sea guiado” en el cultivo del azar cuando, es un decir, se puedan formar por ejemplo, escritores en serie (suponiendo en funcionamiento un amplio campo de su red neuronal para entonces) o, tal vez decir ¿cyborescritores? Serán generaciones futuras que generosamente comprenderán que no era posible en este “bárbaro” mundo nuestro el hacer ocurrir o concurrir azares “controlados” aún bajo un equilibrio materia-energía, virtualizadamente; y para dicha generación fácil de programación. Pero por lo pronto, “volviendo” al presente, diremos que no es indispensable sacar estadísticas ni promedios porcentuales ni nada parecido en cada obra realizada individual o colectivamente, o en un conjunto de quehaceres, por ejemplo artísticos, creativos en general, intentando descifrar el instinto, la intuición, el sentimiento, el sentido común, la intención, etc. (que somos sentido y materia), o sea, referimos al don, el “duende” del azar, el que impera en las estéticas, las poéticas, los postulados, etc., no en las novelas rosa, y sí también en algunos tratados científicos o tecnológicos. Las “sinrazones” haciéndose patentes. ¿Cómo no reconocer la importancia del azar? Este está presente, por ejemplo, tanto en el sueño, como en la astrología, en el arte abstracto, o en los mitos, tanto como en la Poesía (con “p” mayúscula), etc., es decir, son estas algunas expresiones suyas; y es por que en estos casos llegamos a distinguir lo siguiente: que la materia de los sueños, la astrología, el arte abstracto, los mitos, o la de la Poesía, no es otra cosa más que una “materialización” de su lógica. Es más, y ya para concluir, aun la escritura misma de esta reflexión a ello obedece. Fue el azar “controlado” precisamente el que la originó e hizo posible su desarrollo (en otra ocasión, si el azar nos lo permite, hablaremos de él, de cómo opera en la escritura (?)). Aclarando entonces que esta es pues una somera y aleatoria interpretación de él, del azar; en otras palabras, una aproximación nada más, una de tantas que puede haber del mismo “por azares del destino”. Por eso, no se lo tomen lógicamente tan en serio, tómenselo más como un juego, es decir sabiamente, y tampoco se cran nada de todo esto, mejor reflexiónenlo, o sea, hagan un razonamiento espiritualizadamente , pero suponiendo que son ustedes gente espiritualmente razonable, pues recordarán como dijimos al iniciar todo este más bien escudriñamiento, acerca de que participaran como con un algo más vital que solamente con una cerebral y común lectura más. Por último y ya para rematar diré que este escrito no da la sensación de ser como un vaso, es un vaso; uno que puede estar medio lleno o medio vacío o, puede que no esté ni medio lleno ni medio vacío en su contenido. Sea como sea, cuando menos ilustrativamente azarosa la reflexión –ahora ilógicamente me “creeré” yo—sí lo fue (¿finis coronat opus?).
¿ -FIN- ?

viernes 11 de diciembre de 2009

Sergio Ranieri y Daniel Riera: Alejandra Pizarnik, Entrevista

Alejandra Pizarnik
(Entrevista de Sergio Ranieri y Daniel Riera) Nota del 01/11/96 "Bicho aquí/ aquí contra esto/ pegada a las palabras te reclamo." Un reclamo sin respuesta de Julio Cortázar que homenajea a su "Bicho" -la poetisa argentina Alejandra Pizarnik, muerta el 26 de setiembre de 1972- en su poema Aquí Alejandra - Se habían conocido un día entre 1960 y 1964, cuando Pizarnik viajó a París, al encuentro de su patria literaria. Desde el primer momento los unió la pasión por Rimbaud, por Janis Joplin, por la literatura... Cortázar admiraba su labor poética y se convirtió en algo así como su ángel protector, al punto de entregarle los manuscritos de Rayuela para que ella ganara algo de dinero pasándoselos a máquina. Sin embargo, según relata la docente universitaria, crítica literaria y traductora Cristina Piña en su libro Alejandra Pizarnik, Cortázar esperó en vano la transcripción y, finalmente, tuvo que recuperar los manuscritos. El poeta Fernando Noy recuerda que no fue sencillo rescatar esos papeles porque la Pizarnik, sumergida en su propia poesía, no podía encontrarlos: "A veces la llamaba Julio a eso de las dos de la mañana. Yo atendía el teléfono y temblaba cuando la telefonista me decía que era una llamada persona a persona de Cortázar para Alejandra Pizarnik. Y ella, tartamudeando me pedía: "Decíle que acabo de salir... porque todavía... no los encontré". Alejandra tenía un fervor impresionante por su amado Cortázar pero andaba con cola de paja porque no encontraba los manuscritos, que, finalmente, Cortázar recuperó en un viaje a Buenos Aires. Alejandra Pizamik, Fito Páez y Tanguito, a la hora en que todos duermen Fernando Noy, el presidente de la noche Nota del 31/08/94 Fernando Noy es un personaje en el que se resumen los últimos 30 años de la noche, ese territorio al que define como "el desierto de la luna, el de las sombras ....".Admirable poeta, amigo de artistas diversos, desde Alejandra Pizarnik hasta Fito Páez, pasando por Osvaldo Lamborghini, Tanguito o Caetano Veloso, cualquier intento de entrevistarlo se convierte en un monólogo apasionante, un viaje nocturno por distintos escenarios y ambientes. Las que aquí se publican son sólo algunos de la infinidad de historias que lo tuvieron por protagonista, más algunos pensamientos, apuntes e ideas sobre ese "miserable milagro": la noche. La noche es como una patria aparte del mundo, que tiende a incentivar todo lo que sea la creación. Ya lo digo en mi poema Cacería: "Salir desde la boca de la noche hacia la boca del león y no encontrar ni la boca del perro ni la boca del gato, ni la boca de tu boca." Y lo que viene ahora es de la Pizarnik: "La noche, la magistral sapiencia de lo oscuro". Porque es el único momento de libertad absoluta, no en vano la pasión y el placer están supeditados a la noche. Lo bueno está en la noche a pesar de esa oscuridad, de esa sombra. La pálida Recuerdo cómo nació la palabra pálida. Ya habíamos probado el ácido, nos dijeron que había una pasta nueva, el Artane, y tomamos todos, Tanguito, Silvia Washington y un grupo de los célebres hippies. Entonces nos fuimos al Obelisco y había una luna llena muy grande. Y Tango empezó: "Se nos viene la pálida encima". La pálida era la luna que estaba ahí arriba. Tanto era el miedo que nos daba el maldito Artane que no lo probé nunca más. Frente a la luna nena los locos empezaron: "Qué pálida está, está cada vez más pálida". Era un enorme espejo y después empezaron a ver todas esas transparencias fantasmagóricas, que provoca el Artane. Les pido que no tomen Artane, Yo lo hice por ustedes y miren como quedé. Desayuno Nosotros desayunábamos a la medianoche para salir y para vivir. Un café con circo y con todo lo que fuera maquillaje mental y salíamos. Alejandra No puedo dejar de nombrar a Alejandra Pizamik, porque Alejandra era la cultora de la noche. Una noche con Alejandra terminaba cuatro días después. Con ella hemos batido records de permanencia despiertos. Yo tenía toda la energía de la adolescencia y ella estaba despidiéndose de esta vida, porque ya no le interesaba el achanchamiento de la Argentina de ese momento. Yo creo que ella fue un crimen perfecto, como mucha belleza que ha muerto suicidada. Se dio que se tenía que morir o morir, porque no podía vivir más. Y la patria que encontró, su patria nocturna, era justamente el único momento en que estaba en paz, porque no se inmiscuían en su secreto mundo. Entonces las noches con ella pasaban tipo una semana de noche eterna que era más allá de la noche y del día, porque dormíamos de día, de noche vivíamos, Ella escribió el libro Las palabras y las noches, que habla también del peso de lo nocturno. Estábamos en su casa y decía: "Los viejos de arriba me molestan". Porque los vecinos de arriba iban y venían al baño y hacían ruido con los zapatos. Entonces decidirnos asustarlos, atamos en dos palos de escoba un par de zapatos y caminábamos al revés por el techo, y a los tres minutos la mujer gritaba espantada: '¿Quién anda ahí?". Al final logramos librarnos del taconeo de los viejos. La noche era siempre eso: ella escribiendo, leyendo sus poemas... Las noches duraban los días que te permitía tu energía. Todo ese mundo quedó en su obra, porque cuando Alejandra escribía se volvía parte del poema. Había que verla. Una noche llegó Olga Orozco, con una botella de Norton blanco. Alejandra dijo: "Te voy a presentar a la más grande poeta de la Argentina". La Orozco con su botella leía poemas como nadie y Alejandra se arrodillaba como una especie de novicia ante el relato. Cortázar A veces la llamaba Julio Cortázar y Alejandra me decía: "Decile que no estoy, que salí, que ahora vuelvo". Porque estaba muy concentrada escribiendo su poesía. Ella le había pasado a máquina el original de Rayuela y Cortázar quería recuperar el manuscrito y la llamaba a su casa, tipo a las dos de la mañana. Yo atendía, me temblaba la mano, me ponía eléctrico, por que la telefonista decía: 'De persona a persona con Alejandra Pizarnik de parte del señor Julio Cortázar'. Yo temblaba y la otra tartamudeando me decía: "Decile que acabo de salir... porque todavía... no los encontré". Había perdido los originales de Rayuela y se los tenía que devolver. Cortázar la llamaba a esas horas porque sabía que Ale jandra era una habitante de la noche. Era una rehén de esa zona oscura que ella necesitaba, una es pecie de gitana del lenguaje. Ella tenía el manuscrito porque se lo pasó en limpio a Julio como un agradecimiento a que él le había conseguido el departamento en donde vivía y la ayudó a mudarse. Hicieron como un canje energético. Al final, por suerte, encontró los originales y volvía a tener una relación menos tensa. Cemento La noche inaugural de Cemento fue impresionante. Abrió a medianoche y yo le dije a Katja Alemann: " ¿A qué hora llegás vos Katja?", " ¿Para que querés saber a qué hora llegó yo?" "Porque cuando llegué yo te voy a sacar todos los fotógrafos." Ella llegó a las 11 y yo llegué a la 12. Con la banda de Genial, el B.O de y tres jeeps llenos de punks. Hicimos una especie de círculo de punkies en tomo de mi figura, que estaba punkeizada al extremo. Sabía que el look, y la onda y todo el ambiente de carnaval era fuerte. Y se lo dije como en jada a Katja, pero cuando llegué fue verdad: todos los periodistas venían a sacar fotos a la calle, Entonces Katja, con un peinado tipo torre Eiffel gigante, una especie de enorme cucurucho de frutillas en llamas, vino corriendo y me saludó. Jóvenes Los nuevos teenagers ya no tienen ni el mínimo atisbo de aquella vieja cosa caretona que escondían los viejos iracundos. La automatización de la juventud por la influencia del poder del capitalismo me hace pensar que son todos muy similares entre sí. Hay como un nuevo paradigma en el que la mina se le tira al tipo y el tipo pasa a ser la vedette. Yo soy un caso aparte porque yo puedo salir una noche con tacos altos dorados, vestirme como quiero y llevar mi excentricidad al extremo. Osvaldo Lamborghini A veces íbamos a comer a Pippo con Osvaldo y bebíamos sin parar porque yo era adolescente y al culminar a las cinco de la mañana nos sacaban porque nos habíamos tomado toda la bodega. En un momento dado él me preguntó: "¿Y vos te creés que sos tan revolucionario? ¿A ver? Demostrá que sos capaz de desnudarte acá mismo". Y yo lo hice, empecé a sacarme toda la ropa y cuando llegaba a sacarme el pantalón, Llegaron los mozos y me taparon con los manteles de papel. Osvaldo, o Lamba como le decía yo, por lamer, lamida, porque estaba siempre son sus manitos para arriba apuntando a los bultos de todos los que se acercaban. Era tina Oscar Wilde de las pampas y yo era como un André Gide, a los 17 años haciendo strip-tease en el Pippo. Esa fue una noche infernal, la noche contraria a mi poema Cacería, porque esa vez sí se encontraba algo al final. Todo era al fin y al cabo para decir: "Hoy nací. Me tocó hacerlo a mí, en el póquer de la noche me vino el as de oro". Estirpe La gente de la noche es una estirpe de aparente quebranto y no es así. No es tan maldita esa estirpe. Es el lugar donde el sufrimiento se puede llenar de distintas parábolas: 1º del maldito y la del santo. La noche es una contraseña, un guiño. Es necesario un espacio para el amor, un amódromo, un sexódromo donde se pueda ir a coger tranquilo y nadie moleste a hombres o mujeres o lo que fuere. En este país el sexo ha perdido residencia fija. Esto es lo que nunca le pediría a Carlos Saúl Menem, pero sí se lo pediría a alguien en el futuro, que trate de posibilitar una zona de placer, de exclusión del riesgo para el maravilloso y torturado fruto del deseo. Muerte Una noche muy loca en Francia tomé una superdosis, me di como siete veces más de lo previsible. Me echaron del lugar, porque estaba reloco. No me di cuenta, había entrado en un lugar y me dieron un poquito, después fui a otro, y era primero un pico, después otro... Quedé tan loca, tan dada vuelta que miré para un costado y vi a Tango que venía caminando con las manos en el suelo y me decía: "Salgamos de acá". "Pero, ¿con quién estás?", le pregunté. "Estoy con Jimi", me contestó. Miré y estaba Hendrix en el delirio. Entonces Tango me dijo: "Tenéis que salir de acá porque esta gente te quiere echar". Y yo tenía necesidad de estar con él, que ya habla muerto. De algún modo me quería matar para estar con él. Pero Tango me controlaba, decía: "No, no no vengas" y de pronto tuve la alucinación de ver a Janis Joplin que se volvía árbol. Morir de drogas no es lo mismo que morir en un accidente de autos, quedás encerrado en ese universo. Si a mí me preguntan de qué manera me gustaría morir yo creo que me tomaría una sobredosis, es la mejor manera de morir. No le temo a muerte, porque me he muerto más de una vez. Vino muy hermosa, espléndida, con una cara tan bella que ni la María Schneider. Era una rusa fría, con unas pieles negras hermosas. Un poco lo que creo que yo soy, que es mentira, porque soy un viejo verde charlatán y con pie plano. La vi y dije: "Qué divina mujer". Y lo decía yo, que nunca pude tener deseo por una mujer, es más, últimamente las repelo un poco a las minas. La muerte me venía a buscar y sus manos estaban tapadas por un mitón espléndido. Cómo vio que yo estaba impertérrito aguardándola y queriendo irme con ella, mi muerte se sintió medio arisca porque me vio feliz por verla tan bella. Se sacó lentamente su mitón y cuando se lo sacó ahí sí me asusté porque sus dedos eran todos huesos. Dejó de ser tina imagen maravillosa, de pronto me hizo sentir el "stop, parate, hasta acá llegamos". No morí, no m e llevó. Es increíble porque yo realmente me había ido al carajo. Y bueno, hay que cuidar los límites. La muerte está siempre. Así como Dios, la muerte. "Fuerte como la muerte es el amor", dice El cantar de los cantares del rey Salomón. Bueno, fuerte como la muerte, la noche y el amor.

Julio Cortázar: AQUÍ, ALEJANDRA

Dibujo: Alejandra Pizarnik
Julio Cortázar escribe este poema dedicado a Alejandra Pizarnik
AQUÍ, ALEJANDRA
Bicho aquí, aquí contra esto, pegada a las palabras pegadate reclamo. Ya es la noche, vení, no hay nadie en casa salvo que ya están todas como vos, como ves, intercesoras, llueve en la rue de l’Eperon y Janis Joplin. Alejandra, mi bicho, vení a estas líneas, a este papel de arroz dale abad a la zorra, a este fieltro que juega con tu pelo (Amabas, esas cosas nimias aboli bibelot d’inanité sonore Venga, las gomas y los sobres Venga, una papelería de juguete Venga, el estuche de lápices Venga, los cuadernos rayados) Vení, quedate. tomá este trago, llueve, te mojarás en la rue Dauphine, no hay nadie en los cafés repletos, no te miento, no hay nadie. Ya sé, es difícil, es tan difícil encontrarse es tanteste vaso es difícil, es tanteste fósforo, y no te gusta verme en lo que es mío, en mi ropa en mis libros y no te gusta esta predilección por Gerry Mulligan, quisieras insultarme sin que duela decir cómo estás vivo, cómo se puede estar cuando no hay nada más que la niebla de los cigarrillos, como vivís, de qué manera abrís los ojos cada día abris loNo puede ser, decís, no puede ser. Bicho, de acuerdo, vaya si sé pero es así, Alejandra, acurrucate aquí, bebé conmigo, mirá, las he llamado, vendrán seguro las intercesoras, el party para vos, la fiesta entera, el partyErszebet, el partyKaren Blixen ya van cayendo, saben que es nuestra noche, con el pelo mojado suben los cuatro pisos, y las viejas de los departamentos las espían burbujLeonora Carrington, mirala, burbujUnica Zorn con un murciélago burbujClarice Lispector, agua viva, burbujas deslizándose desnudas frotándose a la luz, Remedios Varo con un reloj de arena donde se agita un láser y la chica uruguaya que fue buena con vos sin que jamás supieras su verdadero nombre, qué rejunta, qué húmedo ajedrez, qué maison close de telarañas, de Thelonius que largaonhermosa puede ser la noche con vos y Joni Mitchell con vos y Hélène Martin con vo,con las intercesoras animulaon las iel tabaco vagulaon las iaAnaïs Nin blandulaon las vodka tónic No te vayas, ausente, no te vayas, jugaremos, verás, ya están llegando con Ezra Pound y marihuana con los sobres de sopa y un pescado que sobrenadará olvidado, eso es seguro, en un palangana con esponjas entre supositorios y jamás contestados etelegramas. Olga es un árbol de humo, cómo fuma esa morocha herida de petreles, ¿Ves by Natalia Ginzburg, que desteje ¿Ves bel ramo de gladiolos que no trajo. ¿Ves bicho? Así. Tan bien y ya. El scotch, Max Roach, Silvina Ocampo, alguien en la cocina hace café alguiensu culebra contando alguenidos terronesontun beso algueinLéo Ferré No pienses más en las ventanas el detráses masel afuera Llueve en Rangoon— Llueve en Rangoon—Y qué. Aquí los juegos. El murmullo Aqui lo(Consonantes de pájaro Aqui lovocales de heliotropo) Aquí, bichito. Quieta. No hay ventanas ni afuera y no llueve en Rangoon. Aquí los juegos.

jueves 10 de diciembre de 2009

Alicia Dorantes: Ekiwah, el tejedor de caminos

Nada Soy un árbol sin sus ramas soy un guerrero que ha fallado su misión estoy encerrado sin salida la tierra tiembla, desolada sólo calles sin final ni destino sólo el sonido de las máquinas ni siquiera el canto de un pájaro. Soy nada no soy aire ni roca inmóvil el peor de los ladrones ha robado mi sonrisa el mar me traga el cielo cae, me aplasta soy una ilusión, un fantasma conozco a lo vacío y el vacío me conoce a mí.
Ekiwa
Era un domingo perezoso. Los postreros gruñidos del último norte aún se hacían sentir. Sólo por tener visitas en casa nos encaminamos rumbo al zócalo. La tarde agonizaba y en su agonía, salpicaba de rosa y de vino a las escasas nubes que cruzaban la bóveda celeste. El zócalo, como siempre, estaba repleto. Habíamos ido en busca del danzón que tanto gusta a los visitantes, pero nos encontramos con algo totalmente diferente: era el cierre de un encuentro internacional de personas con capacidades diferentes; en muchas ocasiones, pienso: superiores a las nuestras. Alrededor del escenario grandes carteles anunciaban: “Encuentro Expresiones 2009”; lo coordinaba entre otras organizaciones, la Fundación Expresa, cuya misión es la de apoyar a todo tipo de personas que están en desventaja: social, física, o económica, y cuyos participantes se habían reunido por cuatro días sucesivos en los que hubo actividades de teatro, fotografía, pintura, música, conferencias y mesas redondas: esa tarde asistimos desafortunadamente, al último de los eventos. En él participaría un grupo de músicos invidentes “Los Merinos” y… Ekiwak “El tejedor de caminos”.
Ekiwah Adler Beléndez, es un joven de algo más de 20 años de edad, cuya historia de lucha y superación personal es tan sorprendente, que provoca un sentimiento de respeto a lo que es incomprensible. Dice uno de sus biógrafos: “Es un ser humano fuera de todo contexto que puedan compartirnos nuestras ciudades y nuestra vida maquinizada. Él es un joven poeta que habita en Amatlán, Morelos. Este lugar esconde unas montañas mágicas, llenas de verdes y cantos que son imposibles de imaginar para las paredes de nuestros hogares colonizados. Sea, él es poeta de nacimiento. Un nacimiento peculiar por cierto, Ekiwah posee ciertas cualidades que le ha regalado la vida al lado de una parálisis cerebral. Que cierto es que cuando algo en el cuerpo es débil hay otras “funciones” que se desarrollan a un nivel, que para nosotros los “normales” es inaccesible, no sin un enorme trabajo interior por supuesto”. Ekiwah, cuyo nombre significa “guerrero”, ha vivido inmerso en la poesía desde que tuvo 4 años; a los 10, publicó su primer libro de versos, a los 14, el segundo, titulado “Soy”, hoy día continúa escribiendo tanto en español, como en inglés, pero el joven poeta, además es el creador y actor principal de un documental del que esa tarde-noche fuimos espectadores. En él, vierte una serie de conceptos increíbles: habla de la inspiración, de la fuerza interna que nos hace ser quien somos, de la manera en que el exterior participa de nuestra voz. Ekiwah no tuvo y no ha tenido televisión, porque como él mismo señala: “la televisión limita la imaginación y el pensamiento”; sus imágenes provienen de su volátil imaginación y de los exquisitos paisajes del lugar en que ha crecido. Cito: “Ekiwah habla y se entiende que su manera de sentir la vida es diferente. Y uno piensa en los mil engaños que utilizamos para no enfrentarnos a la “realidad” tal cual es, uno piensa en la incapacidad para atravesar el espejo. Para respirar ese otro aire en el cual Ekiwah respira y que, estoy segura, miles de seres más conocen”. Aunque el documental no se vio como todos los ahí presentes hubiéramos deseado, el joven parece habernos contagiado su manera de observar, no de ver, de escuchar, mas no de oír, y así pudimos captar la fuerza interior “del joven guerrero” atado a su silla de ruedas, con limitación en los movimientos de manos y pies, pero dueño de un espíritu aventurero y libre. Escuchamos voz que es poesía, poesía que es la voz de su yo interno. Dice el poeta: Busco un poema que sea ligero que se acomode bien en la palma de tu manoque crezca muy alto hasta ser árbolpara luego extraer de él una hoja diáfanadonde pueda escribirun poema que sea luciérnagaen la palma de tu manoEkiwah Ekiwah expone en su primer libro de poesía: “Encontré la llave de una puerta desconocida”. En otro poema menciona: “Me dieron una piernas equivocadas, porque no puedo subir a los árboles, pero puedo crear ilusiones”. Una de las presentadoras de este primer poemario, fue Elena Poniatowska. En otro lugar del mismo, habla con verdadera pasión de la felicidad y la tristeza; de música y silencio, de sentimientos encontrados: “itacate de palabras, susurrándome al oído”. Agrega: “soy un mapa sin fronteras”, esto quizá lo señaló al referirse que nació pesando apenas 900 gramos; cuando los médicos dudaban que viviera, cuando sus padres se aferraron a esa diminuta existencia hoy convertida en poeta y él, decidió vivir. Si le preguntan ¿qué le gusta? Contesta casi de inmediato: “Me hace feliz una caminata por la ciudad, por el bosque, los cuentos cortos, un libro, el cine, una tarde de café, el mar, los gatos, la niebla sobre el bosque, las frases geniales, bailar hasta que los pies me reclamen, escribir, mis amigos, mis hermanos, los museos, el jazmín, caminar por lugares que no conozco, la luna, las palmeras de la ciudad, soñar sueños que se realizan, el blues, las películas de zombis, el metro, el “capuchimoka” del jarocho, mi gata, las palabras, el vino tinto, pensar cosas que me hacen feliz… y Riqui, su burro, quien en compañía de su padre, le permiten recorrer los bellos paisajes de su estado de Morelos. Al terminar su participación, adquirimos su libro y con su letra de niño y corazón de poeta, escribió: ¨Para Alicia, con amor”… A Ekiwah Adler Beléndez, a Gaby Brimer, a los Equiwas del mundo que viven tan cerca y tan lejos de nosotros, tenemos mucho que aprenderles: ellos nos ayudarán a dejar “nuestra silla de ruedas mental”... y a liberar nuestro espíritu.

martes 8 de diciembre de 2009

José Emilio Pacheco: Premio y Poemas

De acuerdo a rumores tras-del-patio, se citaba (a manera de pesadilla y descalabro) que el Premio Cervantes bien podría ser entregado al "despacho literario" de Isabel Allende. No fue así. El Premio ha sido otorgado a José Emilio Pacheco, a quien no hace mucho se le había concedido el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. Y, como alguien lo dijera: Hablar de la obra completa de José Emilio Pacheco es como tratar de abarcar con un abrazo todo un bosque. Prácticamente ningún género se le ha resistido a este autor, ni en la literatura pura ni en la aplicada, según la distinción clásica que hacía Alfonso Reyes. Y precisamente como Reyes, Pacheco es un escritor todoterreno, un polígrafo virtuoso Una de las mejores formas de allegarnos una vez más al poeta, es (en este caso y breve espacio)reproduciendo esta nube de poemas, que no por nube dejan de fulgurar en lo más alto de la poesía universal. A Quien Pueda Interesar Que otros hagan aún el gran poema los libros unitarios las rotundas obras que sean espejo de armonía A mí sólo me importa el testimonio del momento que pasa las palabras que dicta en su fluir el tiempo en vuelo La poesía que busco es como un diario en donde no hay proyecto ni medida

Alta Traición No amo mi patria. Su fulgor abstracto es inasible. Pero (aunque suene mal) daría la vida por diez lugares suyos, cierta gente, puertos, bosques de pinos, fortalezas, una ciudad deshecha, gris, monstruosa, varias figuras de su historia, montañas -y tres o cuatro ríos. El Reposo Del Fuego (Don de Heraclito) Pero el agua recorre los cristales musgosarnente : ignora que se altera, lejos del sueño, todo lo existente. Y el reposo del fuego es tomar forma con su pleno poder de transformarse. fuego del aire y soledad del fuego. al incendiar el aire que es de fuego. Fuego es el mundo que se extingue y prende para durar (fue siempre) eternamente. Las cosas hoy dispersas se reúnen y las que están más próximas se alejan: Soy y no soy aquel que te ha esperado en el parque desierto una mañana junto al río irrepetible en donde entraba (y no lo hará jamás, nunca dos veces) la luz de octubre rota en la espesura. Y fue el olor del mar: una paloma, como un arco de sal, ardió en el aire. No estabas, no estar áspero el oleaje de una espuma remota confluía sobre mis actos y entre mis palabras (únicas nunca ajenas, nunca mías): El mar que es agua pura ante los peces jamás ha de saciar la sed humana Contraelegía Mi único tema es lo que ya no está Y mi obsesión se llama lo perdido Mi punzante estribillo es nunca más Y sin embargo amo este cambio perpetuo este variar segundo tras segundo porque sin él lo que llamamos vida sería de piedra.

Dylan Thomas: Cómo se llega a ser poeta

DYLAN THOMAS CÓMO SE LLEGA A SER POETA
Con evidente exceso de confianza, me ha invitado un editor a escribir sobre este asunto. ¡Tantos otros asuntos como podía haberme sugerido! Los enredos de las escenas de seduc­ción en el teatro Watts-Dunton, Charles Mor­gan, mi personaje favorito de ficción, Mr. T. S. Eliot y la crisis del dolar, la influencia de Lau­rel en Hardy y de Hardy en Laurel... Como escribe Fowler en su Diccionario de Uso del Inglés, «cuántas palabras no se podrían decir de todas esas cosas si tales fueran mis temas de ensayo». Pero, contrariado artesano, volveré a mi tema original. Ya de entrada, y a modo de nota supuesta­mente informativa, quiero aclarar que yo no considero la Poesía como un Arte ni Oficio, ni como la expresión rítmica y verbal de una necesidad o premura espirituales, sino simple­mente como el medio para un fin social, siendo dicho fin la consecución de un estado en socie­dad lo bastante sólido como para justificar que el poeta tienda a eliminar o se deshaga de ciertos amaneramientos, fundamentales en un primer período, en el habla, la indumen­taria y la conducta. Para justificar también ingresos económicos que satisfagan sus necesidades más apremiantes, de no haber sido aquél víctima ya del Mal de los Poetas o del Gran Basurero (Londres). Para justificar, en fin, una seguridad permanente ante el temor de tener que seguir escribiendo. No pretendo preguntarme si la poesía es cosa buena en sí misma, pregunta sin respuesta posible, sino tan sólo si puede convertirse en un buen ne­gocio. Para empezar, presentaré al lector, aña­diendo comentarios que acaso vengan a resul­tar en ocasiones innecesarios, unos cuantos tipos de poetas que se han hecho con cierta autoridad social o financiera. Primeramente están, aunque no sigamos un orden según la importancia, los poetas funcio­narios, a quienes se ha concedido el certificado de «líricos». Dichos poetas pueden a su vez subdividirse en dos clases diferentes según su aspecto físico. Está el poeta delgadito, de as­pecto más que imberbe, labios descaradamente sensuales y tan tentadores como un ponedero para una gallina, desprovisto de toda masculinidad, ojos empequeñecidos y enrojecidos por sus lecturas francesas –pues el francés es len­gua que no comprende–, instalado en un ático provinciano en su etapa de repelente juventud, la voz como uña de ratón raspando papel de estaño, nariz transparente e incoloro aliento. Y está también el poeta de gran papada y poblada pelambrera, fumador de pipa y de nariz peluda, de ojos penetrantes donde se refleja toda la sabiduría de Sussex, con el olor de los perros que detesta prendido en sus añosas ves­timentas, con la voz de un culto Airedale que ha aprendido a pronunciar las vocales en cur­sos por correspondencia, y amigo íntimo de Chesterton, a quien nunca llegó a conocer. Veamos ahora de qué forma ha alcanzado nuestro hombre esa envidiable y actual posi­ción de Poeta que ha hecho rentable la Poesía. Después de ingresar como funcionario en la Administración a una edad en que muchos de nuestros jóvenes poetas se refugian en la Radio, equivalente del Mar en nuestros días, queda en un principio sepultado bajo mon­tañas de papeles que, en años futuros, ha de despreciar, con mordacidad no exenta de re­torcida ironía, en su En torno a mis carpetas y anaqueles. Transcurridos unos años, empieza a asomarse por entre los archivos y expedien­tes donde vive su vida ordenadita y ratonil, y aquí picotea una miga de queso y allí una pizca de excrementos, valiéndose de sus pulgares sucios de tinta. Su oído, misteriosamente sen­sible, reconoce ya familiarmente el susurro de las hojas de los cartapacios. Y aprende muy pronto que un poema en la revista de los fun­cionarios es, si no un peldaño más, al menos un lametón en la dirección más adecuada. Y entonces escribe un poema. Y un poema, desde luego, sobre la Naturaleza. En él se confiesa el deseo de escapar de la aburrida rutina y de abrazar la nada sofisticada vida del labrador. Desea, pero sin escándalo, despertar con las aves. Manifiesta su opinión de que a su pe­queña fuerza más convendría la reja de un arado que la misma pluma que blande. Decoroso panteísta, se identifica con los riachue­los, los monótonos molinos, los rosados culitos de las lecheras, con las bermejas mejillas de los cazadores de ratas, con los zagales y los puercos, con el bisbiseo de los corrales y con las camuesas. Tienen sus poemas el aroma del campo, la campiña y las flores, el aroma de las axilas de Triptolomeo, de los graneros, henares y hogueras, y, sobre todo, el aroma de maizal. Se publica el poema. Bastará citar un breve extracto lírico de su comienzo: The roaring street is hushed! Hushed, do I say? The wing of a bird has hrushed. Time’s cobweds away. Still, still as death, the air over the grey stones! And over the grey thoroughfare I hear sweet tones! A blackbird open its bill. –A blackbird, aye!– And sing its liquid fill from the London sky. * * _ La calle estruendosa ha quedado en silencio ¿Silencio, digo? El aleteo de un pájaro ha sacudido las telarañas del Tiempo. Plácido, plácido cual la muerte, el aire sobre las piedras grises. Y sobre la calle gris dulces tonos siento. Abre su pico un mirlo. ¡Un mirlo, ay! Y derrama su líquida carga desde los cielos de Londres. Poco después de la publicación, recibe en un pasillo el saludo asentidor de Hotchkiss, de la «Inland Revenue», poeta a su vez de fin de semana, ya acreditado con dos pequeños volúmenes, media pulgada en el Quién es quién de la Poesía o en el Calendario Newbolt, ca­sado con una mujer de cuello anguloso y de­rrotado flequillo, propietario de un coche que siempre le lleva («le lleva», porque el coche se diría que anda solo) a Sussex –al modo en que el caballo de un reverendo trotaría im­pensadamente hasta las puertas de una taber­na–, y acreditado también con una monogra­fía, aún sin terminar, sobre la influencia de Blunden en la literatura religiosa. Hotchkiss, en un almuerzo con Sowerby, de la Customs, a su vez figura literaria de cierta importancia que cuenta con una colum­na semanal en el Will o’ Lincoln’s Weekly y que tiene su nombre en el catálogo editorial de Obras Maestras del Club Quincenal (pre­cios reducidos para escritores y descuento del setenta y cinco por ciento en las obras com­pletas de Mary Webb para Navidad), comenta como al azar: «Sowerby, tiene usted en su de­partamento a un tipo bastante prometedor. El joven Cribbe. He estado leyendo parte de su Deseo de la garza...» Y el nombre de Cribbe corre ya por los más fétidos círculos literarios. A continuación se le pide su contribución, con un pequeño conjunto de poemas, para la antología de Hotchkiss, Gaitas nuevas que So­werby elogia –«un extraño don para la frase inolvidable»– en su Will o’ Lincoln’s. Cribbe envía copias de la antología, firmadas todas ellas laboriosamente: «Al más grande poeta de Inglaterra, en homenaje», dedicatoria repe­tida para los veinte poetas más insoportables del país. Alguno de estos delicados presentes reciben la correspondiente respuesta agradecida. Sir Tom Knight, interrumpiendo breve y aturdidamente sus momentos de contempla­ción y retiro en un inolvidable y único fin de semana, encuentra un momento para mandar­le unos garabatos escritos de su mano en papel timbrado con blasones. «Apreciado señor Crib­be –escribe sir Tom–, en mucho estimo su pequeño homenaje. Su poema Nocturno de los lirios puede compararse a cualquier Shanks. Siga, siga. Hay lugar para usted en este Olim­po.» Y aunque el poema de Cribbe no sea en realidad el Nocturno de los lirios, sino Al es­cuchar a Delius en el cementerio, la cosa no le molesta y archiva la carta después de qui­tarle de un soplido la caspa que traía, y siente en seguida la quemazón de reunir todos sus poemas para hacer con ellos, ¡misericordia!, un libro. El huso y el jilguero, dedicado «a Clem Sowerby, jardinero de verdes dedos en el Jardín de las Hespérides». Aparece el libro. Se da cuenta de él, favo­rablemente, en Middlesex. Y Sowerby, dema­siado modesto como para hacer la reseña des­pués de dedicatoria tan gratificante, lo reseña, eso sí, con nombre supuesto. «Este joven poe­ta –escribe– no es, afortunadamente, tan "modernista" como para rendir reverencia a la iluminadora fuente de su inspiración. Crib­be llegará lejos.» Y Cribbe va en busca de sus editores. Se le extiende un contrato: Stitch & Time se com­prometen a publicar su próximo libro a con­dición de hacerse con la opción de los derechos de sus próximas nueve novelas. Cribbe se avie­ne también a leer ocasionalmente manuscritos que le envíe la editorial, y vuelve a casa pro­visto de un paquete que contiene un libro sobre El desarrollo del movimiento oxoniense en Finlandia de un tal Costwold Major, tres tragedias en verso blanco que tienen a María Estuardo por protagonista, y una novela que lleva por título Mañana, Jennifer. Hasta ese contrato, nunca había pensado Cribbe en escribir una novela. Pero sin desa­nimarse ante el hecho de no saber distinguir a la gente –el mundo es para él una amorfa masa indiferenciada, con la excepción de algu­nas celebridades y de sus jefes en el departa­mento, pues nada de lo que pueda decir o hacer la gente le interesa si no se relaciona con su carrera literaria–, no desanimándole tampoco lo limitado de su invención, compa­rable a la de una ardilla o una rueda de mo­lino, se sienta en una silla, se remanga la ca­misa, se afloja el cuello, aprieta bien la pipa y se pone a estudiar fervorosamente la mejor manera de alcanzar un éxito comercial sin te­ner talento alguno. Pronto llega a la conclu­sión de que las ventas rápidas y las famas efímeras sólo llegan de la mano de novelas fuertes con títulos tales como Dispuesto a todo o Los dados de la muerte, de novelas prole­tarias que tratan de la conversión al materia­lismo dialéctico de chicos de la calle, con títu­los del tipo de Lluvia roja para ti, Alf, o de novelas como Melodía en Jauja, con un obscuro protagonista ligeramente cojo llamado Dirk Conway y la historia de su amor con dos mu­jeres, la lasciva Ursula Mountclare y la peque­ña y tímida Fay Waters. Y en seguida descu­bre, en las orgullosas revistas de circulación mensual, que las ventas menos importantes resultarán de novelas como El zodíaco interior, de G. H. Q. Bidet, despiadado análisis de los conflictos ideológicos que surgen entre Philip Armour, físico impotente de fama internacio­nal, Tristram Wolf, escultor bisexual, y la vir­ginal, exótica y dinámica esposa de Philip, Ti­tania, profesora de Economía de los Balcanes, y estudio de cómo personajes tan altamente sensibilizados –con el perfume de la era post-sartriana– se relacionan mientras comparten un trabajo por el bien de la Existencia, en una clínica de la Unesco. Nada de bobadas. Cribbe comprende, poco después de iniciar una exploración con teodo­lito y máscara antigás por las más densas pá­ginas de Foyle, que lo que hay que escribir es una novela que se venda con facilidad y sin sensacionalismo en provincias y capitales y que trate, casualmente, del nacimiento, educación, vaivenes económicos, matrimonios, separacio­nes y muertes de cinco generaciones de una familia algodonera del Lancashire. Esta novela, advierte en seguida, debe tener la forma de una trilogía y cada una de sus partes ha de llevar un título eficaz y frío, algo así como La urdimbre, La trama y El camino. Y se pone a trabajar. De las reseñas de la primera novela de Cribbe, pueden seleccionarse párrafos tales como: «Una caracterización excelente unida a una perfecta habilidad narrativa», «Una his­toria llena de acontecimientos», «el lector llega a conocer a George Steadiman, a su esposa Muriel, al viejo Tobías Matlock (personaje de­licioso) y a todos los habitantes de la Casa Loom como si se tratara de miembros de la propia familia», «la austeridad de los Northcotes se apodera del lector», «tan inglesa como la lluvia de Manchester», «Cribbe es un autén­tico monstruo», «un relato con la clase de Phyllis Bottome». A partir del éxito, Cribbe se asocia a un club de escritores y se convierte en solicitado conferenciante, y llega incluso a hacer con regularidad críticas en las revistas (El resplandor de la prosa), elogiando una de cada dos novelas que se le envían e invitando a cenar al Club Servile, en el que ha sido acep­tado recientemente, a uno de cada tres escri­tores jóvenes que conoce. Cuando por fin aparece la trilogía comple­ta, Cribbe sube como la espuma, pasa a formar parte del comité del Club de escritores, asiste a los funerales que se celebran en honor de los hombres de letras muertos en el transcurso de los últimos cincuenta años, rescinde su viejo contrato, saca una nueva novela que es selec­cionada por un Club de lectores para su oferta mensual, y se le ofrece, en la casa Stitch & Time, un puesto de «consejero» que acepta, abandona la Administración, se compra una casa de campo en los alrededores de Londres («¿No te parece increíble que esté a sólo trein­ta millas de Londres? Mira, un somorgujo crestado». Y pasa volando un estornino) y... una secretaria con la que acaba casándose por sus dotes táctiles, ¿Poesía? Acaso de vez en cuando un soneto para el Sunday Times. Ocasionalmente un librito de versos («Fue mi pri­mer amor, sabes»). Pero ya no le preocupa más, por más que fuera ella quien le condu­jera hasta donde ahora se encuentra. ¡Lo ha conseguido! Y ahora, vengamos a contemplar por un momento otra clase de poeta, muy diferente, a quien llamaremos Cedric. Si se quiere seguir los pasos de Cedric –cosa que le haría feliz y por la que no llamaría jamás a un policía de no ser el sargento terrible y siniestro de Mecklenburg Square, que parece un Greco–, debe nacerse en la sordidez de la clase media o debe asistirse a una de las escuelas propias de esa clase (escuela que, claro está, debe odiarse, pues resulta esencial ser un incomprendido desde el comienzo), y llegar a la universidad con una reputación sólida ya de futuro poeta y, a ser posible, con un aspecto que oscile en­tre el de oficial de la Guardia y el de querida de un fotógrafo de sociedad. Se me puede preguntar ahora que cómo es posible llegar con esa reputación ya firme de «poeta digno de observación». (La observación de poetas va camino de ser tan popular como la observación de pájaros. Y parece razonable suponer que llegará el día en que el estado se decida a com­prar las oficinas de El Poetastro para conver­tirlas en parque nacional.) Pues bien, dicha pregunta escapa a los límites de estas más que elementales notas mías, y es que, además, debe asumirse que todo aquel que opta por abrazar la carrera poética sabe perfectamente cómo jugar esa baza en caso necesario. Se requiere también que el tutor universitario de Cedric resulte ser íntimo amigo del director de su an­tiguo colegio. En fin, ya tenemos ahí a Cedric, conocido por unas cuantas mentes privilegia­das en gracia a sus sensibles poemas de ramas doradas, frondas preciosas, ambrosía del pri­mer beso discreto en las barrocas cavernas lu­nares (uno de los roperos del colegio), en los umbrales de la fama y el mundo rendido de admiración a sus pies como una fila de baila­rinas genuflexas. Si la acción transcurriera en los años vein­te, el primer libro de poemas de Cedric, publi­cado mientras estudiaba todavía en la univer­sidad, podría muy bien titularse Laúdes y áspides. Tendría la nostalgia de una vida que nunca existió. Expresaría un hastío existencial. (Vio en cierta ocasión el mundo por la ven­tanilla de un tren y le pareció irreal.) Sería una mezcla discretamente chillona, un pastel astutamente evocativo elaborado con ciruelas arrancadas del árbol de los Sitwells y compa­ñía, un invernáculo dulcemente cacofónico de exótica horticultura y curiosidades cómico-eró­ticas, de donde he extraído estas líneas típicas: A cornucopia of phalluses cascade on the vermilion palaces in arabesques and syrup rigadoons. Quince-breasted Circes of the zenanas do catch this rain of cherry-wigged bananas and saraband beneath the raspberry moons. * * _ Una cornucopia de falos se derrama torrencial sobre bermellones palacios en arabescos y almibarinos rigodones. Circes de amembrillados pechos de los serra­llos se apoderan de este diluvio de plátanos de tonos cereza y danzan la zarabanda bajo lunas de frambuesa. Y tras una trifulca con las autoridades aca­démicas, se pierde en los Registros nostálgicos, y ya es todo un hombre. Si la acción ocurriera durante los treinta, el libro podría llamarse Paros, Yo te aviso, y podría ofrecer dos tipos de versos. Bien un verso largo, lánguido y descuidado en el ritmo, abruptamente quebrado y con imágenes de conciencia social: After the incessant means-test of conspiratorial winter scrutinizing the tragic history of each robbed branch, look! the triumphant bourgeoning! spring gay as a workers' procession to the newly opened gymnasium! Look! the full employment of the blossoms! * * _ Tras la inspección constante del conspiratorio in­vierno escrutador de la trágica historia de cada rama robada ¡ved el retoñar triunfante, la primavera feliz cual procesión de obreros hasta el gimnasio recién abierto! ¡Ved el pleno empleo de la flor! O bien una composición atrevida atestada de lenguaje callejero y coloquial, con retazos de canciones, algo de la música rítmica de Kipling y cierta recargada tristeza. We're sitting pretty in the appalling city. I know where we're going I don't know where from but. Take it from me, boy; you are my cup of tea, boy; we're sitting on a big black bomb. * * _ ¡Qué bien estamos en la espantosa ciudad. Sé adonde vamos pero no sé de dónde venimos. Vente conmigo, amigo; sólo te quiero a ti, amigo; estamos encima de una gran bomba negra. ¡Conciencia social! Ese es el lema. Y mien­tras se toma un café, confiesa que quiere pa­sarse unas largas vacaciones en «un sitio vivo de verdad» («Adrián es la única persona que sabe hacer café en esta isla brutal». «Oye, Rodney, ¿dónde compras estos deliciosos pastelitos de color rosa?» «Es un secreto.» «Venga, dime dónde. Y te digo yo cómo se prepara esa receta que el coronel de Basil se trajo de Ceilán, sólo lleva tres libras de mantequilla y una cáscara de mango»). «Sí, un sitio auténtica­mente vivo. O sea, vivo, ¿no? Como el Valle de Rhondda o así. O sea, es que a mí aquello de verdad que me atrae, o sea que te quedas allí como sin hacer nada, ¿no? ¡Libros, libros! Lo que importa es la gente. O sea, hay que conocer a los mineros.» Y se marcha con Regie a pasar unas largas vacaciones en Bonn. A lo cual ha de seguir un librito de escritos político-viajeros que le convierten ya en pro­mesa que años más tarde pasa a consagrarse y llega a desempeñar el puesto de secretario literario de la CIAM (Consejo Internacional de las Artes del Mañana). Si Cedric escribiera en los años cuarenta, lo más probable es que se sintiera atrapado y sin salida en una especie de apocalíptico rebozo, y que su primer libro se titulase Ma­crocosmo de lágrimas o Heliogábalo en Pen­tecostés. Cedric puede entonces mezclar sus metáforas y tópicos como fangoso engrudo y empapar los símbolos de que se sirve con ran­cia leche de burra para que así gane el con­junto en viscosa verborrea. Después, Londres y las reseñas. Reseñas, claro está, de obras de otros poetas. Es tarea sencilla si se hace mal y aunque al principio no lo parezca, acaba por resultar siempre muy gananciosa. El vocabulario que un autor cons­cientemente deshonesto de reseñas de poesía contemporánea debe de aprender es muy limi­tado. Corriente, en primer lugar, y luego, im­pacto, efecto, conciencia, zeitgeist, esfera de influencia, Audeniano, último Yeats, período de transición, constructivismo, ingeniosamen­te salpicado, contribución, interminable, la dra­mática y breve despedida de toda la obra de un poeta adulto y responsable. Hay unas cuan­tas reglas fundamentales que deben ser obser­vadas: cuando se escribe una reseña, de por ejemplo, dos libros de versos absolutamente distintos, póngase el uno frente al otro como si se hubieran escrito los dos para un mismo concurso. He aquí una ilustración del mecanismo tan valioso y tan evitador de innecesarios derroches: «Tras los comentarios poéticos del Sr. A, tan sutiles y bien trenzados que se di­rían epigramas, la narrativa heroica, prolija y sonora del Sr. B adquiere una resonancia ex­trañamente hueca si consideramos la riqueza de sus textos y la vibrante orquestación de los mismos.» Hay que decidirse con sumo cuidado a admirar apasionadamente a un poeta determinado, guste o no su poesía. Todo se va a cargar a su cuenta, se le va a convertir en un segundo yo, va a ser patentado, se va a llegar con él hasta la tumba. Su nombre ha de citarse gratuitamente en todas las reseñas: «E. es, por desgracia, un poeta excesivamente dado al rosicler (y no como Héctor Whistle)». «Al leer la admirable, si bien en ocasiones pedes­tre, traducción de D., echamos de menos ese templado ardor y esa consumada capacidad de Hector Whistle.» Téngase cuidado con la elección del poeta, no vaya uno a convertirse en cazador furtivo. Se impone la siguiente pre­gunta previa: «¿Es Hector Whistle pichón de otra escopeta?» Léanse todas las demás reseñas de los libros que se han de reseñar antes de pronunciarse sobre ellos una sola palabra. Cítense fragmen­tos de poemas sólo en caso de urgencia, pues una reseña debe siempre de versar sobre quien la hace y nunca sobre el poeta. Cuidado con censurar a un mal poeta rico, a no ser que se trate de uno notoriamente malo, ya difunto o exiliado en América, pues no se suele tardar en acceder desde las reseñas poéticas a la direc­ción de quién sabe qué revista, y muy bien pudiera suceder que ese mismo mal poeta rico fuera su mecenas. Volviendo a Cedric, supongamos que, como resultado de una comparación por él estable­cida entre la poesía de un joven adinerado y la poesía de Auden –en detrimento de éste–, se ha hecho con la dirección de una nueva pu­blicación literaria. (También puede haberse hecho con nueva vivienda. En caso contrario, debiera insistir en que la nueva publicación necesita locales más cómodos, y trasladar su sede a ellos.) El primer problema con que Ce­dric se enfrenta es el de cómo llamarla. No es tarea fácil, ya que la mayoría de los nombres desprovistos de significación –elemento esen­cial para el éxito del nuevo proyecto– han sido agotados ya. Horizonte, Polémica, Vendimia, Carabela, Semilla, Transición, Nuevo reino, Foco, Panorama, Acento, Apocalipsis, Arena, Circo, Cronos, Avisos, Viento y Lluvia. Sí, en efecto, ya han sido usados todos. Pero la mente de Cedric se devana incesantemente: Vacío, Volcán, Limbo, La piedra miliar, Necesidad, Erupción, Útero, Sismógrafo, Vulcano, Cogni­ción, Cisma, Datos, Fuego... y al fin, Clarobscuro, ya está. Lo demás es muy sencillo: sim­plemente editar. Vayamos ahora muy someramente con otros métodos para convertir la poesía en empresa de alto rendimiento. El Desmadre provinciano o el sistema de Viva-Rimbaud-y-a-por-ellos. Yo francamente no lo recomiendo mucho, pues son necesarias de­terminadas condiciones. Antes de aparecer avasalladoramente en un centro de actividad literaria –o sea el bar adecuado, en los primeros años, las casas adecuadas después, y finalmente los clubs adecuados– ha de tenerse detrás un cuerpo (la cabeza no es precisa) de versos fe­roces e incomprensibles. (Como ya he dicho antes, no es mi empeño describir cómo se lo­gran estos éxtasis gauchistas y verbosos. Hart Crane descubrió un buen día que escuchar bo­rracho a Sibelius le hacía ponerse a escribir hasta ya no poder más. Un amigo mío que ha padecido violentas jaquecas desde los ocho años, encuentra tan sencillo escribir así que tiene que hacerse nudos en el pañuelo para acordarse de que hay que parar de vez en cuan­do. Hay muchos métodos y siempre hay un camino si existe el deseo de un ligero delirio.) En fin, este poeta necesita estar en posesión de la constitución y la sed de un caballo que sólo se alimentara de sal, el pellejo de un hipo­pótamo, ilimitada energía, prodigioso engrei­miento, falta absoluta de escrúpulos y –más importante que nada, nunca estará de más in­sistir sobre este punto– una casa lejos de la capital adonde regresar cuando se deprima. Me temo que tendré que pasar muy por alto otros tipos de mi clasificación. Del poeta que tan sólo escribe porque quie­re escribir, a quien publicar o dejar de publi­car no le preocupa en absoluto, y que puede enfrentarse tranquilamente con la pobreza y el anonimato, de ése pocas cosas de valor pue­do decir. Este no es un hombre de negocios. La posteridad no es rentable. Anotemos también otra clase de poesía, altamente no recomendada: Poemas para tarjetas de felicitación: am­plio mercado, ganancias mínimas. Poemas para las cajas de galletas: muy variable. Poemas para niños: pueden acabar con el autor y con los niños. Necrológicas en verso: es difícil competir con los valores tradicionales. Poesía como forma de chantaje (por abu­rrimiento): peligroso. La víctima puede contraatacar con la lectura de su tragedia incom­pleta, «El termo», sobre la vida de san Ber­nardo. Y finalmente: Poemas en las paredes de los retretes. La compensación es puramente psico­lógica.
Muchas gracias.

David Cabuto Valdés: Entretenimiento, información y salud vs publicidad

Entretenimiento, información y salud vs publicidad Por: David Cabuto Valdés
(Alumno de bachillerato del Tec Milenio, Veracruz) Introducción:
Cada día que paso en el mundo me doy cuenta de que existe una nueva necesidad para el ser humano, que no distingue posición social, credo o raza. Y es el estar informados acerca de lo que pasa a nuestro alrededor de nuestro entorno en el que vivimos o simplemente pasar tiempo descansado y entreteniéndose y me refiero a los medios de comunicación. Cada vez que veo la televisión o enciendo la radio, o simplemente quiero leer lo que paso en mi localidad me encuentro con las mimas cosas de las que intento huir, y son los comerciales. Pero ¿qué son los comérciale? Los comerciales son necesarios para que una televisora sobreviva y son también para dar a conocer un servicio o producto, el punto es que tras ese simple anuncio oral, escrito o visual me encuentro con algo que me hace sentir la necesidad de obtenerlo o consumirlo. Aunque si lo usara y no tuviera beneficio alguno. Desarrollo:
Sabemos bien como sociedad para qué no sirve la publicidad, anuncios en General los medios masivos. En su mayoría es utilizar para dar servicios, aumentar ventas de un producto o llamar a las personas de algún lugar, tiendas de autoservicio, el consumismo es una parte que rigen nuestra existencia sin que nos demos cuenta, que nos puede afectar a nivel psicológico. Pero te has preguntado ¿cuántos años de comerciales ve un individuo a lo largo de su vida? Ó en cuanto a la programación de radio y televisión ¿qué porcentaje de proporción de vez o escuchas de comerciales? y eso excluyendo los anuncios de internet y las hojas completas de periódico y revistas. Detrás de anuncios bonitos y llamativos hay una lucha para ganarse a los consumidores. Existe una guerra infinita entre marcas tiendas y servicios, analizando el gusto de los consumidores de cualquier nivel de la sociedad. Hoy en día si se mantuvieron estables los medios de comunicación, y no variarán. Un individuo que viviera 80 años y dedicara lo que actualmente le dedica una persona promedio a la televisión o radio, que son de 4 a 8 horas, pasaría de 6 a 12 años de su vida viendo o escuchando solo anuncios mas de la 3ra parte de lo que vivió o escucho de entretenimiento, sin contar, claro, su lectura y tiempo internet. De ese modo, nos damos cuenta de que hay un bombardeo de mercadotecnia excesivo. Esto, desgraciadamente, no se puede disminuir ya que los medios de comunicación prácticamente viven de eso y seguramente aumentarán con el paso de los años. Y sin darnos cuenta que esto puede ya ser un nuevo tipo de contaminación a donde quiera que miren existen anuncios y marcas plasmados en todo tipo de materiales Incluso también es una causa por la que hay crisis económica. Viéndolo desde un punto precedido de una competencia que no tiene fin. Yo les importa en ocasiones confundir a la sociedad, como niños, a que tengan salud y cuidado en su persona. Y desde un punto de realista las empresas o servicios que ayudan a la sociedad lo hacen para que se les reconozca más, que es el patrocinio. Ya sabemos que esto no se puede disminuir, lo único que podemos hacer es tener conciencia de lo que consumimos y no dejarnos llevar de la música o una imagen llamativa o subliminal que nos obliga psicológicamente a comprar o adquirir un servicio que no necesitamos y que poco a poco perdemos el control de nuestros ingresos y egresos ya que tiene que ver como fundamento básico la economía. Y si observamos a nuestro alrededor hay un gran número de personas que no tienen ingresos para pagar la vida y los servicios que no le son útiles ni necesarios. Conclusión: Personalmente yo no puedo evadir eso al ver algunas cosas de este tipo. Pero lo que si puedo y se convierte en parte de la cultura, es decir que se transmite de padre a hijo, pensar a la hora de comprar o contratar algún servicio, producto etc. Que beneficios tendré y comparar si lo quiero para los beneficios que supuestamente pretendo obtener.

Leticia Jasiel Lastra Aguirre: Alma de campéon

Alma de campeón Leticia Jasiel Lastra Aguirre (Alumna de bachillerato del Tec Milenio, Veracruz)
La vida sin propósito y sin pasión es una vida que no vale la pena vivir. Todos necesitamos una razón para levantarnos cada día y necesitamos encontrar la pasión, la chispa que nos mantiene motivados y avanzando. ¡Necesitamos ser entusiastas! Demasiadas personas caminan con caras largas, pareciendo y sintiéndose indiferentes, aburridas o totalmente agotadas. Pero el corazón del ser humano fue creado para tener pasión, un deseo de alcanzar algo que está más allá de nosotros mismos.
Necesitamos ser capaces de celebrar cada día de nuestra vida, sean cuales sean las circunstancias. El mayor error que cualquiera puede cometer es no tener sueños para el futuro y no hacer nada para mejorar alguna cosa en su vida. La nueva generación de jóvenes estamos viviendo una situación la cual nombro crisis de sueños, porque hemos perdido el motivo para vivir, no tenemos anhelos ni metas por cumplir, vivimos por rutina y hacemos lo que normalmente tenemos que hacer sin correr riesgos o pensar en algo nuevo, sin imaginar que será de nosotros en unos años más “los sociólogos dicen que esta última generación de jóvenes está viviendo una depresión blanca” lo cual significa que siempre andamos tristes y no sabemos por qué, cualquier cosa nos deprime y andamos por la vida sin saber que hacer “y una vez que entran es difícil salir de ahí “ afirman los sociólogos. Lo que yo creo es que eso se debe a que hemos perdido los sueños y no tenemos un motivo para vivir. Algunas veces si lo tenemos pero no nos damos cuenta que, poco a poco, lo hemos abandonado. Sin embargo aún cuando todo se cree perdido podemos cambiar nuestra estrella; ¿a qué me refiero con ello? Lo que quiero decir es que estando en la condición que estemos y aun si fuere la peor podemos hacer de nuestro futuro algo mejor. Todavía podemos soñar en grande y cambiar nuestro destino. Necesitamos algo por qué vivir, por qué luchar y seguir hacia adelante en lugar de quedarnos estancados sin hacer nada, Dios no nos hubiera dado la capacidad de soñar si no nos hubiera dado la capacidad de cumplir nuestros sueños. Debemos tener alma de campeón, que es ese espíritu que sólo tienen los que quieren triunfar en la vida y no les importa nada más, que si en su intento por cumplir sus metas, se tropiezan y caen se vuelven a levantar, esa alma que comienza aún cuando todos los demás abandonan y dejan sus sueños a un lado. Una vez que nos hemos determinada a cumplir nuestros sueños, no debemos preocuparnos. Se van a cumplir lo sé porque de una cosa estoy segura que cuando alguien se ha determinado llegar a la meta lo logra, solo debemos saber esperar y nunca “tirar la toalla” nunca desalentarnos, si tenemos el alma de campeón debemos saber que todo anhelo por más grande que sea se puede cumplir. “Este mundo está en manos de aquellos que tienen el coraje de soñar y la determinación de hacer sus sueños realidad”. Así que debemos tomar la decisión de hacer historia, logrando alcanzar nuestros sueños o quedarnos sentados toda nuestra vida sin tener la satisfacción de que valió la pena haber vivido. “Una esperanza, una visión, un sueño o un plan es como una semilla; es algo pequeño que conduce a algo grande. Todo comienza con una semilla. Nunca podremos tener una cosecha sin una semilla, y lo mismo sucede con nuestros sueños. Si no tienes visiones positivas para el futuro, te quedarás en donde estás y eso no es algo por lo que te recordarán”. Así como admiramos a aquellos hombres y mujeres que tuvieron un gran sueño y lo cumplieron como: Abraham Lincoln que perdió varias veces la elección pero siguió luchando hasta llegar a ser el presidente, como Thomas Edison que hizo más de dos mil intentos de bombilla eléctrica hasta lograrla o como Patch Adams que a pesar de que tuvo que sufrir el rechazo de todos sus compañeros y maestros por cumplir su sueño lo hizo realidad. Así como Eleanor Roosevelt quien dijo”El futuro pertenece a quienes creen en la belleza de sus sueños”. Así como ellos que determinaron cumplir sus metas nosotros debemos luchar y alcanzar nuestro objetivo y así ser recordados por toda la vida, salir del montón en donde nos encontramos y ser únicos e inigualables. Así que solo me queda decir que me atreveré a vivir con propósito y pasión. Me atreveré a vivir con excelencia, compromiso y determinación. Haré todo lo que está en mis manos para ser la mejor “yo” que pueda ser. ¡Tendré la valentía para ser uno de los pocos, una que tiene alma de campeón y se ha determinado cumplir su sueño! Sé que a veces no es fácil llegar a la meta pero hoy, tú también puedes cambiar tú estrella.

Andrea Esther Tea Luna: El comercio virtuoso

El Comercio Virtuoso Por: Andrea Esther Tea Luna
(Alumna de bachillerato del Tec Milenio, Veracruz)
En México en general hay un entorno adverso para el desarrollo de las empresas, esa premisa no puede ser pretexto individual para el estancamiento o la parálisis individual. A pesar de todos los obstáculos, frenos y barreras hay ciertos empresarios que han sabido romper paradigmas y superar todo.Como respuesta a la necesidad imperante de fortalecer nuestra economía se propone el desarrollo e implantación de una nueva ciencia a la cual se la ha llamado comercio virtuoso El comercio virtuoso está sustentado en las mismas bases que la economía convencional, finanzas corporativas y sistemas de gestión; así mismo fortalece estas prácticas añadiendo recursos y componentes para su buen funcionamiento. Cada componente del comercio virtuoso incorpora valores humanos universales como la honestidad, compromiso, asertividad, responsabilidad social y rendición de cuentas a toda actividad relacionada con el intercambio de bienes y servicios entre individuos o instituciones; así mismo los elementos del comercio virtuoso son definidos por modelos, diagramas, esquemas, sistemas gráficos que ayudan para su comprensión y adaptación. El carácter del empresario o emprendedor es una variable trascendental para determinar el nivel de virtuosidad en sus actividades. Un carácter íntegro estará preocupado por la implantación de valores en su que hacer, en cambio practicas desleales, deshonestas y amorales caracterizan la falta de integridad. Para definir la estrategia apropiada en cada actividad comercial, empresa o negocio será necesario transcribir los deseos más profundos de sus dirigentes.Como beneficios del comercio virtuoso se encuentran cadenas de valor fortalecidas por buenos resultados; calidad; utilidad; satisfacción del cliente y prosperidad:

Ivonne Moreno Uscanga: CALAMORES O CUADROS EN SU TINTA

CALAMORES O CUADROS EN SU TINTA.... Ivonne Moreno Uscanga Pintar o escribir, escribir o pintar...pareciera disyuntiva de dramaturgia shakesperiana y sin embargo sucedió en Veracruz, al ritmo del mar, viento de palmeras, borrachas de tinta, ambas acciones realizan la confección de un gran abanico con imágenes de idiosincrasia de gente de la costa, de flora y fauna veracruzanas y harto sol... Así al conjuntar dos cosmos Mariana Pazos y Gabriel Fuster, una pintó, el otro escribió, se creó un discurso apetitoso, pues puede comerse con los ojos o penetrar a los oídos, cual música de arpa: do...re mi...fa ... Literatura y pintura se estrechan para permanecer en un abrazo de recuerdo. Este recuerdo puede ser de júbilo o tal vez de despedida, pero al fin como el acto de un cuento o de una película puede ser Un Largo Adiós... Mariana y Gabriel unen sus propuestas en un paralelo acorde a los tiempos: se debe innovar en la propuesta artística y la visión de dos puede de varia maneras acercar a los espectadores al quehacer plástico-narrativo, como cuando las olas a la orilla de la playa...traen caracoles, conchas o botellas con auxilio de náufragos... Homologándolo con la cocina de la región, ambos creadores primero pensaron en Cuadros en su Tinta y tras breve reflexión...el vínculo hiper- dimensionado del amor... hizo cambiar sus salsas de colores y acentos, para escribir un título sugestivo Calamores. En Calamores, los fantasmas de Gabriel y sus cuitas existenciales sin fin...se pegaron a las escenas alegres de Mariana Pazos. El primero grafía en aras de una corriente ultra-fantástica con visos de archi-tragedia urbana, la segunda reboza de vastedad, pues su la propuesta plástica , tiene la visión y la misión de la abundancia: para la pintora veracruzana, la intensidad de la vida se da en color mismo, y Gabriel se aferra a esta alegría, para sacar del baúl de su memoria...historias...cuentos e historias... Calamores viste hoy a Casa Principal de signos a través de la pluma de Gabriel Fuster y de alegorías por medio del trabajo de Mariana. Pazos- Fuster, Fuster –Pazos, es un platillo de cualquier tiempo dentro del menú culinario artístico veracruzano.

jueves 3 de diciembre de 2009

SUSAN SONTAG: El tigre está en la Biblioteca

SUSAN SONTAG EL TIGRE ESTÁ EN LA BIBLIOTECA Carta a Jorge Luis Borges 12 de junio de 1996 Querido Borges: Dado que siempre colocaron a su literatura bajo el signo de la eternidad, no parece demasiado extraño dirigirle una carta. (Borges, son diez años.) Si alguna vez un contemporáneo parecía destinado a la inmortalidad literaria, ese era usted. Usted era en gran medida el producto de su tiempo, de su cultura y, sin embargo, sabía cómo trascender su tiempo, su cultura, de un modo que resulta bastante mágico. Esto tenía algo que ver con la apertura y la generosidad de su atención. Era el menos egocéntrico, el más transparente de los escritores... así como el más artístico. También tenía algo que ver con una pureza natural de espíritu. Aunque vivió entre nosotros durante un tiempo bastante prolongado, perfeccionó las prácticas de fastidio e indiferencia que también lo convirtieron en un experto viajero mental hacia otras eras. Tenía un sentido del tiempo diferente al de los demás. Las ideas comunes de pasado, presente y futuro parecían banales bajo su mirada. A usted le gustaba decir que cada momento del tiempo contiene el pasado y el futuro, citando (según recuerdo) al poeta Browning, que escribió algo así como "el presente es el instante en el cual el futuro se derrumba en el pasado". Eso, por supuesto, formaba parte de su modestia: su gusto por encontrar sus ideas en las ideas de otros escritores. Esa modestia era parte de la seguridad de su presencia. Usted era un descubridor de nuevas alegrías. Un pesimismo tan profundo, tan sereno como el suyo no necesitaba ser indignante. Más bien, tenía que ser inventivo... y usted era, por sobre todo, inventivo. La serenidad y la trascendencia del ser que usted encontró son, para mí, ejemplares. Usted demostró de qué manera no es necesario ser infeliz, aunque uno pueda ser completamente perspicaz y esclarecido sobre lo terrible que es todo. En alguna parte usted dijo que un escritor –delicadamente agregó: todas las personas– debe pensar que cualquier cosa que le suceda es un recurso. (Estaba hablando de su ceguera.) Usted fue un gran recurso para otros escritores. En 1982 –es decir, cuatro años antes de morir (Borges, son diez años)– dije en una entrevista: "Hoy no existe ningún otro escritor viviente que importe más a otros escritores que Borges. Muchos dirían que es el más grande escritor viviente... Muy pocos escritores de hoy no aprendieron de él o lo imitaron". Eso sigue siendo así. Todavía seguimos aprendiendo de usted. Todavía lo seguimos imitando. Usted le ofreció a la gente nuevas maneras de imaginar, al mismo tiempo que proclamaba, una y otra vez, nuestra deuda con el pasado, por sobre todo con la literatura. Usted dijo que le debemos a la literatura prácticamente todo lo que somos y lo que fuimos. Si los libros desaparecen, desaparecerá la historia y también los seres humanos. Estoy segura de que tiene razón. Los libros no son sólo la suma arbitraria de nuestros sueños y de nuestra memoria. También nos dan el modelo de la autotrascendencia. Algunos piensan que la lectura es sólo una manera de escapar: un escape del mundo diario "real" a uno imaginario, el mundo de los libros. Los libros son mucho más. Lamento tener que decirle que la suerte del libro nunca estuvo en igual decadencia. Son cada vez más los que se zambullen en el gran proyecto contemporáneo de destruir las condiciones que hacen la lectura posible, de repudiar el libro y sus efectos. Ya no está uno tirado en la cama o sentado en un rincón tranquilo de una biblioteca, dando vuelta lentamente las páginas bajo la luz de una lámpara. Pronto, nos dicen, llamaremos en "pantallas-libros" cualquier "texto" a pedido, y se podrá cambiar su apariencia, formular preguntas, "interactuar" con ese texto. Cuando los libros se conviertan en "textos" con los que "interactuaremos" según los criterios de utilidad, la palabra escrita se habrá convertido simplemente en otro aspecto de nuestra realidad televisiva regida por la publicidad. Este es el glorioso futuro que se está creando –y que nos prometen– como algo más "democrático". Por supuesto, usted y yo sabemos, eso no significa nada menos que la muerte de la introspección... y del libro. Por esos tiempos no habrá necesidad de una gran conflagración. Los bárbaros no tienen que quemar los libros. El tigre está en la biblioteca. Querido Borges, por favor entienda que no me da placer quejarme. Pero, ¿a quién podrían estar mejor dirigidas estas quejas sobre el destino de los libros –de la lectura en sí– que a usted? (Borges, son diez años.) Todo lo que quiero decir es que lo extrañamos. Yo lo extraño. Usted sigue marcando una diferencia. Estamos entrando en una era extraña, el siglo XXI. Pondrá a prueba el alma de maneras inéditas. Pero, le prometo, algunos de nosotros no vamos a abandonar la Gran Biblioteca. Y usted seguirá siendo nuestro modelo y nuestro héroe Traducción: Claudia Martínez

Artículo: LA INTERNET COMO ADICCIÓN

China podría convertirse próximamente en el primer país del mundo en reconocer la adicción a Internet como un trastorno clínico equiparable al alcoholismo o la adicción al juego. En Estados Unidos, la American Medical Association (AMA, por sus siglas en inglés) estudió el año pasado la posibilidad de reconocer oficialmente este desorden, pero finalmente declinó la posibilidad y recomendó continuar con las investigaciones. Ahora el Ministerio de Sanidad de China, tras estudiar el comportamiento de 3.000 personas durante los últimos cuatro años podría liderar las investigaciones mundiales si la Organización Mundial de la Salud acepta reconocer la adicción a Internet como un desorden clínico. En junio de 2007, la American Medical Association se planteó la posibilidad de registrar el Internet Addiction Disorder (Transtorno de Adicción a Internet, literalmente) en el Manual de Diagnóstico y Estadística de Desórdenes Mentales (DMS, por sus siglas en inglés)el catálogo estándar de enfermedades mentales en Estados Unidos. Sin embargo, finalmente se rechazó instar a la American Psychiatric Association a reconocer oficialmente dicho desorden en la edición de 2012 del DSM y recomendó que continuaran las investigaciones. Ahora, China podría convertirse en el primer país del mundo que clasifica la adicción a Internet como un trastorno clínico y planea convertirse en líder mundial en el estudio de dicho desorden registrándolo e instando a hacer lo propio a la Organización Mundial de la Salud. Según informaciones del diario británico 'The Times' recogidas por otr/press, el Ministerio de Sanidad espera poder publicar un nuevo manual sobre la adicción a Internet el año que viene, basándose en las investigaciones de psicólogos chinos. "China se encuentra en la primera línea de esta investigación porque fuimos de los primeros en abrir clínicas... tenemos una muestra suficiente de pacientes por lo que podemos llevar a cabo nuestros análisis científicos adecuadamente", explica Tao Ran, responsable de la apertura de la primera clínica de adictos a Internet en Pekín. Si finalmente este desorden psicológico adquiere carácter oficial, la adicción a Internet será comparable al alcoholismo o a la ludopatía.
MÁS DE SEIS HORAS DIARIAS
Según Ran, en los últimos cuatro años se ha estudiado el comportamiento de más de 3.000 personas, sobre una población de usuarios de Internet de 253 millones. El investigador comparó los datos y conclusiones de su estudio con las que manejan en Estados Unidos y determinó que un adicto a Internet pasa 6,13 horas navegando al día. Así, según los estudios de Tao Ran, cerca del 10 por ciento de los usuarios jóvenes de Internet sufren de adicción y, de ellos, el 70 por ciento son varones. InterActiveCorp publicó un estudio, según el cual el 42 por ciento de los jóvenes chinos se sienten adictos a Internet, frente al 18 por ciento de jóvenes estadounidenses que se definían de la misma forma. Según el doctor Tao, la condición de adicto a Internet responde normalmente a problemas psicológicos más profundos que se agravan con este desorden. Así, antes de descubrir Internet, ya presentaban adicción a las drogas, principios de criminalidad o incluso tendencias suicidas. La clínica del Doctor Ran ha tratado a pacientes que sufren depresiones, miedo, falta de sociabilidad o desórdenes del sueño. La mayoría de ellos deja de comunicarse con sus familiares más cercanos y pasan el día frente a un ordenador, saltando de un chat a otro o jugando a juegos online. Sin embargo, a diferencia de las drogas, Internet no crea dependencia, señala el científico, que asegura que con sus terapias ha tenido éxito con el 70 por ciento de los pacientes a los que ha tratado.

Cristina Caballero: SILENCIO

SILENCIO
Muda muda muda yo con esta soga de lamento ausente un árbol sus raíces en el aire aprietan rocas enmohecidas olor de almizcle estertor de nubes alojado en una caja de quimera ¿qué ocultaba lo Sin Nombre? ¿dónde está su Dueño? se cosecha como siempre hay el agua del acuario un fuego late en la voz de los poetas surgen fáciles desvelos esta mano temblorosa que no dice que no puede tinta oscura uno niebla soledad gemido algo vibra en el teléfono cuando mi hermano llama ¿cómo? ¿que ha pasado? la historia contada por fragmentos no puede remover la fina capa de ceguera no lo veo su escorzo piel intacta tronco seco arde dentro dorado y carmesí bajo su sombra fuimos la tarde pasa hace muchos días que duermo y me despierto y algo el vacío me saluda ya no existe ya no puede en su sillón mecerse desde su montaña ver tan lejos y guardar todo su amor o ninguno porque no podía como yo como yo ¿o aún tengo esperanza? HALLOWEEN Camino a casa calabazas de barro me sonríen con sus ojos huecos con sus dientes de espanto festejo el día con mi amiga y con su esposo hay tanto ruido en ese bar piñas coladas refresco de dieta mi hermano deja un mensaje imberbe cazador busca plata en el viejo río que se seca sigue en esa casa mi hermana no quiere volver es la infancia Navidad y nuestra madre yo a salvo en esta gran ciudad a salvo del dolor de la nostalgia de todo lo que creí un día que era mío a salvo sí enmudecida pienso en volver en volver el Cortejo saldrá a danzar muy pronto en el filo de esa noche la más larga si con él te cruzas no dejes que te vea no lo dejes escóndete hermano amigo escóndete tú al que aún no encuentro ocúltate por unas horas y que pase que amanezca nuestro aroma que amanezca y estemos aún sobre esta Tierra

Fátima Garrido: PINTEMOS CON UNA TINTA AZUL

(Fátima es hija de nuestros queridos amigos y poetas Jesús Garrido y Mary Carmen Gerardo; parece cierto que las imágenes y capacidad de asombro de sus padres, persiguen a la autora de este poema que ahora presentamos de su autoría) Pintemos con una tinta azul por Fátima Garrido La tinta azul nos despierta la tinta azul nos alegra pero no recibimos nada pues nunca nos cansamos de ésta. Tu espuma es un milagro yo no te hago caso pues si tu fueras un astro te pintarían hasta el cansancio Nadie te hace caso tanto que te hacen daño pero algunos hacen caso y te siguen pintando

Martha Durazzo: ESPERANZA

ESPERANZA Al Centro Metafísico de Tolome, Ver. Barrunta el viento sobre la zona del Totonacapan… Las nubes impiden el paso de los rayos del Sol; sobre lo oscuro del paisaje resaltan, como miles de soles, las naranjas… Más allá se vislumbra el Centro Ceremonial del Tajín, tierra del señor del Trueno…
Aprecio el paisaje en un alto que hago… La ventisca cambia su ruta y levanta los pliegues de mi falda, cuyo vuelo, rápido detengo. -Ojalá que el señor del Trueno me deje llegar sin las resonancias de su orquesta y el acompañamiento del agua. Continúo mi marcha y noto que, pese a lo empinado de la cuesta, comienza a cambiarme el ánimo, ensombrecido, que me acompañaba y recobro el deseo de vivir. Se vuelve a levantar mi falda y, convencida de la soledad del entorno, dejo que el viento juegue con ella, tal cual hace con las flores, que se balancean, sin más… Veo el reloj y compruebo que dispongo de tiempo para admirar el paso de las nubes que parecen presurosas por llegar… -¿A dónde van viajeras incansables, libres de maletas, señoras sin fronteras? ¿Al mar? ¿A sentarse en Perote, Acajete o La Esperanza? ¿Irán a Machu Pichu, Keops o la Acrópolis? Con un giro quisiera elevarme, viajar en ellas y deslizarme, desde una escalera, torrente de agua, sobre el Partenón para mirar el atardecer y luego regresar a casa. Un rayo cae sobre una montaña vecina; vuelvo a mirar la carátula del reloj… Comienza a brisar… Recomienzo a caminar… -He de llegar. Distingo la casa; el humo de la leña es una columna que indica mi ruta… Descalzo mis pies y aspiro el aroma a tierra mojada; unos pasos más y llego… Toco, me abren la puerta Rosita y Aura con sus rostros como de Sol amaneciendo y el arco iris de los listones de sus trenzas coronando sus cabezas… Nos abrazamos; saco del bolso los chocolates que traigo para ellas y pregunto por su mamá, la chamán, mi maestra Esperanza. Aura, en voz queda, comienza a comentarme: -Está con Don Ernesto, el esposo de Merieth. ¿Lo recuerdas? -Sí, primero la regañaba porque venía a curarse y luego, porque venía a aprender. -En estos meses que anduviste de viaje fue perdiendo el movimiento de las piernas; Merieth le dijo que viniera y no quiso; lo llevaron a varias ciudades y médicos; en lugar de mejorar, empeoró hasta necesitar usar silla de ruedas. Un día le dijo a Merieth que bastaba de peregrinar y regresaron…Tiempo después le recordó a Don Ernesto que aquí, muchos encuentran el alivio a sus males… -¡No creo en esas brujerías! -Es herbolaria, ciencia de los ancestros y metafísica. -¡Patrañas! -Viste cómo me curaron y algo he aprendido, pero sin tu autorización, imposible ayudarte. -¡Deja de insistir! -Difícil hacerlo. Te amo y veo que sufres. Sé que lo tuyo tiene remedio. -¿Lo sabes? -Sé. -¿Cómo lo sabes? -He aprendido. -¿Qué has aprendido? -Lo necesario para pronunciar lo que expreso. Rosita continúa narrándome, en tanto Aura enciende un copal. -Tres días después le pidió a Merieth venir. Sigo oyendo… Ahora Rosita hace una pausa para levantarse e ir a encender una veladora a la Virgen de Guadalupe… En medio de nuestro silencio, recuerdo el mal que me comenzó en el segundo mes de mi viaje y por el cual me desahuciaron… Ellas regresan a sentarse y Rosita continúa: -Ya en el Recinto Don Ernesto, mamá pidió que Conchita y Carmen, las videntes, miraran lo que tenía; ellas fueron diciendo: -Tres brujos colocaron un triángulo de sombras sobre él. -Ataron sus pies y piernas. -Colocaron una espina en su columna vertebral. -Apretaron su frente con un lienzo negro; debe dolerle seguido la cabeza. -Pusieron una venda en sus ojos para que no viera el camino y la verdad. -Como consecuencia, incluso, algunas veces se le empaña la vista. -Escribieron en su mente el nombre de una mujer… Hay una herida que, desde la infancia, lacera su corazón, nunca lo ha dicho y no ha podido perdonar; eso provocó que el trabajo cobrara mayor fuerza. Recuperará el movimiento de sus piernas, sanará su vista, desaparecerán los dolores de cabeza y columna. El trabajo fue pedido por una mujer despechada –dijo mamá, quien con sus ojos cerrados, siguió mirando el pasado: -Veo una mujer; una secretaria que se enamoró o encaprichó de usted; una y otra vez se le insinúa y usted la ignora; ella fue y pagó por unas infusiones para vencer su voluntad; la veo poner gotas en las tazas de café que le llevaba; usted empezó a sentirse atraído por ella, pero aunque comenzó a distanciarse de Merieth y sus hijos, su fuerza de voluntad y el recíproco amor, pudo más y se apartó de aquella mujer; ahora la veo ir a México, entra en un lugar y pide que le hagan a usted un trabajo que primero lo dejó impotente, hoy inválido y lo ya dicho por mis hermanas. De manera recurrente piensa en ella. Usted sanará, pero necesito su ayuda. -Cierto es lo de aquella secretaria y los demás males que me aquejan, de los cuales, excepto la invalidez, nunca había hablado con nadie de ellos. Estoy impresionado y agradecido. Ofrezco una disculpa por mis dudas anteriores. ¿En qué puedo ayudar? -Vendrá siete veces más, siguiendo el tratamiento y perdonando. -Queda olvidado y perdonado; deseo el bien para el alma de esa mujer y mi salud. -Lamento tener que remover aquellas heridas de la infancia, ¿podrá perdonar a aquel ser que se las infirió? -Don Ernesto pareció cimbrarse; estuvo callado un rato y después dijo: -¿Usted sabe? -Nada que no quiera usted que sepa y que, libremente, quiera o no perdonar. -Don Ernesto cubrió con sus manos el rostro y comenzó a llorar antes de hablar: -Parece que veo aquella casa… La vergüenza, miedo, el temor que mi padre matara a mi padrino, el amor por mi madrina y mi madre, me silenciaron. -Volvió a llorar. Nosotras rezando para que lograra sacar aquello que tanto le había herido… Siguió contando: -Era la única casa que no fuera la mía, en que mis padres me permitían dormir… Ellos no tenían hijos y mi madrina, que me quería mucho, pedía a mis papás que me mandaran en las vacaciones; para sentir mi madrina que, en aquella casa tan grande, no tuviera miedo, ponía una camita al pie de su cama. Mi madrina se tomaba su pastilla de dormir. Yo no podía dormir; cuando él calculaba que ella dormía profundamente, se levantaba, alzaba mis cobijas… Sus rugosas manos tapaban mi boca, me amenazaba, me quitaba el pantalón de mi pijama, la trusa y comenzaba a manosearme… Ponía su miembro en mi boca, luego me ponía de espaldas; yo apretaba las piernas, pero sólo era un niño… A Don Ernesto le brotaban, como un manantial, las lágrimas y volvió a callar. Nosotros seguíamos rezando. -Nunca le deseé un mal; sin saber lo que yo sufría, mi mamá y mi madrina siempre hablaban de amor, de perdón. Yo noche a noche, durante mis vacaciones, viví aquel terror nocturno. Hasta que me hice adolescente mi madrina aceptó que durmiera en otra habitación. No concluyó mi terror. Mi madrina me pedía que, para mi mayor seguridad, no pusiera el pasador y dejara la puerta entreabierta, por si yo sentía miedo, ella alcanzara a oírme si la llamaba. Noche a noche me mantenía despierto la pesadilla de que aquel hombre pudiera levantarse y entrar al cuarto. Cuando el sueño me vencía, el más ligero ruido, me despertaba; un sudor frío recorría mi frente; quería gritar y suplicar ayuda; fueron alaridos de dolor atrapados en mi garganta. Cuando aquel hombre envejeció y agravó, oí que el cura al salir de su habitación, donde lo había confesado, dijo a mi madrina: -“Hizo una confesión tan buena y completa que irá directo con Dios al cielo”. -Entonces experimenté un infierno y lo odié, y deseé que se largara un rato al purgatorio por aquello que me había hecho y quizá hubiera hecho a otros… Al paso del tiempo, creí haber perdonado; entendí que la misericordia de Dios es infinita y su perdón es alcanzable por todos aquellos que lo solicitan… Aún por las noches me llego a sobresaltar; no soporto dormir sin cubrirme, ver descubierta de sus sábanas a Merieth o nuestros hijos, algunas veces, sin saber exactamente por qué, llamo a mi madre. Tuvo tantas repercusiones en mi vida. Merieth jamás entendió algunas cosas, ni yo le expliqué. Jamás le dije a nadie. Sólo callé y en el fondo, me volví un solitario… Solo, con mi dolor… Me hice desconfiado; mis padres que tanto me amaban eran quienes me mandaban a aquél lugar donde vivían un ángel, mi madrina y un demonio, aquel hombre. -Don Ernesto entró en una crisis de dolor; su corazón se debatía entre su natural bondad, amor y capacidad de perdón y las heridas; dudaba de su capacidad de olvidar porque el resentimiento luchaba por no abandonar el espacio que había ocupado; lloraba también porque pensaba que sin querer, por aquello, había hecho sufrir a los que amaba, su familia, amigos, compañeros; él permanecía a la defensiva y le costaba distinguir el cariño, las intenciones, el sentido de algunas palabras y actitudes; todo esto nosotros, como tú sabes, lo íbamos viendo, como la gente ve una película, y oyendo su voz interna, en el debate de su conciencia… Seguíamos invocando el auxilio divino; entonces él recordó aquello que pronunció Jesús en el Padre Nuestro: “Perdona nuestras ofensas, como nosotros también perdonamos a los que nos ofenden” y prorrumpió en llanto y vimos cómo aquél resentimiento iba saliendo de su corazón, hasta quedar radiante; entonces Pola, Rosendo y José entraron trayendo más luz y ollas con agua hirviendo con las hierbas para que sus emanaciones ayudaran a sanarlo; con cuidado le pasamos a la cama donde, por primera vez, desde su niñez, tuvo un sueño tranquilo, reparador; nos relevamos para orar y curarlo; despertó y comenzaron los desalojos y tratamientos con baños y flores… Puntual ha venido las siete veces, que hoy concluyen, durante las cuales fue mejorando y hoy que te pedimos trajeras las rosas blancas, lo verás… Se abre la puerta y sale caminando Don Ernesto; nos saluda y le vemos partir… Yo miro al interior de aquella habitación en que están Esperanza y mis amigos, entro y entrego las rosas… Abrazo a mis compañeros y ya no dudo que libré aquella enfermedad por la que me desahuciaron… Aprendí a perdonar y olvidar.
Boca del Río, Ver. Octubre 16 de 2007.
Nota: Texto publicado en el libro "Narrativa en Miscelánea III", UNAM.

María B. POEMAS

MARTHA B. El Silencio
El silencio es el lamento que dejaste en tu partida, El recuerdo de tu ausencia estrangulando mis días, Es la pérdida gritando el anhelo empedernida, Es tu sombra arrebatando la coherencia que aún tenía. El silencio es tu legado, Tu venganza más discreta, La utopía de tu despecho desgarrando mi conciencia. ..................................................................................... Y sí solo es… Y sí solo es río, Un cauce truncado sin salida al mar, Sueños asfixiados que no se cumplirán Tal vez solo es lluvia, Gotas estancadas que jamás se beberán, El vestigio de un anhelo imposible de pintar Dicen que es solo un murmullo, Ecos perdidos en la inmensidad del mar, Rumores que con las olas algún día se perderán, Dicen que solo se encuentra en la mirada de aquellos que parecen delirar, Un preludio alguna vez escuchamos, Y por el resto nos desbocamos en el tropiezo de quererla alcanzar. .............................................................................................
Delirios
Dónde el susurro calla y se transforma en grito, Dónde el sonido es sordo y no busca testigos, Allí se mece mi alma, entre el sueño y el olvido, Allí baila distante, allí retoca el hastío Se va hilvanando deseos, recuerdos, vestigios Les va añadiendo ilusiones, vapores dormidos Es un palacio secreto, la espalda al vacío, Es imposible entreverlo, adivinar los delirios

jueves 17 de septiembre de 2009

Genaro Aguirre Aguilar: Sobre la obra de Manuel Salinas

Lo propio y extraño en la obra de Manuel Salinas La ciudad es, pero también se decide qué hacer para poder ser. La ciudad es la planeada, pero también la vivida, sentida, recreada o nombrada. He aquí un acto de interpelación que deviene reinvención cuando sus habitantes definen una agenda que termina por desdibujar lo institucional para explorar en lo simbólico. Del ordenamiento citadino oficial pasamos al entramado redefinido por los habitantes en su calidad de usuarios y viandantes, dando paso a la emergencia de una configuración mundo donde los actos, las miradas, los gustos, los cuerpos; las marcas, los signos, los nodos, son dispositivos estratégicos en la configuración de esa otra ciudad, la habitada, la nombrada, la reinventada; la propia como la extraña, la nuestra y la de otros, esa misma que se construye en la suma de lo efímero o en las tantas representaciones de las experiencias humanas, por lo que de la ciudad singular trasmutamos a la plural y diversa. No son pocas las experiencias lúdicas e informales que han terminado por incidir en el desarrollo de proyectos artístico de diverso cuño: corrientes pictóricas, incluso posturas conceptuales que han podido culminar en reformas al pensamiento o al propio orden social; ni qué decir del vagabundeo o las andanzas como ejercicio de exploración, reconocimiento y registro del acontecer diario que terminan en montajes escénicos o fílmicos. Un poco en ese sentido pudiera ser la (a)puesta fotográfica de Manuel Salinas Arellano, quien bajo el nombre “Lo propio y extraño” busca recuperar parte de los 27 años de su incesante trabajo fotográfico, un artista que ha alcanzado no sólo una madurez visual sino también conceptual como producto de una biografía multirreferenciada que ha pasado por lo académico, la producción audiovisual, la investigación y el arte. Si existe la posibilidad de detener el tiempo, de manipular los instantes, de dejarse llevar por un aprendizaje que ha encontrado entre la emoción y la mirada disciplinada una forma de expresarse o representa lo cotidiano, la síntesis de ello pudiera hallarse en la obra de quien reconoce ha hecho de la fotografía la ocasión para aspirar al conocimiento; para tender puentes entre la razón y lo que se revela diariamente, sacudiendo las estructuras formales de la vida social urbana para dialogar con ese imaginario colectivo que nos conduce por las posibilidades de una identidad comunitaria. Sin descontar que se está ante una obra de quien por igual ha aprendido a sortear los avatares de la vida para que sea su arte una alternativa en el entendimiento de otras miradas, otros cuerpos, otros proyectos; de ese otro mundo donde personajes, roles trastocan espacios y lugares urbanos para redefinir el sentido del estar y ser en la ciudad de Veracruz. Tal cual lo propone el colombiano Armando Silva, en el trabajo del ex docente universitario, podemos reconocer una suerte de cartografía citadina que reorganiza desde las periferias y los otros escenarios de enunciación urbana, no sólo lo que la ciudad es sino la que podemos sentir cuando nos asomamos a los intersticios de una cotidianidad que se fragmenta en los oficios o las costumbres de esos otros actores, en la liquidez de los momentos de todos aquellos otros regularmente ausentes en la retórica de planeación institucional urbana, política o cultural. Entre “lo propio y extraño”, Manuel Salinas ubica su mirada sobre aquello que considera oportuno, urgente, común, cotidiano; aspectos sobre los que reflexiona y decide dejar para la posteridad. Si bien una mirada artística que ha madurado con el tiempo (esto se aprecia en la disposición del plano, el punto de enfoque, la textura, el objeto y sus temas), el fotógrafo sabe lo importante que es reconocer la oportunidad, como también cuando es necesario planear y organizar la puesta en escena (quizá algo que reste aliento a los estados naturales de lo cotidiano, pero eso es lo que también importa y vale en el arte mismo); algo propio de quien entiende el oficio de la mira y el sentido para conjugar la técnica con una perspectiva conceptual. Punto y a parte es la manipulación que sobre su obra realiza Salinas, quien con la incorporación de la tecnología digital tiene un dispositivo que facilita re-visitar las realidades capturadas con su cámara fotográfica, logrando texturas, matices capaces de trastocar lo mundano para dar paso a paraísos que posibilitan explorar en otros universos de representación visual. Los periodos que comprende esta exposición abierta desde el pasado 8 de septiembre en la sala de exhibición de Las Atarazanas, no sólo son un testimonio visual, también tomas de postura frente a la cotidianidad veracruzana, esa que transcurre lenta pero continua, que de no ser por la magia y el oficio fotográfico, tendríamos memoria pero no ese registro visual que le da un toque de nostalgia apresurada ante lo efímero de un presente que suele escurrirse entre el futuro y el instante de lo que se nos ha ido.

Gabriel Fuster: "Mas si osare un extraño enemigo

MÁS SI OSARE UN EXTRAÑO ENEMIGO En el segundo día de lucha contra el despreciable personaje que llegó para habitar mi cuerpo inerme, el sórdido inquilino que se hace llamar Roberto Luis Estévez por sistema y matemática ciencia guerrera, toda la pólvora azul que estalla mi inteligencia en altozano, la quedan cubriendo lluvia y vientos cruzados en la blasfemia y se me ordena matar a una persona por primera vez. A decir verdad, el intruso apareció sin sorpresa, como continuación de lo leído en la cartilla militar. Sin embargo, le llevó un día entero a Roberto Luis, con redobles de tambor y gran cigarro, el tomar total control sobre mi respuestas motrices. Yo, frontera limitada por dos brazos cruzados, quiero yacer enterrado en mi habitación con honores y entra el forastero en su carro de psicotrópicos para coronarlo en la ocupación igual que se alzan las fichas de su juego de damas, pero nunca sospeché que un rumor tan venido de lejos quisiera encaminar mis zapatos ocupados al territorio del homicidio. La guerra llegó entonces, porque a juzgar por lo que yo recuerdo, la metralla entre los libros me dejó los años malheridos y me brotó del corazón este himno sobre las charcas de ojos exprimidos en las calles, vibrando con medidas ondas concéntricas al paso pesado del nuevo soldado, y me rehusé. No sirvió de nada, por supuesto, porque Roberto Luis era más fuerte y peligroso, desencadenado asedio a partir que se durmieron torres espinosas bajo el mismo bostezo del guardián de mi envoltura terrestre y pedestre. Al momento de mi claudicación, yo lucía cansado, demasiado débil, harto de soportar mi enfermedad y llorar a mi yo ausente. El blanco en la mira era el hermano menor de mi madre, el tío Ciro. Si Roberto Luis hubiera ordenado cometer mi atentado en contra del Papa, o el Presidente de los Colores Unidos de América o cierta figura pública del ámbito deportivo o cultural, yo pude deferir mis respetos en un traje de luto durante la ejecución, pero ¿el tío Ciro? Un tipo con calvicie prematura a los sesenta y tantos años, un psicólogo atípico y llamando las cosas desaparecidas como las novias que le fueron espantadas por la abuela, debido al temor de perder un enfermero eficiente hasta los 102 años de vida que vivió. No puedo creerlo, ¿Por qué el incomodo inquilino dentro de mi cerebro querría a tal persona insignificante muerta? -¿No se te antoja borrarlo del planeta? –pregunta Roberto Luis, siempre que elevo mi inconformidad. -¿Quién? ¿El tío Ciro? No manches, ni siquiera en la dentadura tiene una corona – replico. -Precisamente, los dos grandes problemas de la humanidad son la sobrepoblación y la pobreza. La solución es matar a los pobres. Y el pobre tío Ciro es esplendido candidato dentro de estas tareas de limpieza. -Si quiero matar al tío Ciro, ¿Qué necesito? Ah, un matamoscas. Roberto Luis suelta una carcajada. Yo había aprendido a reconocer esa miserable carcajada, oída a mitad de la noche, cuando mantenía el equilibrio con mis piernas recostadas y puesta la atención a la programación para desvelados dentro del televisor, pero estando muy cerca de caer en el abismo de un profundo sueño, la terrible carcajada acaba uniéndose a la atmósfera como el látigo a la piel del caballo. Otra vez, un toque de escarnio que habría insultado la vena risueña de Rabelais. Roberto Luis suelta la carcajada y me hace burla. “¿Quién? ¿El tío Ciro? Sí, el tío Ciro, el mismo que te tuvo cercado con un oprobio inexistente y los azotes intermitentes de su cinturón, montando su propio acto probatorio de las teorías de Piaget. No me digas que no te importa esto, cabeza dura” -No me digas cabeza dura -Tienes que clavarle un flechazo al tío Ciro en el estómago. -Estás loco, no puedo hacer eso…¡No voy a hacerlo! -Claro que sí. Lo vas a hacer y lo vas a hacer correctamente, como todo un asesino a sueldo. La palabra suicida no es como muchos creen, el que mata a un suizo. No, un suicida sabe poner por encima de las mezquinas conductas antisociales, los supremos intereses personales. -A mí no me mires, la genética me ha jugado una mala pasada con los parientes distanciados. De haber tenido opción, no habría elegido a los abuelos perfectos. -Piénsalo bien, de cada diez personas que merecen morir por causas naturales…cinco son la mitad. Destellos de lógica deóntica diversifican mi pensamiento. En el fondo, tenía una desconfianza profunda frente a los tíos solterones, a los solitarios del Club del Sargento Pimienta. Incluso frente a la gente que se las sabe arreglar para vivir en la podrida, comprimida cámara secreta del retiro voluntario, celebrando al viajero inmóvil de Camus, pero cuando les da la gana tomar sus vacaciones del piso de autoservicio, piden asilo en una llamada, para terminar por oírlos orinar, en la obscuridad, en el fondo de la casa. Repentinamente, hallo la carta de despedida al cartero, escrita en diferentes épocas, donde las cosas son muy diferentes “a como las contó Ciro a los efesios”. El problema está contado en parte, pero también hay que imaginárselo. El ciclo de Ciro, porque el tío Ciro fue muchas cosas, o más bien, muchas personas, desde sus comienzos. Por ejemplo, el buen pariente bebía vino directamente de la botella, a vista y paciencia de las viejas películas caseras, para convertirse en el admirador de mi papá, a quién lo tomaba de los hombros, lo remecía y proclamaba a gritos: “Tienes una familia hermosa”. Y, a la vez, era el Doctor en Psicología que se olvidaba de las etapas de felicidad doméstica y tenía la manía de contradecir y pelearse con su cuñado sobre un asunto de dinero y poder, al punto de provocarle un episodio de esquizofrenia, donde éste cree que despierta una mañana en un lugar llamado simplemente La Villa y donde todos sus habitantes utilizan un prendedor con numeraciones romanas para facilitar el robo de identidad. Yo represento el número Seis, el tío Ciro es el número Dos y se parece al tío Ciro, excepto por las gafas de armazón negro de pasta, sin cristal, pero dotados con nariz de plástico sobre bigote postizo. Si escogemos a un tío Ciro en desmedro del otro, nos quedamos con una visión incompleta de su personalidad y en consecuencia, de su sentencia de muerte. El cartero llama dos veces, aunque nunca podrá competir con el repartidor de pizzas. Escena tercera, acto primero: El tío Ciro reza una novena en su cuarto. Aguarda un segundo y escucha que llaman a la puerta. No tiene un quinto. Quienquiera que sea el que toca, tendrá que esperar un buen rato a que el tío Ciro atienda el timbre eléctrico. Él padece un serio cuadro de artritis, además que era muy tarde para esperar visitas. La tonada tubular abarca una octava. Très bien. Yo me paro bajo la luz del farol y percibo las malas palabras en la ocupación de hablar solo, los torpes movimientos del tío Ciro observándome detrás de las persianas. Atónito, parpadea varias veces y logra reconocerme. Abre la puerta. -Hijo, no me avisaste que venías Yo recargo la caja de pizza contra su pecho y lo empujo al interior. -Traigo pizza -Suena bien. Cené opíparamente, pero creo que puedo comerme un octavo del radio elevado al coseno de la constante de su diámetro partido por pi y según la base de la raíz cuadrada de siete, sobre el tamaño de la pizza completa. ¿Tiene anchoas? -Aceitunas, pero al menos no tengo que pedirte que me aguantes los cubiertos. -Bueno, en algunos países es típico comerla a través de la oreja. Si no lo haces, se considera un insulto personal contra la madre de todos los comensales dentro de la habitación. Por cierto, ¿Cómo está tu madre? -Ella murió hace quince años El tío Ciro parpadea nuevamente. El dintel sobre la entrada luce un moño negro que recuerda el triste suceso y el hermano repara en el error -Es cierto, ¿Cómo pude olvidarlo? La mano cubierta de manchas de la edad cierra el pasador detrás mío. Yo camino a la sala de estar, iluminada por los vitrales empezando el crecimiento del pasillo. El tío Ciro me sigue a corta distancia. Él viste un atuendo solo visto en películas en blanco y negro, como Plan 9 del espacio exterior. Larga bata de dormir que adquiere un desespero como cortinas de ducha con el degeneramiento de su estructura ósea. Ambos nos miramos hasta la confianza permitida. La gota fría está en mi cara al empezar y me avergüenzo dentro del momento que levanta la murmuración: Esto es una locura. Basta imaginarlo con boina y bastón, para enaltecer sus arrugas. Es un viejo verde, desdentado. Ni siquiera capaz de recordar sus inclinaciones políticas, cuando eran tiempos mejores. ¿Cuál es el punto de todo esto? Y Roberto Luis Estévez responde: “No importa lo que recuerde. Tú recuerdas Oz al final del triste caminito de los adoquines amarillos y punto. Ahora, si te hace sentir mejor, dile que vienes a matarlo y sin permitir quejarse”. -¿Sabías que los aztecas migraron en pos de Salma y la perfomance de la serpiente? Obviamente, no me había visto en años y supone que ante una adivinanza tendrían que amarrarse nuestras vidas. En algún momento perdimos contacto, el de una agujeta que ya no vuelve a pasar para hacer el nudo y porque no lo quiso, no tuvo mi cariño. Mi respuesta es telepática: “Lo que sea, tío Ciro. Ahora veo las cosas del modo que un niño maltratado sufre de nombres cabales. Estoy buscándolo arrodillado bajo la mesa del comedor, en la ruta donde un sentimiento de culpa regresa al origen con las patas de las sillas. Y es que los chicos deben de tener su lugar, un lugar donde ellos sepan que pueden jugar, esconderse, ensuciar y romper durante el breve rodeo y ser felices escrutando su sexo con ayuda de un rompecabezas. Por supuesto, señores padres, es conveniente que este lugar no sea muy alejado de la luna y claramente dibujado con un dragón con plumas, pero no hay que asustarlos con seres que no existen. Llegado el caso, háblales de una perfomance con serpiente y guarda la imagen en monedas, banderas, sellos oficiales, en todos lados”. -Lo sé, desconocer los siete pecados capitales es como infringir el octavo –respondo. Enseguida brindo un pellizco por reproche de abuso y compadre. El tío Ciro retrocede al sofá, frotándose el brazo. Yo lo obligo por los hombros a sentarse y éste opone resistencia un momento, pero lo vence la pérdida de elasticidad muscular. Y como en los elementos sacerdotales de la física jónica, tomo el cojín de hule espuma y lo oprimo contra su rostro, haciendo un fugaz saludo. La asfixia llegó más rápido de lo que imaginé, pero en todo ese tiempo le suplicaba a Roberto Luis Estévez que se detuviera. Chilla el alma que participa y quiere empuñar la cerradura obturada, cuando del sótano viene un incendio a consolarla y borrar mis huellas en la escena del crimen. -Muy eficiente- Roberto Luis aplaude. ¿Qué hace un asesino para entretenerse? Pues, matar el tiempo. En el día cuatro de pelea contra el invasor apenas vislumbrado, una segunda muerte fue ordenada. El objetivo es una mujer que ni siquiera estoy seguro que todavía se mantenga disfrutando los dones de la vida. Yo la he nombrado boluda, porque ella nunca devolvió todas las pelotas que perdíamos al otro lado de la barda. Su nombre es Mariquita Linda y su casa retrocede ante un arreglo de ciento cuarenta y cuatro tejas y las va impulsando el exótico jardín que es una reminiscencia del Mahjong. Así que, apréndelo a jugar de una vez por todas. Dieciséis fichas de vientos fortalecen la ronda y soy más pequeño que un insecto. Repentinamente, me encuentro frente a la máquina del tiempo. No hay remedio, debo matar a la anciana recitando sus mantras a la dilatación de la ventana. -¿Por qué debo ser el uno ejecutor a sangre fría? –repito por milésima vez en un periodo de cuarenta y ocho horas. -Por ninguna razón en especial. Simplemente, veo las muertes que están entre nosotros desde ahora. Si usted no vio la misma película, no averiguará hasta el último minuto que el asesino misterioso es el mayordomo. La anciana abre la puerta, dejando claro que ha perdido a toda su servidumbre. -Busco trabajo –digo sin mayor preámbulo. -¿Sabe impermeabilizar techos, muchacho? -Puedo hacerlo -Mmm, creo que me vendría bien una serie de reparaciones en mi monotonía -Pablito clavó un clavito en la calva de un calvito… -¿Qué cosa? -Vamos, repita mis palabras -Mis palabras, mis palabras -No, ponga atención a lo que digo: ¡Jugar cascarita sobre una cáscara de plátano, duele! -¿Cascarita? En medio del porche, que en algunos países es llamado Logia, tenemos nuestro terrible secreto, conocido ya por todo el pueblo, pero que, de cualquier forma, habríamos que sepultar al final. -Oye, tú eres el mocoso que me estropeaba mis rosas con sus balones de caucho. -Baila para mí, vieja -Prefiero estar arrestada en Manchuria. -¡Maldita bruja, te dije que bailes! -¡Calla, despreciable perro sarnoso! ¡Eres tan estúpido y tan feo como tus juegos de pelota, primero debí adivinar que eras un vil ratero por tu mal aliento! ¡Te odio! No la escucho más. Tal paroxismo de rabia y politonalidad llevan mi hacha al juramento de niño explorador. Y la tajo en pedacitos para abonar su jardín. Ouch, fueron sus últimas palabras ante el frío cortante. Nuevamente, los esfuerzos corporales obligatorios para la defensa caen al fondo de una cubeta metálica. Las hormigas, con su minucioso divagar, descubren los sesos esparcidos que se deben a la tendencia de dejar la cordura por donde pasaba y van a perderse en una grieta en la losa. ¿Lo que siento es agrado? ¿Dejaré las sobras al forense? -Me gustó la parte donde tú acomodas su tentáculo mutilado al mango, para sugerir que era zurda –indica Roberto Luis, arriba del camión regresando de Pachuca, con varios kilos de exceso de equipaje. En el sexto día de batalla contra el extraño enemigo que osara profanar con suplantes mi aliento, se me ordenó matar otra vez. Y maté siete personas en un solo golpe, igual que aplastar la colilla de un cigarro. No obstante, el protocolo de los Derechos Humanos debe marcar la diferencia aquí entre masacre y acto terrorista, puesto que los muertos y heridos en el conteo consignado por escrito, todos debieron mezclar con oportunidad sus heces con sus preces o al menos haber insultado a la persona que los ataca. Otros signos vienen después, bajo hipnotismo. Roberto Luis Estévez pega fuerte y sabe pegar en los sitios que duelen. El aprendizaje de estas técnicas hizo que, en su día, me demorase mucho más de lo que había previsto para disparar al grupo sindical que se encontraban desplegando la bandera rojinegra afuera de la fábrica inalterable, y ver la repetición instantánea en televisión. Pum, pum. El tirador solitario es un programador de computadoras de 41 años y sin empleo, luego de ser despedido por acoso a una de sus colegas de nombre Lorena Herrera Fajardo, pero tan cuestionable el desliz como el olor de un pedo en público, cuando lo expeles y culpas a otro. Resentido por el cese, ya regresa a su lugar de trabajo con tremendo fusil de asalto automático para incursionar en una juerga asesina contra dos de sus colaboradores más cercanos, fallando en su intento de matar a la misma Lorena Herrera Fajardo. Notimex informa: Ex-trabajador de maquiladora fronteriza de tamalitos congelados regresa fuertemente armado y termina la huelga. Ay, incapaz de desobedecer una orden directa, no tengo idea si Roberto Luis Estévez era simplemente una alteración de la ira ciega, comúnmente llamado Síndrome Amok, o fuera una posesión demoniaca o un dybukk o un poltergeist o un alienígeno de la cuarta dimensión o un alma en pena que cobra valor cuando regresa un fantasma que los micrófonos logran captar o una vulgar alucinación por desequilibrio mental. Creo que he leído demasiadas novelas fantásticas, pero lo que sí puedo tener en claro que Roberto Luis llegó el preciso momento de mi ordalía laboral a pan y queso, susurrando el convite con que amanezco: “Aquí huele a huevo podrido”. Por otro lado, la nueva maldición y la nueva ciudad opacan a una de las masacres más famosas y alevosas, bautizada la matanza de San Valentín de 1929 en Chicago, donde Al Capone mandó a matar a un grupo de gangsters que no le dieron regalo. O la matanza de la noche de Tlatelolco, ya de 1521, ya de 1968, donde los ejércitos acabaron rendidos, pues matar a tanta gente desarmada es muy agotador, sobre todo si lo tienes que hacer a mano. En la guerra de una semana que llegaba su fin, Roberto Luis declara: Ahora es momento de matar a Lorena Herrera Fajardo. -¡Cállate ya! –grité con todas mis fuerzas Roberto Luis insiste en sus instrucciones, indica con ladridos que imitara a un perro de ataque y me fuera encima de ella, para que le mordiese el cuello y le llenara el pecho de sangre y saliva, lo que puede parecer parco. No lo es. Lorena resume, desde su nombre, largas tradiciones del gusto vulgar. Yo, por mi parte, soy una copia de la copia del guardián en el centeno. No tengo un diploma escolar que rece: “El señor fulano obtiene el grado de Licenciado en tal o cual rubro profesional y etcétera”. No tengo amigos colocados en puestos importantes del Gobierno o del Sector Empresarial. Nunca he salido del país ni tengo pasaporte. Las mujeres no experimentan un trastorno de celos por mí. No tengo patria, excepto nueve muertos. -La felicidad es un arma tibia, soldado -Quizás, señor. Al fin y al cabo la Sturmgewehr 44 la quiero para llevarla al terreno abierto y satisfacer mis deseos, los más obscuros, los más perversos. En cambio a Lorena la quiero para…¡Caramba, que coincidencia! -No la hagamos esperar A veces Jekyll, a veces Hyde, ambos desdoblamientos caminan a trancos por la oficina que no es suya. Lorena se esconde bajo un escritorio, teme una mala noticia. -Hola Lorena. Mi neurona está esperando abajo, en un taxi. Pero hágase un favor y marque el 066, para que manden todos los policías que tengan a hacerme los mandados. Aunque, sabes, preciosa, yo no estuve aquí… Lorena encuentra su boca negra para cantar nu-nu-NO, al sonoro rugir del cañón.

Cristina Caballero: SOMOS ÁNFORAS DONDE EL TIEMPO SE OCULTA

SOMOS ÁNFORAS DONDE SE OCULTA EL TIEMPO Hilar en la distancia los retratos enmohecidos esa flor palmira que crece en otra arena de dunas perpetra su sello con el agua piedra azul atrapada en mi clepsidra ¿seremos esos algún día? Lina no lo sabe como niña cabriolea horizontes más benignos siempre aguardan un muchacho azul todo se mantiene lejos de su abuela taciturna cana no seré yo no seré parece que ahora piensa otro amigo en la distancia un día hace eones nos fuimos de todos los caminos que pudieron encontrarnos rojo sílice macera mi dolor un hambre abrió su necio tumbo la tormenta afuera grita pero esta noche no deseo que se vaya transcurren los segundos mis amigas vuelven a ese puerto en la TAPO se reencuentran con Rosalba para algo dice Lupe la cita cumple aunque de ella hubiéramos huido el don de ubicuidad siempre nos acecha todas las palabras que un día no escuchamos ahora dicen su sonido estridente o suave marcan nuestra piel ¿la mía? que ahí ha estado que aún espera espera

Lourdes Franyuti: Intelecto contra Estética

INTELECTO VS. ESTETICA Paseando por la Feria del Libro en Xalapa y escogiendo entre diversos temas los libros de mi interés, abordé a un muchacho con el afán de preguntarle por el evento más esperado en la Feria: el encuentro con José Emilio Pacheco. Antes de contestarme, me revisó con la mirada y contestó con otra pregunta: “¿Para qué quieres ir?” No entendí el significado de su cuestionamiento. Al ver que no le respondía, insistió en su curiosidad. Volvió a hacerme la misma pregunta. Muy molesta le respondí que admiraba al escritor y quería conocerlo. Las palabras textuales de él fueron: “Una lectora burguesa pretende entrar a nuestro mundo”. La apariencia del individuo era desagradable. El cabello largo amarrado con una liga, barba, camiseta desteñida, pantalones de mezclilla y tenis sucios. Le pregunté por su mundo… ¿A qué círculo tan exclusivo pertenecía?. “Al mundo de los intelectuales, los únicos pensadores racionales que existimos”. Al conocer su respuesta un tanto pretenciosa, medité el término “intelectual”: Aquella persona que dedica una parte importante de su actividad vital al estudio y a la reflexión crítica sobre la realidad. Es muy respetable el libre actuar de estos grandes pensadores. Lo que le preguntaría al joven intelectual sería: “¿El intelecto está peleado con la estética?”. El ser intelectual no censura ni reprende una agradable apariencia. Puedo poner de ejemplo a Carlos Fuentes, Jorge Luis Borges, Thomas Mann o Mario Vargas Llosa, todos ellos han aportado a la Sociedad parte de su intelecto reflejado en sus obras; a ninguno se le ha visto despeinado, desarreglado o desarrapado. Si bien, el ser intelectual hace a una persona un ser pensante, la pregunta queda latente: ¿el requisito para entrar al mundo de los intelectuales es volvernos sucios o desaliñados?. Como humilde lectora, reconozco el mérito de todos aquéllos que han aportado su gran pensamiento a la Sociedad y de igual forma agradezco que nos lo transmitan a través de los libros, lo que sí repruebo es que se quiera homologar el término “intelectual” con “andrajoso”.

Iván Medina: El ósculo de Lilit

El ósculo de Lilit A P. T. .................."That human gore is not ..................my customary food. ..................The delight that I seek from .................. woman’s veins is frankly sexual”
................... Fred Saberhagen
Durante el beso pasional mis inquietas extremidades magreaban sobre cada una de las partes de ella. Repentinamente sentí un goce ardiente en el labio inferior, la temperatura se incrementó concentrándose en esa área magullada; por consiguiente la mucosa dejó derramar una sustancia salada y densa que velozmente recorrería a voluntad las encías, la dentadura y mi lengua entera. En ese instante advertí su placentera lengua fuerte como la de una serpiente que se entretenía sin cesar sobre la herida provocando una profusa irrigación. Entonces fue que a lapsos, su boca sedienta succionaba la cálida mezcla excedente entre saliva y sangre profiriendo jadeos resonantes. Debo confesar que el terrible ardor tras la mordida, imposible de ocultar, me hizo verter algunas lágrimas; pero la pura idea de yacer juntos me obligó a aguantar el penetrante dolor. Una vez que la débil exhalación matutina violó el sórdido interior de la tasca, sus jugosos y suaves labios se desunieron de los míos, y sorprendido pude observar su cara extasiada con las pupilas completamente en blanco, también miré a través de sus fauces un par de destacados columelares entintados con un color rojo refulgente, por lo que espantado me aparté violentamente a una corta distancia de ella. Su rostro totalmente transformado, al recuperar su dulce naturalidad perdida, entreabrió la pequeña boca de un rosado pálido y sacó prontamente su insaciable lengua para lamer las comisuras marchitas y babeantes. Después, sin pronunciar palabra, me dirigió una penetrante mirada con unos ojos fríos que de un bello color verde turquesa, su iris se volvió de un tono bermejo opaco y carente de brillo. Colocó tiernamente sus dedos índice y medio en mis lastimados belfos haciéndome experimentar un estremecimiento glacial, e impidiéndome musitar alguna palabra, depositó en mis manos su gargantilla con una hermosa cruz de plata de la Orden de Santiago. Aquel mismo collar que tímidamente ladeado se refugió temeroso de la muchedumbre entre sus admirables senos de blancura azulada. Acto seguido, esa criatura pelirroja, grácil y embrujadora, me volvió la desnuda espalda y se marchó majestuosa. La perseguí con la vista absorto a través del estrecho corredor hasta verla abandonar el garito. Allí, desprovisto, aquel ser dionisiaco, nocturno y siniestro, me abandonó sin volver a saber de ella jamás. Después de aquel fatal incidente expuesto, a ti, estimado confidente, mis lentas jornadas trascurrían abrumadas por la remembranza de Lilit, y antes de concluir el mes, caí enfermo de un deterioro anímico acompañado por diversos síntomas: una intensa fatiga, fiebre, convulsiones y pesadillas angustiosas de seres rapaces cubiertos de pelo. No deseaba comer ningún tipo de alimento, ni beber siquiera líquidos, pero lo más extraño de los semejantes signos era que mi piel al hacer contacto con la luz solar era invadida inminentemente por lacerantes llagas. Lo único capaz de darme reposo durante mi convalecencia en esos momentos de trastorno en la cual estaba recluido, fueron exclusivamente los intrincados acordes de Massenet ejecutados con un poderío sublime por Anne – Sophie Mutter en su violín. Mi anciana madre preocupada por mi delicada vitalidad contrató los servicios permanentes de Paloma Toscana; una joven y encantadora estudiante de enfermería, para velar por mi salud. Ignoro cuántos días pasé con el referido malestar, pero pronto descubriría en la noche mi mejor refugio y junto a esa insólita revelación la intensa ansiedad interna hacia la carmínea fuerza de la vida. Fue durante una fresca noche de primavera en la cual gozaba de las tiernas atenciones de la enfermera que en consecuencia de un inapropiado manejo del bisturí, la filosa hoja metálica abrió su palma de la mano izquierda procurando un fino torrente sanguíneo de un llamativo matiz rubí, en aquel momento sin previa conciliación de mis sentidos y excitado por el estímulo inspirador del aroma de su estro, encontré impetuoso empuje y me arrojé a su lesión para absorber el líquido vital entregándome por completo a la voluntad del placer. Aún recuerdo sus irascibles reclamos pronunciados lindamente: -Espera..., espera. ¿Qué haces?, ¿Estás loco? ¿No sabes que desangras más de lo debido la incisión? Sordo a sus protestas ante peculiar deleite, su impulso fue separar la mano con brutalidad de mi boca y con la vista baja como dudando de mi reputación abandonó resuelta la alcoba. Ignoré su respuesta e inmediatamente después fui envuelto por un profundo estupor, me arrojé a la cama y dormí profundamente con la tranquilidad de un infante. Al siguiente día, inexplicablemente para mí y para la cándida enfermera, mis males habían desaparecido. Para ese entonces, dada mi repentina recuperación, mi mamá instaló en casa a la jovial Toscana para que continuara con su aprendizaje médico a cambio de sus cuidados. En cuanto a mí, volví con entusiasmo a retomar mis actividades académicas, sin embargo, transcurridas algunas semanas, similares indicios del mal se volvieron a apoderar de mí. Durante esa ocasión, en un anochecer particular de breves pero perturbadores ensueños, vi secuencias de imágenes confusas de sarcófagos exhumados por moradores de antiguas poblaciones abriendo los pechos de los difuntos con cruces similares a la que Lilit me entregara. Desperté intranquilo y sudando frío, e inconscientemente tomé la resplandeciente cruz soñada y me incorporé de la piltra como si debiera ir hacia algún lugar, y así fue. Sin saberlo inicié una marcha de forma mecánica y me dirigí sigilosamente al cuarto de la tierna Paloma, al que entre más me acercaba más podía escuchar la agitación de mi resuello. Al cruzar el umbral de su habitación, allí estaba acostada ella, sumida en un sueño dulce e inofensivo, vistiendo con una seda tan fina que no ocultaba en nada la figura encantadora de su cuerpo. Me arrodillé junto a ella tan cerca para colocar la gargantilla, símbolo de iniciación, y fue de tal modo que pude sentir su calor. En ese momento, totalmente complacido para poder mordisquear su aterciopelado cuello, largo y esbelto, aparté su sedoso cabello a lo que ella cedió inclinando sumisamente su cabeza tras un suspiro. El corazón de ella palpitaba vertiginosamente, lo que hizo destacar su vena yugular que no dejaba de pulsar. Turbado más voluptuosamente de lo debido, mis manos acariciaron sus formas bellas y de un sobresalto, obedeciendo al instinto del deseo profané su espíritu. Al afrentarla, ambos gemimos al penetrarla suavemente, poco después, chupé con paulatina concupiscencia y delicadeza un flujo puro y rebosante de vigor sólo para obtener lo necesario y sobrevivir; dejando así, un claro indicio de dos hoyuelos ensangrentados en la garganta y algunas gotitas tiñendo la albura del camisón como evidencia de aquella gozosa saciedad. BREVE AUTOBIOGRAFÍA de IVAN MEDINA Mexicano de nacimiento. Radico en la Ciudad de México y tengo 34 años. Nací el 29 de noviembre de 1974. Tengo una hija llamada Saskia Ivana. Estudié la carrera de Relaciones Internacionales y estoy trabajando para la Secretaría de Comunicaciones y Transportes como jefe del Departamento de Relaciones con América del Norte. Soy amante de las letras y es una de mis pasiones la creación de cuentos. Actualmente estoy tomando un Diplomado en Creación Literaria con la escritora mexicana Mónica Lavín.

martes 1 de septiembre de 2009

Daniel Eduardo Acevedo Ytuarte: INESTANCIA

I n e s t a n c i a La habitación es grande, la luz rosa de las lámparas produce un ambiente de cálida incertidumbre. Desde el sillón en que me descubro sentado, observo, miro, sin llegar a entender si acabo de despertar, o he estado ahí por mucho tiempo. Recorro el espacio con la mirada, veo que los muebles forrados de terciopelo con diseños en tonos verdes tienen un cierto dejo de antigüedad, percibo la cómoda con su plancha de mármol de Carrara, las porcelanas, y me detengo en la consola de madera labrada sobre la que descansan apilados varios retratos, avanzo, me desplazo, siento que todo tiene que ver conmigo, más no encuentro cómo. Las imágenes de las fotografías me son agradables y hasta pudiera decirse que despiertan en mí un lejano sentimiento de afecto, sin embargo pareciera que los rostros desaparecen dejando huecos blancos sobre los torsos o cuerpos. Avanzo entre los muebles con la familiaridad de quien es parte de esa estancia, llego a la ventana del fondo, separo la cortina y ante mí aparece un jardín que se antoja infinito entre la niebla, vuelvo la vista al interior de la estancia, que se ha vuelto más profunda y lejana. A pesar de ello la sensación de seguridad y comodidad persiste. La necesidad de encontrar a alguien a quien plantear todas las preguntas que se agolpan en mi cabeza me impulsa hacia la escalera. La abordo y alcanzo la segunda planta. Ante mi se abren cuatro habitaciones perfectamente arregladas. En una de ellas, el contraluz de la ventana recorta la silueta de una anciana sentada frente a ella. Mueve en sus manos un rosario, mientras un leve movimiento silencioso en sus labios sugiere que reza. Le hablo. No responde, tal vez no oye, no me ve o quizá con la edad ha perdido el sentido del oído. Hablo más fuerte, apenas voltea como si hubiera percibido un ruido lejano y sin notar mi presencia, vuelve a la posición inicial; tal vez no ve: pudiera ser que con la edad ha perdido el sentido de la vista y su mirada se cobija en sus recuerdos. La toco y no me siente, también ha perdido la percepción. Se levanta para dirigirse hacia el tocador de antigua luna francesa de cuerpo entero con repisas de mármol. Frente a él, toma un pequeño peine de concha nácar y lentamente peina sus blancos cabellos, se mira y una leve sonrisa modifica la línea de su boca de casi imperceptibles labios. La alcanzo y me sitúo detrás de ella, y con cierto nerviosismo busco mi reflejo en el espejo para reconocerme. Ante mi vista encuentro una imagen de infinita tristeza e intenso cansancio en la mirada, con rasgos derretidos por el tiempo y cabello cano. Un sonido que ahoga un grito se produce en mi garganta, no me reconozco, no me recuerdo de ese modo y algo en mi interior se resiste a aceptarlo, me digo que yo no puedo estar así. Entre tanto, la mujer gira y se dirige al piso inferior, perdiéndose en la curva de la escalera. Confundido, en un intento desesperado de hallar algo que me ubique, entro en otra de las habitaciones: es un dormitorio. A la entrada, un amplio closet contiene una gran cantidad de ropa: camisas, sweaters, zapatos, al lado una impresionante cantidad de corbatas de diversos colores y diseños cuelga semejando un despliegue de estandartes, en el tocador se alinean un sinnúmero de botellas de perfumes. Vuelvo la cabeza y descubro una gran cama, que como inmensa llanura me invita a adentrarme, perderme en ella, me aproximo, la toco, es mullida y confortable, el cansancio me agobia, debo dormir, tal vez todo sea sólo un sueño. Desde la pared, llama mi atención un texto que, enmarcado, grita un relato que habla de un amor trágico. Lo leo, tropezando con las palabras hasta llegar al final donde me detiene la firma; un nombre que provoca en mí una extraña sensación que no logro ubicar. Me pregunto: ¿será acaso el mío?

lunes 31 de agosto de 2009

Jesús Garrido: POEMAS

Poemas tomados del libro MENTIRAS SOBERANAS, Premio del Concurso Sergio Galindo para la publicación de obras. 2008 ORÁCULO El día se evapora en los labios de otros días dolor de agua el perfil de las horas Con el viento entre los brazos avanzan la palabra y sus dolientes Azar diluido la muerte y su constancia No es un augurio lo que vislumbran los ojos Apenas se cubre de arena el polvo Esto es revelado Antes que luz silencio Antes que llanto penumbras SIGNOS Bajo la frágil sospecha de mis manos el barro se entablilla y se subleva Alguien ajeno a mí a la escritura habrá de recoger siglos adelante fragmentos de tu cuerpo indescifrable cuerpo cuneiforme CAJA ESTENOPEICA La sombra que me sueña no puede erradicarse con reflejos aun cuando al paso de la luz sucedan las palabras Qué mundo se acentúa oscila y permanece en la instantánea voz del claroscuro humedad de papel arena y filtro Qué dolor de la memoria se fragmenta para callar a gritos la esencia de las cosas Porque no basta la luz ni su prestigio mitológico --su cuerno erecto en mitad de la frente— La luz bajo los párpados no es más que agua La sombra entre los sueños requiere tiempo.

Octavio Paz: Poesía y Poema

Poesía y poema
La poesía es conocimiento, salvación, poder, abandono. Operación capaz de cambiar al mundo, la actividad poética es revolucionaria por naturaleza; ejercicio espiritual, es un método de liberación interior. La poesía revela este mundo; crea otro. Pan de los elegidos; alimento maldito. Aisla; une. Invitación al viaje; regreso a la tierra natal. Inspiración, respiración, ejercicio muscular. Plegaria al vacío, diálogo con la ausencia: el tedio, la angustia y la desesperación la alimentan. Oración, letanía, epifanía, presencia. Exorcismo, conjuro, magia. Sublimación, compensación, condensación del inconsciente. Expresión histórica de razas, naciones, clases. Niega a la historia: en su seno se resuelven todos los conflictos objetivos y el hombre adquiere al fin conciencia de ser algo más que tránsito. Experiencia, sentimiento, emoción, intuición, pensamiento no dirigido. Hija del azar; fruto del cálculo. Arte de hablar en una forma superior; lenguaje primitivo. Obediencia a las reglas; creación de otras. Imitación de los antiguos, copia de lo real, copia de una copia de la idea. Locura, éxtasis, logos. Regreso a la infancia, coito, nostalgia del paraíso, del infierno, del limbo. Juego, trabajo, actividad ascética. Confesión. Experiencia innata. Visión, música, símbolo. Analogía: el poema es un caracol en donde resuena la música del mundo y metros y rimas no son sino correspondencias, ecos, de la armonía universal. Enseñanza, moral, ejemplo, revelación, danza, diálogo, monólogo. Voz del pueblo, lengua de los escogidos, palabra del solitario. Pura e impura, sagrada y maldita, popular y minoritaria, colectiva y personal, desnuda y vestida, hablada, pintada, escrita, ostenta todos los rostros pero hay quien afirma que no posee ninguno: el poema es una careta que oculta el vacío, ¡prueba hermosa de la superflua grandeza de toda obra humana! ¿Cómo no reconocer en cada una de estas fórmulas al poeta que la justifica y que al encarnarla le da vida? Expresiones de algo vivido y padecido, no tenemos más remedio que adherirnos a ellas —condenados a abandonar la primera por la segunda y a ésta por la siguiente. Su misma autenticidad muestra que la experiencia que justifica a cada uno de estos conceptos, los trasciende. Habrá, pues, que interrogar á los testimonios directos de la experiencia poética. La unidad de la poesía no puede ser asida sino a través del trato desnudo con el poema. Al preguntarle al poema por el ser de la poesía, ¿no confundimos arbitrariamente poesía y poema? Ya Aristóteles decía que «nada hay de común, excepto la métrica, entre Hornero y Empédocles; y por esto con justicia se llama poeta al primero y fisiólogo al segundo». Y así es: no todo poema —o para ser exactos: no toda obra construida bajo las leyes del metro— contiene poesía. Pero esas obras métricas ¿Son verdaderos poemas o artefactos artísticos, didácticos o retóricos? Un soneto no es un poema, sino una forma literaria, excepto cuando ese mecanismo retórico —estrofas, metros y rimas— ha sido tocado por la poesía. Hay máquinas de rimar pero no de poetizan Por otra parte, hay poesía sin poemas; paisajes, personas y hechos suelen ser poéticos: son poesía sin ser poemas. Pues bien, cuando la poesía se da como una condensación del azar o es una cristalización de poderes y circunstancias ajenos a la voluntad creadora del poeta, nos enfrentamos a lo poético. Cuando —pasivo o activo, despierto o sonámbulo— el poeta es el hilo conductor y transformador de la corriente poética, estamos en presencia de algo radicalmente distinto: una obra. Un poema es una obra. La poesía se polariza, se congrega y aisla en un producto humano: cuadro, canción, tragedia. Lo poético es poesía en estado amorfo; el poema es creación, poesía erguida. Sólo en el poema la poesía se aisla y revela plenamente. Es lícito preguntar al poema por el ser de la poesía si deja de concebirse a éste como una forma capaz de llenarse con cualquier contenido. El poema no es una forma literaria sino el lugar de encuentro entre la poesía y el hombre. Poema es un organismo verbal que contiene, suscita o emite poesía. Forma y substancia son lo mismo. Apenas desviamos los ojos de lo poético para fijarlos en el poema, nos asombra la multitud de formas que asume ese ser que pensábamos único. ¿Cómo asir la poesía si cada poema se ostenta como algo diferente e irreducible? La ciencia de la literatura pretende reducir a géneros la vertiginosa pluralidad del poema. Por su misma naturaleza, el intento padece una doble insuficiencia» Si reducimos la poesía a unas cuantas formas — épicas, líricas, dramáticas—, ¿qué haremos con las novelas, los poemas en prosa y esos libros extraños que se llaman Aurelia, Los cantos de Maldoror o Nadja? Si aceptamos todas las excepciones y las formas intermedias —decadentes, salvajes o proféticas— la clasificación se convierte en un catálogo infinito. Todas las actividades verbales» para no abandonar el ámbito del lenguaje, son susceptibles de cambiar de signo y transformarse en poema: desde la interjección hasta el discurso lógico. No es ésta la única limitación, ni la más grave, de las clasificaciones de la retórica. Clasificar no es entender. Y menos aún comprender. Como todas las clasificaciones, las nomenclaturas son útiles de trabajo. Pero son instrumentos que resultan inservibles en cuanto se les quiere emplear para tareas más sutiles que la mera ordenación externa. Gran parte de la crítica no consiste sino en esta ingenua y abusiva aplicación de las nomenclaturas tradicionales. Un reproche parecido debe hacerse a las otras disciplinas que utiliza la crítica, desde la estilística hasta el psicoanálisis. La primera pretende decirnos qué es un poema por el estudio de los hábitos verbales del poeta. El segundo, por la interpretación de sus símbolos. El método estilístico puede aplicarse lo mismo a Mallarmé que a una colección de versos de almanaque. Otro tanto sucede con las interpretaciones de los psicólogos, las biografías y demás estudios con que se intenta, y a veces se alcanza, explicarnos el porqué, el cómo y el para qué se escribió un poema. La retórica, la estilística, la sociología, la psicología y el resto de las disciplinas literarias son imprescindibles si queremos estudiar una obra, pero nada pueden decirnos acerca de su naturaleza última. La dispersión de la poesía en mil formas heterogéneas podría inclinarnos a construir un tipo ideal de poema. El resultado sería un monstruo o un fantasma. La poesía no es la suma de todos los poemas. Por sí misma, cada creación poética es una unidad autosuficiente. La parte es el todo. Cada poema es único, irreductible e irrepetible. Y así, uno se siente inclinado a coincidir con Ortega y Gasset: nada autoriza a señalar con el mismo nombre a objetos tan diversos como los sonetos de Quevedo, las fábulas de La Fontaine y el Cántico espiritual. Esta diversidad se ofrece, a primera vista, como hija de la historia. Cada lengua y cada nación engendran la poesía que el momento y su genio particular les dictan. Mas el criterio histórico no resuelve sino que multiplica los problemas. En el seno de cada período y de cada sociedad reina la misma diversidad: Nerval y Hugo son contemporáneos, como lo son Velázquez y Rubens, Valéry y Apollinaire. Si sólo por un abuso de lenguaje aplicamos el mismo nombre a los poemas védicos y al haikú japonés, ¿no será también un abuso utilizar el mismo sustantivo para designar a experiencias tan diversas como las de San Juan de la Cruz y su indirecto modelo profano; Garcilaso? La perspectiva histórica —consecuencia de nuestra fatal lejanía— nos lleva a uniformar paisajes ricos en antagonismos y contrastes. La distancia nos hace olvidar las diferencias que separan a Sófocles de Eurípides, a Tirso de Lope. Y esas diferencias no son el fruto de las variaciones históricas, sino de algo mucho más sutil e inapreciable: la persona humana. Así, no es tanto la ciencia histórica sino la biografía la que podría darnos la llave de la comprensión del poema. Y aquí interviene un nuevo obstáculo: dentro de la producción de cada poeta cada obra es también única, aislada e irreductible. La Galatea o El viaje del Parnaso no explican a Don Quijote de la Mancha; Ifigenia es algo substancialmente distinto del Fausto—, Fuenteovejuna, de La Dorotea. Cada obra tiene vida propia y las Églogas no son la Eneida. A veces, una obra niega a otra: el Prefacio a las nunca publicadas poesías de Lautréamont arroja una luz equívoca sobre Los cantos de Maldorar; Una temporada en el infierno proclama locura la alquimia del verbo de Las iluminaciones. La historia y la biografía nos pueden dar la tonalidad de un período o de una vida, dibujarnos las fronteras de una obra y describirnos desde el exterior la configuración de un estilo; también son capaces de esclarecernos el sentido general de una tendencia y hasta desentrañarnos el porqué y el cómo de un poema. Pero no pueden decirnos qué es un poema. La única nota común a todos los poemas consiste en que son obras, productos humanos, como los cuadros de los pintores y las sillas de los carpinteros. Ahora bien, los poemas son obras de una manera muy extraña: no hay entre uno y otro esa relación de filialidad que de modo tan palpable se da en los utensilios. Técnica y creación, útil y poema son realidades distintas. La técnica es procedimiento y vale en la medida de su eficacia, es decir, en la medida en que es un procedimiento susceptible de aplicación repetida: su valor dura hasta que surge un nuevo procedimiento. La técnica es repetición que se perfecciona o se degrada; es herencia y cambio: el fusil reemplaza al arco. La Eneida no sustituye a la Odisea. Cada poema es un objeto único, creado por una «técnica» que muere en el momento mismo de la creación. La llamada «técnica poética» no es transmisible, porque no está hecha de recetas sino de invenciones que sólo sirven a su creador. Es verdad que el estilo —entendido como manera común de un grupo de artistas o de una época— colinda con la técnica, tanto en el sentido de herencia y cambio cuanto en el de ser procedimiento colectivo. El estilo es el punto de partida de todo intento creador; y por eso mismo, todo artista aspira a trascender ese estilo comunal o histórico. Cuando un poeta adquiere un estilo, una manera, deja de ser poeta y se convierte en constructor de artefactos literarios. Llamar a Góngora poeta barroco puede ser verdadero desde el punto de vista de la historia literaria, pero no lo es si se quiere penetrar en su poesía, que siempre es algo más. Es cierto que los poemas del cordobés constituyen el más alto ejemplo del estilo barroco, ¿mas no será demasiado olvidar que las formas expresivas características de Góngora —eso que llamamos ahora su estilo— no fueron primero sino invenciones, creaciones verbales inéditas y que sólo después se convirtieron en procedimientos, hábitos y recetas? El poeta utiliza, adapta o imita el fondo común de su época —esto es, el estilo de su tiempo— pero trasmuta todos esos materiales y realiza una obra única. Las mejores imágenes de Góngora —como ha mostrado admirablemente Dámaso Alonso— proceden precisamente de su capacidad para transfigurar el lenguaje literario de sus antecesores y contemporáneos. A veces, claro está, el poeta es vencido por el estilo. (Un estilo que nunca es suyo, sino de su tiempo: el poeta no tiene estilo.) Entonces la imagen fracasada se vuelve bien común, botín para los futuros historiadores y filólogos. Con estas piedras y otras parecidas se construyen esos edificios que la historia llama estilos artísticos. No quiero negar la existencia de los estilos. Tampoco afirmo que el poeta crea de la nada. Como todos los poetas, Góngora se apoya en un lenguaje. Ese lenguaje era algo más preciso y radical que el habla; un lenguaje literario, un estilo. Pero el poeta cordobés trasciende ese lenguaje. O mejor dicho: lo resuelve en actos poéticos irrepetibles: imágenes, colores, ritmos, visiones: poemas. Góngora trasciende el estilo barroco; Garcilaso, el toscano; Rubén Darío, el modernista. El poeta se alimenta de estilos. Sin ellos, no habría poemas. Los estilos nacen, crecen y mueren. Los poemas permanecen y cada uno de ellos constituye una unidad autosuficiente, un ejemplar aislado, que no se repetirá jamás. El carácter irrepetible y único del poema lo comparten otras obras: cuadros, esculturas, sonatas, danzas, monumentos. A todas ellas es aplicable la distinción entre poema y utensilio, estilo y creación. Para Aristóteles la pintura, la escultura, la música y la danza son también formas poéticas, como la tragedia y la épica. De allí que al hablar de la ausencia de caracteres morales en la poesía de sus contemporáneos, cite como ejemplo de esta omisión al pintor Zeuxis y no a un poeta trágico. En efecto, por encima de las diferencias que separan a un cuadro de un himno, a una sinfonía de una tragedia, hay en ellos un elemento creador que los hace girar en el mismo universo. Una tela, una escultura, una danza son, a su manera, poemas. Y esa manera no es muy distinta a la del poema hecho de palabras. La diversidad de las artes no impide su unidad. Más bien la subraya. Las diferencias entre palabra, sonido y color han hecho dudar dé la unidad esencial de las artes. El poema está hecho de palabras, seres equívocos que si son color y sonido son también significado; el cuadro y la sonata están compuestos de elementos más simples: formas, notas y colores que nada significan en sí. Las artes plásticas y sonoras parten de la no significación; el poema, organismo anfibio, de la palabra, ser significante. Esta distinción me parece más sutil que verdadera. Colores y sones también poseen sentido. No por azar los críticos hablan de lenguajes plásticos y musicales. Y antes de que estas expresiones fuerza usadas por los entendidos, el pueblo conoció y practicó el lenguaje de los colores, los sonidos y las señas. Resulta innecesario, por otra parte, detenerse en las insignias, emblemas, toques, llamadas y demás formas de comunicación no verbal que emplean ciertos grupos. En todas ellas el significado es inseparable de sus cualidades plásticas o sonoras. En muchos casos, colores y sonidos poseen mayor capacidad evocativa que el habla. Entre los aztecas el color negro estaba asociado a la oscuridad, el frío, la sequía, la guerra y la muerte. También aludía a ciertos dioses: Tezcatlipoca, Mixcóatl; a un espacio: el norte; a un tiempo: Técpatl; al sílex; a la luna; al águila. Pintar algo de negro era como decir o invocar todas estas representaciones. Cada uno de los cuatro colores significaba un espacio, un tiempo, unos dioses, unos astros y un destino. Se nacía bajo el signo de un color, como los cristianos nacen bajo un santo patrono. Acaso no resulte ocioso añadir otro ejemplo: la función dual del ritmo en la antigua civilización china. Cada vez que se intenta explicar las nociones de Yin y Yang —los dos ritmos alternantes que forman el Tao— se recurre a términos musicales. Concepción rítmica del cosmos, la pareja Yin y Yang es filosofía y religión, danza y música, movimiento rítmico impregnado de sentido. Y del mismo modo, no es abuso del lenguaje figurado, sino alusión al poder significante del sonido, el empleo de expresiones como armonía, ritmo o contrapunto para calificar a las acciones humanas. Todo el mundo usa estos vocablos, a sabiendas de que poseen sentido, difusa intencionalidad. No hay colores ni sones en sí, desprovistos de significación: tocados por la mano del hombre, cambian de naturaleza y penetran en el mundo de las obras. Y todas las obras desembocan en la significación; lo que el hombre roza, se tiñe de intencionalidad: es un ir hacia... El mundo del hombre es el mundo del sentido. Tolera la ambigüedad, la contradicción, la locura o el embrollo, no la carencia de sentido. El silencio mismo está poblado de signos. Así, la disposición de los edificios y sus proporciones obedecen a una cierta intención. No carecen de sentido —más bien puede decirse lo contrario— el impulso vertical del gótico, el equilibrio tenso del templo griego, la redondez de la estupa budista o la vegetación erótica que cubre los muros de los santuarios de Orissa. Todo es lenguaje. Las diferencias entre el idioma hablado o escrito y los otros —plásticos o musicales— son muy profundas, pero no tanto que nos hagan olvidar que todos son, esencialmente, lenguaje: sistemas expresivos dotados de poder significativo y comunicativo. Pintores, músicos, arquitectos, escultores y demás artistas no usan como materiales de composición elementos radicalmente distintos de los que emplea el poeta. Sus lenguajes son diferentes, pero son lenguaje. Y es más fácil traducir los poemas aztecas a sus equivalentes arquitectónicos y escultóricos que a la lengua española. Los textos tántricos o la poesía erótica Kavya hablan el mismo idioma de las esculturas de Konarak. El lenguaje del Primero sueño de sor Juana no es muy distinto al del Sagrario Metropolitano de la ciudad de México. La pintura surrealista está más cerca de la poesía de ese movimiento que de la pintura cubista. Afirmar que es imposible escapar del sentido, equivale a encerrar todas las obras —artísticas o técnicas— en el universo nivelador de la historia. ¿Cómo encontrar un sentido que no sea histórico? Ni por sus materiales ni por sus significados las obras trascienden al hombre. Todas son «un para» y «un hacia» que desembocan en un hombre concreto, que a su vez sólo alcanza significación dentro de una historia precisa. Moral, filosofía, costumbres, artes, todo, en fin, lo que constituye la expresión de un período determinado participa de lo que llamamos estilo. Todo estilo es histórico y todos los productos de una época, desde sus utensilios más simples hasta sus obras más desinteresadas, están impregnados de historia, es decir, de estilo. Pero esas afinidades y parentescos recubren diferencias específicas. En el interior de un estilo es posible descubrir lo que separa a un poema de un tratado en verso, a un cuadro de una lámina educativa, a un mueble de una escultura. Ese elemento distintivo es la poesía. Sólo ella puede mostrarnos la diferencia entre creación y estilo, obra de arte y utensilio. Cualquiera que sea su actividad y profesión, artista o artesano, el hombre transforma la materia prima: colores, piedras, metales, palabras. La operación trasmutadora consiste en lo siguiente: los materiales abandonan el mundo ciego de la naturaleza para ingresar en el de las obras, es decir, en el de las significaciones. ¿Qué ocurre, entonces, con la materia piedra, empleada por el hombre para esculpir una estatua y construir una escalera? Aunque la piedra de la estatua no sea distinta a la de la escalera y ambas estén referidas a un mismo sistema de significaciones (por ejemplo: las dos forman parte de una iglesia medieval), la transformación que la piedra ha sufrido en la escultura es de naturaleza diversa a la que la convirtió en escalera. La suerte del lenguaje en manos de prosistas y poetas puede hacernos vislumbrar el sentido de esa diferencia. La forma más alta de la prosa es el discurso, en el sentido recto de la palabra. En el discurso las palabras aspiran a constituirse en significado unívoco. Este trabajo implica reflexión y análisis. Al mismo tiempo, entraña un ideal inalcanzable, porque la palabra se niega a ser mero concepto, significado sin más. Cada palabra —aparte de sus propiedades físicas— encierra una pluralidad de sentidos. Así, la actividad del prosista se ejerce contra la naturaleza misma de la palabra. No es cierto, por tanto, que M. Jourdain hablase en prosa sin saberlo. Alfonso Reyes señala con verdad que no se puede hablar en prosa sin tener plena conciencia de lo que se dice. Incluso puede agregarse que la prosa no se habla: se escribe. El lenguaje hablado está más cerca de la poesía que de la prosa; es menos reflexivo y más natural y de ahí que sea más fácil ser poeta sin saberlo que prosista. En la prosa la palabra tiende a identificarse con uno de sus posibles significados, a expensas de los otros: al pan, pan; y al vino, vino. Esta operación es de carácter analítico y no se realiza sin violencia, ya que la palabra posee varios significados latentes, es una cierta potencialidad de direcciones y sentidos. El poeta, en cambio, jamás atenta contra la ambigüedad del vocablo. En el poema el lenguaje recobra su originalidad primera, mutilada por la reducción que le imponen prosa y habla cotidiana. La reconquista de su naturaleza es total y afecta a los valores sonoros y plásticos tanto como a los significativos. La palabra, al fin en libertad, muestra todas sus entrañas, todos sus sentidos y alusiones, como un fruto maduro o como un cohete en el momento de estallar en el cielo. El poeta pone en libertad su materia. El prosista la aprisiona. Otro tanto ocurre con formas, sonidos y colores. La piedra triunfa en la escultura, se humilla en la escalera. El color resplandece en el cuadro; el movimiento del cuerpo, en la danza. La materia, vencida o deformada en el utensilio, recobra su esplendor en la obra de arte. La operación poética es de signo contrario a la manipulación técnica. Gracias a la primera, la materia reconquista su naturaleza: el color es más color, el sonido es plenamente sonido. En la creación poética no hay victoria sobre la materia o sobre los instrumentos, como quiere una vana estética de artesanos, sino un poner en libertad la materia. Palabras, sonidos, colores y demás materiales sufren una transmutación apenas ingresan en el círculo de la poesía. Sin dejar de ser instrumentos de significación y comunicación, se convierten en «otra cosa*. Ese cambio —al contrario de lo que ocurre en la técnica— no consiste en abandonar su naturaleza original, sino en volver a ella. Ser «otra cosa» quiere decir ser «la misma cosa»: la cosa misma, aquello que real y primitivamente son. Por otra parte, la piedra de la estatua, el rojo del cuadro, la palabra del poema, no son pura y simplemente piedra, color, palabra: encarnan algo que los trasciende y traspasa. Sin perder sus valores primarios, su peso original, son también como puentes que nos llevan a otra orilla, puertas que se abren a otro mundo de significados indecibles por el mero lenguaje. Ser ambivalente, la palabra poética es plenamente lo que es — ritmo, color, significado— y asimismo, es otra cosa: imagen. La poesía convierte la piedra, el color, la palabra y el sonido en imágenes. Y esta segunda nota, el ser imágenes, y el extraño poder que tienen para suscitar en el oyente o en el espectador constelaciones de imágenes, vuelve poemas todas las obras de arte. Nada prohíbe considerar poemas las obras plásticas y musicales, a condición de que cumplan las dos notas señaladas: por una parte, regresar sus materiales a lo que son —materia resplandeciente u opaca— y así negarse al mundo de la utilidad; por la otra, transformarse en imágenes y de este modo convertirse en una forma peculiar de la comunicación. Sin dejar de ser lenguaje —sentido y transmisión del sentido— el poema es algo que está más allá del lenguaje. Más eso que está más allá del lenguaje sólo puede alcanzarse a través del lenguaje. Un cuadro será poema si es algo más que lenguaje pictórico. Piero della Francesca, Masaccio, Leonardo o Ucello no merecen, ni consienten, otro calificativo que el de poetas. En ellos la preocupación por los medios expresivos de la pintura, esto es, por el lenguaje pictórico, se resuelve en obras que trascienden ese mismo lenguaje. Las investigaciones de Masaccio y Ucello fueron aprovechadas por sus herederos, pero sus obras son algo más que esos hallazgos técnicos: son imágenes, poemas irrepetibles. Ser un gran pintor quiere decir ser un gran poeta: alguien que trasciende los límites de su lenguaje. En suma, el artista no se sirve de sus instrumentos —piedras, sonido, color o palabra— como el artesano, sino que los sirve para que recobren su naturaleza original. Servidor del lenguaje, cualquiera que sea éste, lo trasciende. Esta operación más adelante— produce la imagen. El artista es creador de imágenes: poeta. Y su calidad de imágenes permite llamar poemas al Cántico espiritual y a los himnos védioos, al haikú y a los sonetos de Quevedo. El ser imágenes lleva a las palabras, sin dejar de ser ellas mismas, a trascender el lenguaje, en tanto que sistema dado de significaciones históricas.
Tomado de EL ARCO Y LA LIRA, FCE, 1963

Paul Valéry: "El Cementerio Marino" y "A Propósito del Cementerio Marino"

Una clase espléndida, dictada por Jorge Fernández Granados, acerca de "¿Qué es la poesía?", hace que LOS ELEMENTOS DEL REINO retorne a este texto vital de uno de los más grandes estetas de nuestro siglo: Paul Valéry. Primero convencido por Jácques Riviére de que su "Cementerio" debería de ser conocido por el público, y luego --sorprendido porque ya al circular su poema por los pasillos de las universidades parisinas, Leonard Cohen dicta incluso una cátedra sobre el contenido de este poema maravilloso-- Valéry, aún (creo) ocupado y preocupado por la exacta y casi matemática precisión del verso y la belleza de su poema, se ve obligado a discurrir sobre su propia obra, y nos ofrece esta charla-texto en el cual, si bien no se aclara del todo la intención estética del poeta, sí nos acerca lo suficiente para entender lo que Valéry concebía como prosa y poesía: como bien lo remarca en su clase el Mtro. Fernández Granados: la diferencia entre una y otra se halla (ejemplo más que claro) entre la marcha, el caminar, el dirigir los pasos --a veces apresurados del cuerpo hacia un destino trazado--- contra (poesía) el estacionar este cuerpo y ejecutar, casi sin moverse del sitio que ocupa en ese momento, una danza al la que se incopora perfección y belleza.
Esperamos que tanto "A propósito" como el poema mismo que aquí presentamos en versión de Javier Sologuren, inspiren al lector, lo cautiven y muevan a la lectura de este poema traducido a decenas de lenguas; no sólo debido a su belleza, sino porque continúa siendo uno de los pilares para comprender la poesía contemporánea.
I.G.
A PROPÓSITO DEL CEMENTERIO MARINO
Por Paul Valéry
Traducción de Miguel Rodríguez Puga
No sé si aún está de moda elaborar largamente los poemas, tenerlos entre el ser y el no-ser, suspensos ante el deseo durante años; cultivar la duda, el escrúpulo, el arrepentirse -tal como una obra siempre reemprendida y refundida que toma poco a poco la importancia secreta de una empresa de reforma propia. Esta manera de producir poco no era rara, hace cuarenta años, entre los poetas y entre algunos prosistas. Para ellos el tiempo no contaba, lo cual es muy divino. Ni el ídolo de Lo Bello, ni la superstición de la Eternidad literaria estaba en ruinas entonces; y la creencia de la Posteridad no estaba abolida del todo. Existía una especie de Ética de la forma que conducía al trabajo infinito. Los que a éste se consagraban bien sabían que mientras más grande es el trabajo, es menor el número de personas que lo conciben y lo aprecian; trabajaban por muy poco, y como santamente...Con esto se aleja uno de las condiciones "naturales" o ingenuas de la Literatura, y se llega insensiblemente a confundir la composición de una obra del espíritu, que es cosa terminada, con la vida del espíritu mismo -el cual es una potencia de transformación siempre en acto. Se llega al trabajo por el trabajo. A los ojos de estos amantes de inquietud y de perfección una obra nunca está acabada -palabra que para ellos no tiene sentido alguno-, sino abandonada; y este abandono, que entrega a las llamas o al público (sea ello efecto de la indolencia o de la obligación de entregarla), les es una especie de accidente, comparable a la interrupción de una reflexión, que la fatiga, el fastidio o alguna sensación vuelve nula.Contraje este mal, este gusto perverso del reemprender indefinido, y esta complacencia por el estado reversible de las obras, en la edad crítica en que se forma y fija el hombre intelectual. Volví a encontrarlo con toda su fuerza, cuando hacia los cincuenta, las circunstancias hicieron que me pusiera de nuevo a componer. Así pues, he vivido mucho con mis poemas. Durante cerca de diez años ha sido para mí una ocupación de duración indeterminada; un ejercicio, más que una acción; una busca, más que entrega; una maniobra de mí mismo por mí mismo, más bien que una preparación con miras al público. Me parece que me han enseñado más de una cosa.No aconsejo, sin embargo, que se adopte este sistema: no poseo calidad ninguna para dar a quien quiera que sea el menor consejo, y, por otra parte, dudo que convenga a los jóvenes de una época apremiante, confusa y sin perspectiva. Estamos en un banco de bruma...Si hablé de esta larga intimidad de alguna obra y de un "yo", solo fue para dar una idea de la sensación extrañísima que experimenté, una mañana, en la Sorbona, escuchando al señor Gustave Cohen desarrollando ex -cátedra una explicación de El Cementerio Marino. A lo que he publicado nunca han faltado comentarios, y no puedo quejarme del menor silencio sobre mis pocos escritos. Estoy acostumbrado a ser dilucidado, disecado, empobrecido, enriquecido, exaltado y abismado, hasta ya no saber yo mismo cuál soy yo, o de quién se habla; pero leer lo que se imprime sobre uno es nada, comparado con esta sensación singular de oírse comentar en la Universidad, ante el pizarrón, como un autor muerto.En mis tiempos los vivos no existían para la cátedra; mas análisis ente nada malo en que ya no sea así.La enseñanza de las Letras saca de ello lo que la enseñanza de la Historia podría sacar del análisis de lo presente; es decir: la sospecha o el sentimiento de las fuerzas que engendran los actos y las formas. El pasado tan sólo es el lugar de las formas sin fuerzas; a nosotros toca llenarlo de vida y de necesidad, y suponerle nuestras pasiones y nuestros valores.Me sentía Sombra... Me sentía una sombra capturada; y, sin embargo, me identificaba en momentos con cualquiera de aquellos estudiantes que seguían, anotaban, y que, de vez en cuando, miraban sonriendo a esta sombra cuyo poema leía y comentaba, estrofa por estrofa, su maestro . . .Confieso que en tanto que estudiante tenía poca reverencia para el poeta -aislado, expuesto y molesto en su banco. Mi presencia de dividía extrañamente entre varias maneras de estar allí. Entre esta diversidad de sensaciones y de reflexiones que componían para mí esta hora de la Sorbona, la dominante era precisamente la sensación del contraste entre el recuerdo de mi trabajo, que se reavivaba, y la figura terminada, la obra determinada y parada a la cual se aplicaban la exégesis y el análisis del señor Gustave Cohen. Eso era resentir cómo nuestro ser se opone a nuestro parecer. Por una parte, mi poema estudiado como un hecho consumado, revelando al examen del experto su composición, sus intenciones, sus medios de acción, su situación en el sistema de la historia literaria, sus ligas, y el estado probable del espíritu de su autor... Por otra parte, la memoria de mis ensayos, de mis tanteos, de los desciframientos interiores, de aquellas iluminaciones verbales imperiosísimas que imponen de repente una cierta combinación de palabras -como si tal grupo poseyese yo no sé qué fuerza intrínseca... iba a decir: yo no sé qué voluntad de existencia, enteramente opuesta a la "libertad" o al caos del espíritu, y que puede a veces constreñir el espíritu a desviarse de su propósito, y el poema a ser otro totalmente distinto de l que iba a ser, como no se soñaba que debiese ser. (Se ve por esto que la noción de Autor no es sencilla: solamente lo es con respecto a terceros.)Escuchando al señor Cohen leer las estrofas de mi texto, y dar a cada una su sentido final y su valor de situación en el desarrollo, me dividía entre el contento de ver las intenciones y las expresiones de un poema reputado oscurísimo eran aquí perfectamente entendidas y expuestas, y el sentimiento raro, casi penoso, a que acabo de aludir. Intentaré explicarlo en unas cuantas palabras a fin de completar el comentario de cierto poema considerado como un hecho, con una ojeada a las circunstancias que acompañaron a la generación de ese poema, o a lo que fue, cuando estaba en el estado de deseo y de instancia de mí mismo.Por otra parte sólo intervengo para introducir, a favor (o como rodeándolo) de un caso particular, algunas notas sobre las relaciones de un poeta con su poema.Ante todo debo decir que El cementerio marino, tal como está, es para mí el resultado de la sección de un trabajo interior, un acontecimiento fortuito. Una tarde de 1920, nuestro amigo que tanto echamos de menos, Jacques Riviere, al visitarme me encontró ante un "estado" de El cementerio marino, pensando en reemprender, en suprimir, en substituir, en intervenir esto y aquello...No descansó hasta que consiguió leerlo; y habiéndolo leído, le encantó. Nada es más decisivo que el espíritu de un Director de Revista.Así por accidente, fue fijado el rostro de esta obra. Nada hice para ello. Además, no puedo en general volver a cualquier asunto que haya escrito, sin pensar que lo hubiera hecho totalmente distinto si alguna intervención extraña o alguna circunstancia cualquiera hubiera roto el encanto de no terminarlo. Sólo amo el trabajo del trabajo: los comienzos me fastidian, y sospecho perfectible todo lo que viene de un golpe. Lo espontáneo, aun excelente, a un seductor, no me?parece nunca bastante mío... La noción de Autor, como la del Yo, no es sencilla: un grado de más de conciencia opone un nuevo Mismo a un nuevo Otro. La Literatura no me interesa, pues, profundamente, sino en la medida en que ejercita el espíritu en ciertas transformaciones ---aquellas en las cuales las propiedades excitantes del lenguaje desempeñan un papel capital. Puedo, es cierto, agarrarme de un libro, leerlo y releerlo con delicia; pero sólo me señorea hasta lo más hondo si encuentro en él la marca de un pensamiento de potencia equivalente a la del lenguaje mismo, la fuerza de plegar el verbo común a fines imprevistos sin romper las "formas consagradas", la captura y reducción de las cosas difíciles de decir; y sobre todo, la conducción simultánea de la sintaxis, de la armonía y de las ideas (que es el problema de la poesía más pura), son para mí los objetos supremos de nuestro arte. Esta manera de sentir es chocante, quizá. Hace de la "creación" un medio. Conduce a excesos. Más aún: tiende a corromper el placer ingenuo de creer, que engendra el placer ingenuo de producir, y que soporta toda lectura. Si el autor se conoce un poco demasiado, si el lector se hace activo, ¿qué pasa con el placer?, ¿Qué acontece con la Literatura? -Este punto de vista sobre las dificultades que pueden nacer entre la "conciencia de sí" y la costumbre de escribir explicará, sin duda, ciertas actitudes sistemáticas que a veces me han reprochado. Se me ha culpado, por ejemplo, de haber dado del mismo poema varios textos, y aun contradictorios. Este reproche me es poco inteligible, como puede esperarse después de lo que acabo de exponer. Al contrario, estaría tentado, si siguiera mi sentimiento, a comprometer a los poetas a producir (como lo hacen los músicos) una diversidad de variantes o de soluciones del mismo tema. Nada me parecería más conforme a la idea que me complace de un poeta y de la poesía.El poeta, a mi ver, se conoce por sus ídolos y por sus libertades, que no son los de la mayoría. La poesía se distingue de la prosa en que no tiene ni todas, ni las mismas trabas, ni todas, ni las mismas licencias que ésta. La esencia de la prosa es perecer; es decir: ser "comprendida", es decir: ser disuelta, destruida sin remedio, reemplazada totalmente por la imagen o por el impulso que ella signifique según la convención del lenguaje. Pues la prosa sobre entiende siempre el universo de la experiencia y de los actos universo en el cual (o gracias al cual) nuestras percepciones y nuestras acciones o emociones deben, finalmente, corresponderse o responderse de una sola manera: uniformemente. El universo práctico se reduce a un conjunto de hitos. Tal hito alcanzado, la palabra expira. Este universo excluye la ambigüedad, la elimina; exige que se proceda por los caminos más cortos, y sofoca inmediatamente las armonías de cada acontecimiento que se produce en el espíritu. Pero la poesía exige o sugiere un "Universo" muy diferente: universo de relaciones recíprocas, análogo al universo de los sonidos, en el cual nace y se mueve el pensamiento musical. En este universo poético la resonancia prevalece sobre la casualidad, y la "forma", lejos de desvanecerse en su efecto, es como reclamada por él. La Idea revindica su voz. (Resulta de ello una diferencia extrema entre los momentos constructores de prosa y los momentos creadores de poesía.) Así, en el arte de la danza, el estado del danzante, (o el del amante de los ballets) es el objeto de este arte, y los movimientos y desplazamientos de los cuerpos no tienen término en el espacio, ningún hito visible, ninguna cosa, que junta los anule; y a nadie se le ocurre imponer acciones coreográficas la ley de los actos no-poéticos (pero útiles), que es: efectuarse con la más grande economía de fuerzas, y según los caminos más cortos.Esta comparación puede hacer sentir que ni la sencillez ni la claridad son absolutos en la poesía, donde es perfectamente razonable (y aun necesario) mantenerse en una condición lo más lejana posible de la prosa, aún perdiendo (sin mucho echarlos de menos) tantos lectores como sea necesario. Voltaire dijo maravillosamente bien que "la poesía sólo esta hecha de hermosos detalles".Y yo no digo otra cosa. El universo poético de que hablaba se introduce por el número o, más bien, por las consonancias, disonancias, por el encadenamiento de los giros y de los ritmos; siendo lo esencial el evitar constantemente lo que reduciría a la prosa, ora haciendo echarla de menos, ora siguiendo exclusivamente la idea...En suma: mientras un poema es más conforme a la poesía, menos puede pensarse en prosa sin perecer. Resumir, poner en prosa un poema, es simplemente desconocer la esencia de un arte.La necesidad poética es inseparable de la forma sensible, y los pensamientos enunciados o sugeridos por un texto de poema de ningún modo son el único y el capital objeto del discurso, sino medios que concurren igualmente con los sonidos, las cadencias, el número y los adornos, a provocar, a sostener una cierta tensión o exaltación tendiente a engendrar en nosotros un mundo (o un modo de existencia) todo armónico. Así pues, si me interrogan, si se inquietan (como sucede y, a menudo, muy vivamente) por lo que he "querido decir" en tal poema; respondo que no he "querido decir", sino "querido hacer", y que la intención de "hacer" fue la que "ha querido" lo que he "dicho"...En cuanto a El cementerio marino, esta intención sólo fue al principio una figura rítmica vacía, o llena de sílabas vanas, que me obsedió durante algún tiempo. Observaba que esta figura era decasílaba, y me hice algunas reflexiones sobre este tipo demasiado poco empleado en la poesía moderna: me parecía pobre y monótono. Valía poco comparado con el alejandrino, que tres o cuatro generaciones de grandes artistas han elaborado prodigiosamente. El demonio de la generalización sugería intentar llevar este Diez a la potencia de Doce. Me proponía una cierta estrofa de seis versos y la idea de una composición fundada en el número de esas estrofas, y asegurada por una diversidad de tonos y de funciones que asignarles. Entre las estrofas debían instituirse contrastes o correspondencias. Esta última condición bien pronto exigió que el poema posible fuese un monólogo de mi "yo", en el cual los temas más sencillos y más constantes de mi vida afectiva e intelectual (tal como se había impuesto a mi adolescencia y se habían asociado al mar y a la luz de un cierto lugar de las riberas del Mediterráneo) fuesen llamados, tramados, opuestos . . .Todo esto lleva a la muerte y tocaba el pensamiento puro. (El verso escogido de diez sílabas tiene cierta relación con el verso dantesco.)Se precisaba que mi verso fuese denso y fuertemente rimado. Sabía que me orientaba hacia un monólogo tan personal, pero tan universal como pudiera construirlo. El tipo de verso escogido, la forma adoptada para las estrofas, me daban condiciones que favorecían ciertos "movimientos", permitían ciertos cambios de tono, llamaban a cierto estilo...El cementerio marino estaba concebido. Seguía un trabajo bastante largo. Siempre que pienso en el arte de escribir (en verso o en prosa), el mismo "ideal" se declara a mi espíritu. El mito de la "creación" nos seduce a que queramos hacer algo de nada. Sueño, pues, que encuentro progresivamente mi obra partiendo de puras condiciones de forma, más reflexionadas -precisadas hasta el punto en que ponen o imponen casi... un tema o, por lo menos, una familia de temas.Observemos que unas condiciones de forma precisas son tan sólo la expresión de la inteligencia y de la conciencia que tenemos de los medios de que podemos disponer, y de su alcance, así como de sus límites y sus defectos. Por esto me acontece definir el escritor por una relación entre cierto "espíritu" y el Lenguaje...Pero conozco todo lo quimérico de mi "Ideal". La naturaleza del lenguaje es lo que menos se presenta en el mundo a combinaciones seguidas; y por otra parte la formación y las costumbres del lector moderno (acostumbrado a nutrirse de incoherencia y de efectos instantáneos) vuelven imperceptibles toda busca de escritura, casi no aconsejan perderse tan lejos de él...Sin embargo, el solo pensamiento de construcciones de esta índole sigue siendo para mí la más poética de las ideas: la idea de composición. Me detengo en esta palabra... Me conducirá no sé a qué latitudes. Nada me ha asombrado más entre los poetas, ni dado más que deplorar, que lo poco de busca en las composiciones. En los líricos más ilustres casi no encuentro más que desarrollos puramente lineales, o... delirantes; es decir: que proceden de lo próximo a lo próximo, sin más organización sucesiva que la que muestra un reguero de pólvora por el que huye la llama. (No hablo de los poemas en los cuales domina un relato, y la cronología de los sucesos interviene: éstos son obras mixtas; óperas, y no sonatas o sinfonías.)Mas mi asombro dura hasta que recuerdo mis propias experiencias y las dificultades casi descorazonadoras que he encontrado en mis ensayos de componer en el orden lírico. Aquí es donde el detalle tiene importancia esencial a cada instante, y donde la imprevisión más bella y sabia debe componer con la incertidumbre de los hallazgos. En el universo lírico cada momento debe consumar una alianza indefinible de lo sensible con lo significativo. De esto resulta que la composición es, en cierta forma, continua, y casi no puede circunscribirse a un tiempo distinto del de la ejecución. No hay un tiempo para el "fondo" y un tiempo de la "forma"; y la composición en este género no se opone únicamente al desorden o ala desproporción, sino también a la descomposición. Si el sentido y el sonido (o si el fondo y la forma) se pueden disociar fácilmente, el poema se descompone.Consecuencia capital: las "ideas" que figuran en una obra poética no desempeñan en ella el mismo papel, ni son de ningún modo valores de la misma especie que las "ideas" de la prosa. Dije que El cementerio marino se presentó a mi espíritu en un principio bajo las especies de una composición por estrofas de seis versos de diez sílabas.Este partido me permitió distribuir con mucha facilidad en mi obra lo que debía contener de sensible, de afectivo y de abstracto para sugerir, transportada al universo poético, la meditación de un cierto "yo".La exigencia de los contrastes que producir y de una especie de equilibrio que observar entre los momentos de ese "yo" me llevó (por ejemplo) a introducir en n punto algún llamamiento de filosofía. Los versos en que aparecen los argumentos famosos de Zenón de Elea (pero animados, revueltos, arrastrados en el arrebato de toda dialéctica -como un aparejo por una racha de borrasca-) tiene por objeto compensar, con una totalidad metafísica, lo sensual y lo "demasiado humano" de estrofas antecedentes; determinan también más precisamente a "la persona que habla" - un amante de abstracciones -; oponen, en fin a lo que fue especulativo y demasiado atento en él, la potencia refleja actual, cuyo sobresalto quiebra y disipa un estado de fijeza sombría y como complementaria del esplendor reinante, al mismo tiempo que trastorna un conjunto de juicios sobre todas las cosas humanas, inhumanas y sobrehumanas. Esbocé las pocas imágenes de Zenón para expresar la rebelión contra la dureza y la agudeza de una meditación que hace sentir con demasiada crueldad el extravío entre el ser y el conocer que desarrolla la conciencia de la conciencia. El alma, cándidamente, quiere agotar el infinito del Elea.-Mas tan sólo quise tomar de la filosofía un poco de su color.Las diversas notas precedentes pueden dar una idea de las reflexiones de un autor en presencia de un comentario de su obra. Ve él en ella lo que ésta debió haber sido y lo que hubiera podido ser más bien que lo que es. Así pues, ¿qué más interesante para él que el resultado de un examen escrupuloso y las impresiones de una mirada extranjera? No sé dónde se compone en mí la unidad real de mi obra. Escribí una "partitura"; pero sólo puedo oírla ejecutada por el alma y por el espíritu de otro.Por ello el trabajo del señor Cohen (abstracción hecha de las cosas demasiado amables para mí que en él se encuentran) me es singularmente precioso. Buscó mis intenciones con un cuidado y un método notables, aplicó a un texto contemporáneo la misma ciencia y la misma precisión que acostumbra mostrar en sus sabios estudios de historia literaria. Tan bien retrazó la arquitectura de ese poema como exaltó el detalle; señaló, por ejemplo, esos giros de términos?que revelan las tendencias, las demás, como armónicas de nuestra naturaleza más profunda...) En fin, le estoy agradecidísimo por haberme explicado tan lúcidamente a sus jóvenes alumnos.En cuanto a la explicación de la letra, ya me expliqué en otra parte sobre este punto; pero nunca se insistirá lo bastante: no hay sentido verdadero de un texto. No hay autoridad del autor.Aunque haya querido decir, escribió lo que escribió. Una vez publicado, un texto es como un aparato del que se puede servir cada uno a su antojo y según sus medios; no hay seguridad de que el constructor lo use mejor que cualquier otro. Por lo demás, si el autor sabe bien lo que quiso hacer, este conocimiento turba siempre en él la percepción de lo que ha hecho.
EL CEMENTERIO MARINO
¡Oh alma mía, no aspires a la vida inmortal,
pero agota toda la extensión de lo posible.
Pindaro, Píticas III.
Calmo techo surcado de palomas,
palpita entre los pinos y las tumbas;
mediodía puntual arma sus fuegos
¡El mar, el mar siempre recomenzado!
¡Qué regalo después de un pensamiento
ver moroso la calma de los dioses!
¡Qué obra pura consume de relámpagos
vario diamante de invisible espuma,
y cuánta paz parece concebirse!
Cuando sobre el abismo un sol reposa,
trabajos puros de una eterna causa,
el Tiempo riela y es Sueño la ciencia.
Tesoro estable, templo de Minerva,
quietud masiva y visible reserva;
agua parpadeante, Ojo que en ti guardas
tanto sueño bajo un velo de llamas,
¡silencio mío!... ¡Edificio en el alma,
mas lleno de mil tejas de oro. Techo
!Templo del Tiempo, que un suspiro cifra,
subo a ese punto puro y me acostumbro
de mi mirar marino todo envuelto;
tal a los dioses mi suprema ofrenda,
e destellar sereno va sembrando
soberano desdén sobre la altura.
Como en deleite el fruto se deslíe,
como en delicia truécase su ausencia
en una boca en que su forma muere,
mi futura humareda aquí yo sorbo,
y al alma consumida el cielo canta
la mudanza en rumor de las orillas.
¡Bello cielo real, mírame que cambio!
Después de tanto orgullo,
y de tanto extraño ocio, mas pleno de poderes,
a ese brillante espacio me abandono,
sobre casas de muertos va mi sombra
que a su frágil moverse me acostumbra.
A teas del solsticio expuesta el alma,
osteniéndote estoy, ¡oh admirable
justicia de la luz de crudas armas!
Pura te tomo a tu lugar primero: ¡mírate!...
Devolver la luz supone
taciturna mitad sumida en sombra.
Para mí solo, a mí solo, en mí mismo,
un corazón, en fuentes del poema,
entre el vacío y el suceso puro,
de mi íntima grandeza el eco aguardo,
cisterna amarga, oscura y resonante,
¡hueco en el alma, son siempre futuro!
!Sabes, falso cautivo de follajes,
golfo devorador de enjutas rejas,
en mis cerrados ojos, deslumbrantes
ecretos, ¿qué cuerpo hálame a su término
y qué frente lo gana a esta tierra ósea?
Una chispa allí pienso en mis ausentes.
Sacro, pleno de un fuego sin materia;
ofrecido a la luz terrestre trozo,
me place este lugar alto de teas,
hecho de oro, piedra, árboles oscuros,
mármol temblando sobre tantas sombras;
¡allí la mar leal duerme en mis tumbas!
¡Al idólatra aparta, perra espléndida!
Cuando con sonrisa de pastor, solo,
apaciento carneros misteriosos,
rebaño blanco de mis quietas tumbas,
¡las discretas palomas de allí aléjalas,
los vanos sueños y ángeles curiosos!
Llegado aquí pereza es el futuro,
rasca la sequedad nítido insecto;
todo ardido, deshecho, recibido
en quién sabe qué esencia rigurosa...
La vida es vasta estando ebrio de ausencia,
y dulce el amargor, claro el espíritu.
Los muertos se hallan bien en esta tierra
cuyo misterio seca y los abriga.
Encima el Mediodía reposándose piensa
y a sí mismo se concilia...
Testa cabal, diadema irreprochable,
yo soy en tu interior secreto cambio.
¡A tus temores, sólo yo domino!
Mis arrepentimientos y mis dudas,
son el efecto de tu gran diamante...
Pero en su noche grávida de mármoles,
en la raíz del árbol, vago pueblo
ha asumido tu causa lentamente.
En una densa ausencia se han disuelto,
roja arcilla absorbió la blanca especie,
¡la gracia de vivir pasó a las flores!
¿Dónde del muerto frases familiares,
el arte personal, el alma propia?
En la fuente del llanto larvas hilan.
Agudo gritos de exaltadas jóvenes,
ojos, dientes, humedecidos párpados,
el hechicero seno que se arriesga,
la sangre viva en labios que se rinden,
los dedos que defienden dones últimos,
¡va todo bajo tierra y entra al juego!
Y tú, gran alma, ¿un sueño acaso esperas
libre ya de colores del engaño
que al ojo camal fingen carne y oro?
¿Cuando seas vapor tendrás el canto?
¡Ve! ¡Todo huye! Mi presencia es porosa,
¡la sagrada impaciencia también muere!
¡Magra inmortalidad negra y dorada,
consoladora de horroroso lauro
que maternal seno haces de la muerte,
el bello engaño y la piadosa argucia!
¡Quién no conoce, quién no los rechaza,
al hueco cráneo y a la risa eterna!
Deshabitadas testas, hondos padres,
que bajo el peso de tantas paladas,
sois la tierra y mezcláis nuestras pisadas,
el roedor gusano irrebatible para vosotros
no es que bajo tablas dormís,
¡de vida vive y no me deja!
¿Amor quizás u odio de mí mismo?
¡Tan cerca tengo su secreto diente
que cualquier nombre puede convenirle!
¡Qué importa! ¡Mira, quiere, piensa, toca!
¡Agrádale mi carne, aun en mi lecho,
de este viviente vivo de ser suyo!
¡Zenón! ¡Cruel Zenón! ¡Zenón de Elea!
¡Me has traspasado con tu flecha alada que vibra,
vuela y no obstante no vuela!
¡Su son me engendra y mátame la flecha!
¡Ah! el sol... ¡Y qué sombra de tortuga
para el alma, veloz y quieto Aquiles!
¡No! ¡No!... ¡De pie! ¡En la era sucesiva!
¡Cuerpo mío, esta forma absorta quiebra!
¡Pecho mío, el naciente viento bebe!
Una frescura que la mar exhala,
ríndeme el alma... ¡Oh vigor salado!
¡Ganemos la onda en rebotar viviente!
¡Sí! Inmenso mar dotado de delirios,
piel de pantera, clámide horadada
por los mil y mil ídolos solares,
hidra absoluta, ebria de carne azul,
que te muerdes la cola destellante
en un tumulto símil al silencio.
¡Se alza el viento!... ¡Tratemos de vivir!
¡,Cierra y abre mi libro el aire inmenso,
brota audaz la ola en polvo de las rocas!
¡Volad páginas todas deslumbradas!
¡Olas, romped con vuestra agua gozosa
calmo techo que foques merodean!
Versión de Javier Sologuren

lunes 24 de agosto de 2009

Ignacio García: Cuatro Instantes con Zhu Zheqin

Shu Zheqin, mejor conocida por Dadawa, hizo que una de estas tardes lluviosas sobre el puerto, dejará yo a un lado los blues de Coltrane, Parker y Cia, para acercarme a un álbum que estaba aún sin abrir desde que, unos cuatro años atrás, un amigo hindú me lo obsequió como regalo de cumpleaños. ¿O es que el Destino marca cuándo uno debe de allegarse a voces, inspiración y esa paz (que al susurro del agua en el río) se balancea sobre las fibras de un espíritu agitado? No lo sé. El caso es que Sister Drum (1995) el primer álbum de Dadawa, siempre bajo la batuta de He Xuntian su productor, recoge todo un himno a la belleza, el mantra, los estandartes al viento que ondean sus mandalas sobre el Potala, y, sobre todo, estos instantes en que mi pluma se vio involucrada y quiso cuasi-traducir este paréntesis de embeleso. En tanto uno escribía, afuera, entre la hierba, una lluvia pertinaz hacía que peces de rojo intenso y anémonas azules, asomaran a mi ventana: compartí con ellos estos CUATRO INSTANTES CON ZHu Zheqin 1. Sister Drum Thazhou es el timbal sin voz, lámpara sin aceite, indecifrable calma y marejada Es el cielo apuntalado (eres tú sin verano) es la mano, llama fría y candente, con este sonido que sólo Dios logra acomodar en sus oídos 2. Home without shadow No sólo el mar, con sus islas azules o el ojo absorto por esta claridad que aplasta, también el rostro del comienzo y este silencio lleno de sílabas No sólo esta luz —blanda por las estrellas; también esta otra luz que jura nunca convertirse en aura 3. The Turning Scripture ¿Cuántas palabras puedes formar usando las siguientes letras? a, b, c, z Acertijo zen Esperaba escribir bajo un cielo sin fondo y bancos de luz palabras aéreas y mantras de paz Fue Dios quien le mostró que todo es escritura —incluso Él hecho de un puñado de letras
4. Crossing the ridge Un sonido - Una palabra - Un silencio cruzan al hombre sin que éste escuche nada Sólo su alma se ve traspasada por algo infinito No desmaya, camina al mar y aguza el oído En un instante. algo lo lleva al otro lado del mundo

Ricardo Iribarren: La sangre del escritor

La sangre del escritor Ricardo Iribarren
(En Letralia) Nunca he pensado hacer lo que hace todo el mudo: trabajar cinco años de su vida, reunir unas pesetas para un día tener un poquito de plata y publicar un librito que le ha costado los ahorros de su vida. Yo escribo porque me gusta y cuando se publica algo es porque me están pagando por eso. No es arrogancia, pero trabajo de esa forma.
Juan Carlos Cucalón, ganador del Premio Nacional de Literatura. Escritor guayaquileño. Nota realizada en El Universo, diario de Guayaquil (Ecuador), bajo el título Me considero marginal. Si usted paga para publicar un libro, es usuario de planes de turismo literario, de agentes que por mil euros más o menos le arreglan la promoción en las gratuitas redes internáuticas; si contrata costosos correctores y participa en antologías cuyas páginas parecen impresas con tinta áurea por sus elevados costos; si está convencido de que esa es la realidad de la literatura, no lea este artículo. Parto de un solo principio: un escritor no debe pagar para ser publicado. Lo que realiza es un trabajo y como tal, puede publicar sin cobrar, pero nunca desembolsar dinero por hacerlo. La verdad es evidente, pero la oculta una suerte de emocional colchón extraliterario. Cuando empezamos a escribir y recibimos los primeros elogios, surge la satisfacción y la necesidad de ser leído por grupos más amplios, lo que es una búsqueda de aprobación; sentimiento muy humano, pero que constituye la herida por la cual editoriales de segunda, grupos de promoción, correctores o pretendidos agentes literarios, empiezan a sorber la sangre del escritor. En otra época fueron los críticos profesionales; escritores frustrados que se adueñaban de las secciones literarias de los periódicos y aniquilaban sistemáticamente a literatos jóvenes. Roberto Arlt, el genial novelista y dramaturgo argentino, se enfrentó en a estos personajes y hasta mucho después de su muerte siguió denostado por la literatura oficial. Hoy se considera a los escritores como objeto de mercadeo. El lenguaje utilizado no es como el de los viejos críticos profesionales, agresivo, doctoral, lleno de cánones y dogmas. En muchos casos se trata de una sutil adulación y en otros de la creación de un falso espíritu de grupo que somete al novel escriba a rígidas pautas. Hay una lista de correos en España cuyos dirigentes se ocupan de nuclear grupos de escritores en torno a pautas estrictas sobre la poesía, convenciéndolos que “eso” es lo correcto y lo demás está equivocado. Un poema no debe rimar en absoluto. Si hay una coincidencia entre dos vocablos es un lamentable error que se debe corregir. La poesía no debe describir ni narrar y cualquier sospecha que apunte a eso, la descalifica. Quienes participan de este grupo escriben para ser aplaudidos por los propios miembros, afirman que “por fin están aprendiendo” y todo termina fatalmente en la consabida antología, cuya presentación coincide con una lujosa fiesta. Cada una de las páginas es carísima, teniendo en cuenta los costos reales de edición y el resultado final es un libro mal impreso, con una encuadernación pésima, que sólo será leído por amigos y familiares del escritor y que al ser mencionada como antecedente en las grandes editoriales tendrá un resultado negativo. En las llamadas redes sociales de Internet, hay quienes ofrecen por una cantidad insólita de euros la presentación del escritor en YouTube, diversos buscadores, Facebook y blogs de Internet cuyos servicios son totalmente gratuitos. Los oferentes alegan que su trabajo consiste en crear redes de amigos entre quienes se promocionará la obra literaria, cuando en realidad los portales mencionados están armados para que una persona se vincule con toda facilidad con muchas otras. Podría pensarse que el servicio incluye un trabajo de diseño, pero ni siquiera es así, ya que la dirección Blogger.com, vinculada a Google y con la cual trabajan, tiene una selección de plantillas prediseñadas y subir videos y cualquier tipo de material está simplificado por los modernos programas. Luego de leer la publicidad, no me pude enterar qué era lo que realmente se ofrecía. Quizá me objeten que la meta de todo escritor es publicar. Por el contrario, el primer objetivo de todo escritor es escribir; y no sólo escribir, sino escribir bien y en lo posible, de modo genial. No conformarse con la mediocridad. Seguir este postulado puede llevar años e ingentes esfuerzos y requiere de una entrega sin límites. Si no me esfuerzo en una obra literaria, si aún creyéndola concluida no la empiezo nuevamente y escribo dos, tres versiones de la misma a fin de profundizar su sentido; si no recurro al sobreesfuerzo que consiste en comenzar todo una y otra vez, sin las urgencias de una edición, mi escritura será mediocre, no mala (la mala literatura tiene sus propios méritos); reflejará algo a mitad de camino entre el error y el acierto que publicado en un papel, leído con cierta emoción en la noche del bautizo, resonará como una voz heráldica en la que los errores serán disimulados por la imaginación del autor y la condescendencia de parientes y amigos que finalmente se quedarán con los libros. No estoy desvirtuando el trabajo de escribir, sólo digo que no está bien enfocado, que no debemos conformarnos con la primera visión que nos visita y que al no someternos a la ascesis que nos propone, se termina retirando. Gao Xingjian y La montaña del alma
Gao Xingjian recibe el premio Nobel en el año 2000. Su discurso de recepción es publicado aparte y lleva por título En torno a la literatura. Explica el autor que, a partir de 1980, el régimen de China empieza a ejercer la censura con sus obras de teatro. Es en esa época cuando comienza su obra maestra, La montaña del alma. Xingjian consideraba que, a partir de ese momento, la literatura se convertía para él en algo exclusivamente personal, en un movimiento interior; una ascesis (el autor no usa esta palabra, pero todo su relato se encuentra teñido por este concepto). Es así que se dedica diez años a viajar por el país, a buscar la verdadera identidad china, estudiando historias y rituales vinculados a las diferentes dinastías. Lentamente vuelca sus observaciones en una novela a la que suponía que ningún editor querría publicar jamás. El resultado fue que en 1986, cuando viaja a París para no regresar a su patria, la obra no sólo es editada, sino que tiene un gran éxito que la lleva al galardón del Nobel. La literatura según Xingjian es un proceso interior. Yo me transformo a mí mismo y ese cambio interior no es visible a simple vista; el resultado se ve en la calidad de mis escritos, en el descubrimiento de nuevos universos interiores y de mi capacidad para volcarlos en el papel. El requisito es la entrega más absoluta que en su caso lo llevó a iniciar una novela al margen de cualquier propósito de trascendencia. Escribo porque el espíritu lo exige; porque mi lector interior lo demanda; escribo porque es mi misión. El autor, en La montaña del alma, explica que el camino fue lento y sumamente doloroso, pero esos obstáculos a los que fue venciendo forjaron la calidad de sus obras. En ningún momento se planteó la posibilidad de recurrir a un editor al que pagara para publicar. Se limitó a vincularse y a exhibir su trabajo. La actual narrativa británica: Jenny Downham, Antes de morirme
“Fue duro, porque había escrito otra novela anteriormente que pasó por muchas editoriales y ninguna lo había querido publicar. Lo peor fue encontrar la fuerza para escribir este libro tras el rotundo rechazo que había cosechado el primero, de hecho pasaron 16 años entre uno y otro”. Downham —madre soltera— lo escribió febrilmente, siempre de madrugada, cuando sus hijos dormían, obsesionada con que su voz resultara creíble, no entregó primero su manuscrito a un agente literario sino “a las enfermeras de un hospital oncológico infantil. Quería que ellas me leyeran y, cuando me dijeron: ‘Oye, ¡está muy bien!’, respiré tranquila. Sólo me anotaron unas pocas cuestiones médicas en las que me había equivocado bastante, pero eran correcciones secundarias”. La Vanguardia, sección Cultura. 12 de marzo de 2009.
La actitud de la autora, quien se consideraba una escritora frustrada debido a los fracasos con las editoriales de su país, la llevó a incursionar en la actuación cinematográfica, donde se destacó, hasta que decidió trasladar su técnica a la literatura: componer un personaje implica sentirlo en el interior, de algún modo “ser él”. Dieciséis años le llevó a la escritora inglesa lograr esa ascesis de la que surgiría su novela sobre una adolescente con cáncer, tema difícil, que al parecer es tocado con una gran altura en su obra. En la calidad de esta novela influyen los fracasos anteriores; Jenny Downham debe escribir en condiciones totalmente desfavorables, en ciertos momentos del día y con mucha dificultad; sólo la mantiene la entrega a su arte. Escribir sin pensar en el exterior, concentrados sólo en nuestro propio lector interno, sin importarnos la trascendencia o el olvido. Lo esencial es que tengamos la convicción de iniciar un camino único, intransferible, donde las dificultades pondrán a prueba nuestra constancia, y las primeras que se presenten serán los cantos de sirena de aquellos que prometen la gloria a cambio de sumas de dinero, los que en el inicio de una carrera nos tientan a obtener créditos fáciles y un reconocimiento y fama. Nunca llegarán accediendo a sus propuestas. Debemos escribir con nuestra sangre, con la conciencia de que ese fluido es lo más valioso que existe en el universo. No podemos dejar que esa extraña cruza de mosquitos y murciélagos logre alimentarse con ella.
Tomado de Letralia http://www.letralia.com/

Enrique Patricio: Sun Li ¿una mini-ficcción infantil?

Sun Li ¿una mini-ficcción infantil?
--(Casi Flor de Loto se llamaba (?); o, si el terrible tifón nos la arrojó de cualquier forma en esta página).— Si las cosas pasan, como dijo que pasan, la pequeña Sun Li –o como le gustaba que le llamaran sus adorables padres, “dulce flor de loto”—allá, desde un remoto paraje de lo que fue un risueño pueblo en una provincia de Asia lejana, siempre esta despierta niña nos dijo que todo lo que sucede en esta vida es mágico, por lo tanto ella junto con otros tantos niños de su terruño en Extremo Oriente están aquí presentes en el alma, jugando con nosotros, y es ahora, con magia, como ella dijo, en nuestra mini-ficción.

Leticia López Figueroa: BABYLONE

¿LOS SUMERIOS SABÍAN SUMAR? La justicia se puede aprender de memoria, la sabiduría no. Dos granjeros se presentan ante el rey Hamurabi, para someter una disputa. Sí, el encuentro llegó con el labrador de más aire que señala con el dedo al contrincante cuerpo. -Su majestad, yo le compré un pozo a Naaman, mi vecino, y ahora él me exige que le pague la compra del agua. -Así es, su alteza. Yo únicamente le vendí mi pozo al ignorante, más no el agua. El soberano no puede evitar la visita de transitorias culpas, luego blande en su diestra el espadín sigiloso que rompe a la ley su larga cara de papiro. Los vasallos son abofeteados por un aliento de anís y las púas del frío que da el abrazo de la equidad. -Naaman, puesto que le vendiste el pozo a tu vecino, deduzco que un pozo seco le pertenece por derecho, por lo consiguiente tienes un día para llevarte el agua a otra parte. A menos que te obligues a pagarle una renta por contener el agua que aludes de tu propiedad. El campesino sabe que ha sido ofuscado y retira su querella. Dentro de la corte, nadie quiere desperdiciar palabras. Los eunucos y asesores militares forman un semicírculo en torno a la figura del monarca, ocultando las manos. El rey Hamurabi frunce el ceño ante el espejo que fortalece las sensaciones eruditas de un nuevo momento de verdad. -¿A qué ha venido esta mujer? El maestro de torpezas presenta a la esposa de Becher aferrada al brazo. Ella acusa a Naaman de haber llevado a cabo una venganza con sus propias manos. -Lo mató y sólo me deja el marrón de la sangre en sus ropas. -Mujer, es muy temeraria tu acusación, a pesar de no encontrar el cuerpo. Los guardias reales ponen al acusado a la vista. El infeliz niega los cargos. -Poderoso rey, si es inocente, que lo pruebe. Yo digo que la víbora que sale de mi boca se enrede en sus pies. Si Naaman sobrevive al veneno de una mordida, entonces sabré que él no es el asesino. -Mujer, ¿Por qué supones que ese el modo de comprobar su inocencia? -Porque el dios Baal lo protegería ante cualquier difamación -Bien, traigan un áspid y que seas tú misma la se le saque de la cesta y le ponga en sus pies, porque si tu tampoco mientes, el dios Baal te cuidará de su ponzoña. La mujer entiende en el acto que acusar a la maldad de los tiempos es excusarnos a nosotros mismos y se retira. No obstante, El rey ordena convocar a todos los aldeanos con un azadón en el muladar. Aparentemente, todos son culpables de cosechar el silencio en un huerto donde la única ciencia son los olivos de la incertidumbre bajo el calor del sol, cuando las moscas que infestaban los corrales se detienen sobre el azadón del solitario asesino, porque éste esconde restos de sangre seca, a pesar del vapuleo hondo en el lodo. El criminal confiesa el lugar donde enterró el cuerpo. ¿Qué hay después de la primera ronda forense? ¿Rostros delatadores? ¿Manos mutiladas? Mañana los cadáveres no serán menos venturosos que sus asesinos. La fama de los sistemas legales del verdadero fundador del imperio Babilónico se extiende más allá de Mesopotamia, desde el Mediterráneo hasta Susa y desde el Kurdistán hasta el Golfo Pérsico. Por ende, un respetable astrólogo llega de los montes Zagros, en el límite oriental. Trae el mensaje de su reina Anatolia, hija predilecta de Sausga, equivalente hitita de la diosa Ishtar. -Gran Hamurabi, es mundialmente conocida tu sabiduría y toque de justicia, pero me gustaría poner a prueba por mis propios medios -Me hallo impaciente por tu prueba -Qué prefieres, ¿Contestar cien preguntas fáciles o una pregunta difícil? -Hazme la pregunta difícil -Bien, ¿Qué fue primero: el huevo o la gallina? -El huevo -¿Cómo lo sabes? ¿Cómo puede existir un huevo sin una gallina de por medio? -Nuestro trato fue una sola pregunta difícil, no dos o tres. Creo que estamos a mano. -Sabiamente dicho. Mi Reina desea tener el honor de recibirte como invitado -La invitación es una fruta que ha caído cuando nadie tenía hambre. El emisario asiente. La ordenanza del escriba exige una caravana para cinco días de camino. Mirando los pasos de Elifaz, hijo de Bildad, cien médanos fantasmales te llaman en lo lejano y tú no sabes si caes en una trampa. La luna merodea la fila de hombres y bestias, pero ni siquiera es capaz de reconocer los vientos de langostas que huyen del pasado, excepto el vigilante encargado de soplar el sofar desde la torre. Por si fuera poco, dentro del fatigoso sueño del celador, los irreconciliables dioses del maniqueísmo lo sacrifican todo. El sueño inicia con Ormuz y Ahrimán caminando en direcciones opuestas durante una tormenta de arena. Negro es el pensamiento que ambos chocan y caen hacia lados contrarios. Ahrimán se regocija de caer en una olla de payasam, mientras que Ormuz se sumerge en un ánfora de salmuera. Los mortales sueltan la carcajada, sin estar seguros que la diferencia entra la verdad y la mentira son cuatro dedos, porque la distancia entre la boca del que habla y la oreja del que escucha es el ancho de cuatro dedos. Ormuz insta a permanecer dormido para saber el desenlace del sueño. Cuando Ahriman surge del fragante payasam y Ormuz del pestilente vinagre de los encurtidos, ambas deidades descubren que no había una gota de lluvia para limpiar sus cuerpos. Así que, mediante el equilibrio de contrarios, las dos divinidades son compelidas a limpiarse mutuamente a lamidas, como los gatos. Un ojo rebanado guarda este sueño con celo y ardor, pero no son tiempos de revelaciones, dicta el libro de los salmos. Después de caminar una noche, los insectos salen de las grietas del modo que despunta el sol. Es un día caluroso sobre tan despierto tránsito y la madre sacerdotisa se halla desesperada por llegar. -¿No existe un atajo? ¿Una vía más rápida? –pregunta. -Lo más terrible es caminar en una dirección equivocada – responde Elifaz. -Yo conozco un modo de acortar terreno –anuncia el soberano. La caravana se mira perpleja. Todos saben que no hay otro camino que pase a través de ese desierto. Mucha presunción hay entre ellos para tenderse en la noche esperando un poco de fresco. El monarca insiste, luego el mísero bufón oculta su manojo de piruetas. Los músicos desafinan delante del palanquín. -Pruébalo -Bien, pero antes escuchen lo que voy a decirles: miremos hacia atrás. ¿Ven? Los mapas no lo dicen así, pero si el mundo fuera redondo y uno dispusiera viajar en una sola orientación, ¿Volverá al punto de partida otra vez? -Teóricamente es correcto –responde el guía. -¿Por qué no sucede en la realidad? -Debido a que uno tiene que atravesar mares, montañas y boques para no desviar el camino –agrega y se planta en lo que dice. -Naveguemos los mares, cavemos túneles bajo las montañas y usemos elefantes para cruzar los bosques -Aun así…imposible -¿Por qué? -Tomaría años completar el viaje -¿Años? ¿Cuántos? -No sé….tal vez una vida o más. Tus sacerdotes deben tener una respuesta inteligente. -Imposible de calcular, su majestad –clama uno de ellos, sintiendo la mirada de su gobernante. -Oscilaría entre los ochenta años o los ochenta días –declara el segundo. -Yo pienso que tomaría un solo día –exclama el soberano. -Ni siquiera un día basta para atravesar tu reino, poderoso señor. -Yo pienso que tomaría un solo día, suponiendo que puedes avanzar junto a la velocidad del sol… -Brillante, como el sol mismo. -Basta de lisonjas, hemos llegado a nuestro destino. -Que rápido pareció el viaje, refugiados a la sombra de tu boca –exclama la madre. -Todos deseaban hacer el camino más corto ¿no? Hamurabi arriba al distante reino sobre sus propias sandalias. En la entrada del palacio una esclava le da la bienvenida y toma el mando bajo el guiño del diamante para conducirlo a la sala de las luminarias, donde la reina se reúne con el consejo de los visires. Sin embargo, en el lugar del trono se hallan sentadas seis reinas. Todas semejantes. Todas vestidas lujosamente. La sirviente instiga al recién llegado a adivinar cuál es la verdadera reina Anatolia, hija predilecta de Sausga. Hamurabi sonríe y hace una reverencia a tal simuladora acompañante. -¿Cómo adivinaste que ninguna era la reina? -Las falsas reinas no se atrevían a sostenerte la mirada, ni siquiera tu mensajero al encontrarte. Yo te digo que el pan se llena de moho sobre la mesa y el mantel puede usarse como un atuendo vulgar, pero la gente común jamás mira a su soberano bajar la cabeza. Complacida, la reina ordena el final de la charada y abruma a su visitante con viandas y regalos. A mitad de la fiesta, la reina vuelve a tentar a su invitado con una extraña pregunta. -Si alguien se atreviera a jalar tus barbas, ¿Qué castigo le acarrearía tal afrenta? -Sería decapitado… -No -Sería azotado y encarcelado… -No -Sería colgado junto a su familia y sus pertenencias confiscadas… -No, ninguno es su destino -¿No, mujer? ¿Qué destino le acarrearía a aquel que se atreviera a jalarme las barbas? -Le regalarías dulces y tu mejor caballo -No estoy seguro de ello -Sí, le regalarías dulces y tu mejor caballo, porque el único que se atrevería a jalar las barbas al rey que representas, sería tu bebé primogénito, legitimo heredero de tu reino. Tan complacido quedó Hamurabi con esta respuesta que se quito el anillo del dedo y se lo dio a la reina Anatolia, hija predilecta de Sausga, como señal de que ella sería la madre que se esconde como esposa.

Jorge Alejandro Vega: PELUCHES

PELUCHES
La noche Cae
Mi pijama pongo
Mi cama preparo
Me recuesto
La luz apago
Mis padres en su habitación están
Con ellos no puedo estarA su habitación no puedo entrar
-Haz crecido- me han dicho- en tu habitación debes estar
Solo estoy
Los siento
Mis peluches
Con sus ojos
Grandes, blancos y saltarines
Rojos, azules, amarillos y Verdes
Rostros sonrientes
Jocosos
Hermosos bajo la luz
Aterradores en la oscuridad
Me rodeanMe contemplan
Quien soy saben
Me han visto
Observado
Como he crecido
No se si me protegen
O Matarme desean
Si grito, ¿Mis padres me oirán
¿Llegar a tiempo podrán?
Debajo de la cama llevarme pueden
Al ropero meterme
Los ojos cierro
Ruidos oigo
La luz de la luna entra por mi ventana
No se si despertaré
Mi cuerpo se relaja
Mis músculos se aflojan
Cruzo las puerta del mundo onírico
Tierra de sueños
Cementerio de las pesadillas
Abro los ojos
Cariñosamente
Mamá peluche me despierta
Niño dejo de soñar que soy
Un peluche en realidad soy
El blog del autor se halla en

viernes 14 de agosto de 2009

Albert Camus: Bodas en Tipasa

Presentamos este texto de juventud de nuestro admirado Albert Camus. Se trata de un texto casi inencontrable en el que Camus celebra la lucidez de una conciencia que despierta al mundo, con el esplendor de este mismo terreno que todo lo llena a través del mar, los cielos, el hbisco y la espuma: bodas que celebra el autor con una escritura que surge de los más profundo del clamor ya empapado de sangre y fuego.
I.G.
BODAS EN TIPASA
Tipasa es habitada en la primavera por los dioses y los dioses hablan en el sol y en el olor de los ajenjos, en el mar acorazado de plata y en el cielo azul crudo; en las ruinas cubiertas de flores y la luz en gruesos bullones sobre las hacinas de piedra. A ciertas horas, la campiña negrea de sol. Vanamente tratan de asir los ojos otra cosa que las gotas de luz y de colores que tiemblan al borde de las pestañas. El olor voluminoso de las plantas aromáticas, rae la garganta y sofoca en el calor enorme. Apenas si puedo ver, al fondo del paisaje, la negra masa del Chenoua que echa raíces en las colinas que rodean al pueblo y, con seguro y pesado ritmo, se sacude para ir a acuclillarse en el mar. Llegamos por el pueblo que ya se abre sobre la bahía. Penetramos en un mundo amarillo y azul, acogidos por el suspiro odorífero y acre de la tierra estival en Argelia. Por doquiera las buganvillas rosadas rebosan de los muros de las quintas; en los jardines hay malvaviscos de un rojo todavía pálido, profusión de rosas té y delicados setos de altos iris azules. Todas las piedras queman. A la hora en que bajamos del autobús color de ranúnculo, los carniceros hacen su ronda matinal en sus rojos carros y el sonerío de sus bocinas llama a los habitantes. A la izquierda del puerto, una escalinata de secas piedras lleva a la ruinas por entre lentiscos y retamas. El camino pasa frente a un pequeño faro y penetra luego en campo abierto. Ya desde el pie del faro, sordas plantas grasosas, de flores violetas, amarillas y rojas, descienden hacia las primeras rocas que el mar chupa con un ruido de besos. De pie en el viento ligero, bajo el sol que nos quema sólo un lado del rostro, miramos la luz que desciende del cielo, el mar sin una arruga, y la sonrisa de sus dientes lucientes. Antes de entrar en el reino de las ruinas, somos, por vez postrera, espectadores. Al cabo de unos pasos, los ajenjos nos sofocan. Su lana gris cubre las ruinas hasta donde la mirada alcanza. Su esencia fermenta bajo el calor, y de la tierra al sol sube, por toda la extensión del mundo, un alcohol generoso que hace vacilar al cielo. Marchamos al encuentro del amor y el deseo. No buscamos lecciones, ni la amarga filosofía que se le pide a la grandeza. Fuera del sol, los besos y los perfumes silvestres, todo nos parece fútil. En cuanto a mí, sólo busco estar a solas. A menudo vine a este sitio con aquellos a quienes amo y en sus rasgos leía la clara sonrisa que aquí adquiere el rostro del amor. A otros dejo el orden y la medida. El gran libertinaje de la naturaleza y del mar me acapara totalmente. En estos esponsales de las ruinas y de la primavera, las ruinas se han tornado piedras y, perdiendo la tersura impuesta por el hombre, han regresado a la naturaleza. Que ha prodigado flores en el retorno de estas hijas pródigas. Entre las losas del faro, el heliotropo asoma su cabeza redonda y blanca, y los rojos geranios vierten su sangre sobre lo que fueran casas, templos y plazas públicas. A la manera de esos hombres a quienes mucha ciencia hizo volver a Dios, muchos años han hecho que retornen las ruinas a casa de su madre. Por fin las abandona hoy su pasado, y nada las distrae ya de la fuerza profunda que las reintegra al centro de las cosas que caen. ¡Cuántas horas pasadas aplastando los ajenjos, acariciando las ruinas, tratando de acordar mi respiración a los suspiros tumultuosos del mundo! Sumido en los salvajes olores y los conciertos de insectos soñolientos, abro los ojos Y mi corazón a la grandeza insostenible de este ciclo cargado de calor. No es tan fácil devenir lo que se es, recuperar la propia, profunda, medida. Pero mirando el sólido espinazo del Chenoua, mi corazón se apaciguaba en una extraña certidumbre. Aprendía a respirar y me integraba y me realizaba. Ascendía, una tras otra, colinas que me reservaban una recompensa distinta, como ese templo cuyas columnas miden el curso del sol y desde el cual se ve al pueblo entero con sus muros blancos y rosados y sus verdes barandas. Y también como esa basílica de la colina oriental que conservó sus muros y en torno a la cual, en un gran radio, se alinean los sarcófagos exhumados, casi todos apenas surgientes de la tierra de la que todavía participan. Contuvieron cadáveres; por el momento, brotan de ellos salvias y alelíes. La basílica Sainte-Salsa es cristiana; pero cada vez que se mira por una grieta, la melodía del mundo llega hasta nosotros: ribazos plantados de pinos y cipreses, o bien el mar que hace rodar sus perros blancos a una veintena de metros. El alcor que soporta a Sainte-Salsa es plano en su cima y el viento sopla más ampliamente a través de los pórticos. Bajo el sol matinal, una gran dicha se mece en el espacio. Bien pobres son los que necesitan mitos. Aquí los dioses sirven de lecho o de hito al curso de los días. Describo y digo: "He aquí esto que es rojo, que es azul, que es verde. Éstos son el mar, la montaña, las flores". Y ¿qué necesidad tengo de hablar de Dionisos para decir que me gusta aplastar bajo mis narices las drupas de lentisco? ¿Fue, en verdad, dedicado a Deméter ese antiguo himno que más tarde recordaré sin esfuerzo: "Dichoso aquel entre los vivos de la tierra que vio estas cosas"? Ver, y ver sobre la tierra, ¿cómo olvidar la lección? En los misterios de Eleusis, bastaba contemplar. Aquí mismo, sé que nunca me aproximaré suficientemente al mundo. Necesito estar desnudo y hundirme luego en el mar, perfumado todavía por las esencias de la tierra, lavarlas en él y atar sobre mi piel el abrazo por el cual suspiran, labio a labio, desde hace tiempo, la tierra y el mar. Inmerso en el agua, sobrevienen el escalofrío, la subienda de una liga fría y opaca; la zambullida, luego, con el zumbido de los oídos, la nariz manante y la boca amarga —nadar: sacar del mar los brazos barnizados de agua para que se doren al sol y sumirlos de nuevo en una torsión de todos los músculos; el curso del agua sobre mi cuerpo, esa tumultuosa posesión de la onda por mis piernas— y la ausencia de horizonte. En la playa, es la caída sobre la arena, abandonado al mundo, de vuelta a mi peso de carne y huesos, embrutecido de sol, teniendo, de vez en cuando, una mirada para mis brazos en donde las charcas de piel seca descubren, al deslizarse al agua, el vello rubio y el polvillo de sal. Aquí comprendo lo que llaman gloria: el derecho a amar sin medida. Sólo hay un amor en este mundo. Estrechar un cuerpo de mujer es también retener contra sí esta extraña alegría que desciende del cielo hacia el mar. Dentro de un momento, cuando me arroje a los ajenjos para hacerme entrar su perfume en el cuerpo, tendré conciencia, contra todos los prejuicios, de realizar una verdad que es la del sol y será también la de mi muerte. En cierto sentido, lo que aquí juego es mi vida, un sabor a piedra ardiente, llena de los suspiros del mar y las cigarras que comienzan a cantar ahora. La brisa es fresca y es azul el cielo. Amo esta vida con abandono y quiero hablar de ella libremente: pues me da el orgullo de mi condición humana. A menudo me han dicho, sin embargo, que no hay de qué gloriarse. Sí, hay de qué: este sol, este mar, mi corazón que brinca de juventud, mi cuerpo con sabor a sal, la inmensa decoración en que la ternura y la gloria se dan cita en el amarillo y el azul. A conquistar esto debo aplicar mi fuerza y mis recursos. Todo aquí me deja intacto, nada mío abandono, ninguna máscara reviso: me basta aprender pacientemente la difícil ciencia de vivir, que bien vale el saber vivir de los demás. Poco antes del mediodía regresábamos por entre las ruinas hacia un pequeño café a la linde del puerto. ¡Resonante la cabeza con los címbalos del sol y los colores, qué fresca bienvenida la de la sala plena de sombra, del gran vaso de verde y yerta menta! Afuera está el mar y la ruta ardiente de polvo. Sentado a la mesa, trato de asir entre mis batientes pestañas el deslumbramiento multicolor del cielo blanco de calor. Húmedo el rostro de sudor pero fresco el cuerpo bajo la ligera tela que nos viste, exhibimos todo el feliz cansancio de un día de bodas con el mundo. Se come mal en este café, pero hay muchas frutas —sobre todo, esos melocotones que se comen a dentelladas, de manera que el jugo se desliza por la barbilla—. Cerrados los dientes sobre el fruto, oigo subir hasta mis oídos las grandes oleadas de la sangre y miro todo ávidamente. Sobre el mar, el silencio enorme del mediodía. Todo ser bello tiene el orgullo natural de su belleza y hoy el mundo deja que su orgullo rezume por todas partes. ¿Por qué negar ante él la alegría de vivir si no puedo encerrarlo todo en la alegría de vivir? En ser feliz no hay vergüenza. Pero hoy, el imbécil es rey, y llamo imbécil al que teme gozar. Se nos ha hablado tanto de orgullo: "¡Sabéis, es el pecado de Satanás! ¡Desconfiad —se nos grita—: os perderéis! Y con vosotros, vuestras fuerzas vivas". Más tarde he sabido, en efecto, que cierto orgullo... Pero, en otros momentos, no puedo dejar de reivindicar el orgullo de vivir que el mundo entero conspira a darme. En Tipasa, el ver equivale a creer y no me obstino en negar lo que pueden tocar mis manos y acariciar mis ojos. No siento la necesidad de hacer de ello una obra de arte, pero sí de contar lo que es diferente. Tipasa se me antoja como esos personajes que describimos para expresar indirectamente una opinión sobre el mundo. Como ellos, da testimonio; y lo da virilmente. Ella es hoy mi personaje, y me parece que acariciándola, mi embriaguez no tendrá fin. Hay un tiempo para vivir y un tiempo para testimoniar la vida. Hay también un tiempo para crear, lo que es menos natural. Me basta vivir con todo mi cuerpo y testimoniar con todo mi corazón. Vivir a Tipasa, testimoniar, y la obra de arte vendrá luego. Hay en esto una libertad. Nunca permanecí en Tipasa más de un día. Siempre llega un momento en que se ha visto demasiado un paisaje, lo mismo que se necesita largo tiempo antes de verlo bastante. Las montañas, el cielo, el mar son como rostros cuya aridez y esplendor se descubren a fuerza de mirar en vez de ver. Pero, para ser elocuente, todo rostro debe sufrir cierra renovación. Y se queja uno de fatigarse demasiado pronto, cuando debería admirarse de que el mundo nos parezca nuevo por haber sido solamente olvidado. Hacia la noche, volví a una parte del parque más ordenada, dispuesta en forma de jardín al borde de la carretera nacional. Al salir del tumulto de los perfumes y el sol, en el aire refrescado ahora por el atardecer, el espíritu se sosegaba, el distendido cuerpo saboreaba el silencio interior que nace del amor satisfecho. Me había sentado en una banca. Por encima de mí, un granado dejaba pender los botones de sus flores, cerrados y asurcados como pequeños puños que contuviesen toda la esperanza de la primavera. Tras de mí crecía el romero y solamente percibía su perfume de alcohol. Los alcores se enmarcaban entre los árboles y, más lejos aún, una orla de mar sobre la cual el cielo, como una vela al pairo, reposaba con toda su ternura. Tenía en el corazón una extraña alegría, la misma que nace de una conciencia tranquila. Hay un sentimiento que conocen los actores cuando tienen conciencia de haber desempañado bien su papel; es decir en el sentido más preciso, de haber hecho coincidir sus gestos con los del personaje ideal que encarnan, de haber entrado en cierto modo dentro de un dibujo ejecutado de antemano y que repentinamente han hecho vivir y palpitar en su propio corazón. Esto era precisamente lo que yo sentía: había desempeñado bien mi papel. Había hecho mi oficio de hombre y el haber conocido la dicha durante todo un largo día no me parecía un logro excepcional, sino el emocionado cumplimiento de una condición que, en ciertas circunstancias, nos crea el deber de ser felices. Entonces encontramos una soledad, pero esta vez en la satisfacción. Los árboles se habían poblado de pájaros. La tierra suspiraba lentamente antes de entrar en la sombra. Dentro de un momento, con la primera estrella, caerá la noche sobre la escena del mundo. Los resplandecientes dioses del día tornarán a su muerte cotidiana. Pero otros dioses vendrán. Y para ser más sombríos, sus asolados rostros habrán nacido en el corazón de la tierra. Ahora, al menos, la incesante eclosión de las olas sobre la arena me llegaba a través de todo un espacio en el que danzaba un polen dorado. Mar, campiña, silencio, perfumes de esta tierra, me henchían de una vida odorante y mordía en el fruto, dorado ya, del mundo, conturbado al sentir su jugo dulce y fuerte deslizarse a lo largo de mis labios. No, no era yo quien contaba, ni el mundo, sino el acuerdo y el silencio que de él a mi hac